Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1992/12/21 00:00

Una visión gringa

SEMANA reproduce un agudo anecdotario de la prestigiosa revista Vanity Fair sobre Pablo Escobar.

Una visión gringa

EL DIA DEL AMOR Y LA AMISTAD, EN MEDEllín, Colombia, las chivas cruzan el distrito 70 transportando a los rumberos bien vestidos que llevan botellas medio vacías de aguardiente. En la calle 10, el Café Zino, el Blue Rock y el Club Tabasco están repletos.
Nadie menciona a la juez acribillada. El golpe fue ejecutado por un grupo escogido entre 3.000 sicarios que estaban bajo las órdenes de Pablo Escobar ahora fugitivo, o por órdenes de uno de la creciente lista de sus enemigos. Desde que el jefe del mal definido cartel de Medellín sentenció a muerte a 22 de sus asociados en julio pasado por traicionarlo en las ganancias de sus negocios la organización ha sido sacudida por peleas internas y vendettas. Los condenados eran hombres de importantes nombres como Galeano y Moncada por derecho propio jefes del cartel quienes habían jurado lealtad a Pablo Escobar. Luego de su muy negociada entrega a la justicia colombiana el 19 de junio de 1991, estos hombres habían asumido la dirección de los asuntos diarios del cartel. Pagaban colectivamente a Escobar la bobadita de 100 millones de dólares al mes, pues él se estaba sacrificando y exigía una compensación.
Sin embargo el patrón del cartel concluyó que lo estaban engañando. "Por eso están en los Campos de Paz" un cementerio de Medellín al cual es muy fácil llegar aun sin deberle plata a Escobar. Por ello sus viejos amigos sus enemigos, antiguas novias y otras personas vinculadas con él fueron enfáticas en que sus nombres fueran mantenidos en reserva.
EL HOMBRE MAS BUSCADO
Los familiares y amigos de las víctimas están ofreciendo recompensas por un millón de dólares por Escobar. Y eso no es ni la mitad. Desde el 22 de julio cuando el multimillonario barón de las drogas se fugó de la prisión, Escobar se convirtió en el hombre más buscado del hemisferio occidental. Varios miles de soldados colombianos agentes de policía secreta (que incluyen al poderoso DAS y a la temida Dijin), la DEA y un contingente del Comando Sur norteamericano especializado en inteligencia electrónica, están tras su rastro.
El Ministerio de Defensa colombiano esta invadido. "Hay aviones norteamericanos U-2 y mucha presión política por parte de los Estados Unidos...Escobar no es ningún bobo, no va a irse de Envigado, donde más de 2.000 ojos y oídos, más de 100 taxis con radioteléfonos lo están vigilando e informando" nos confió un importante general.
En el otro extremo de la ciudad un viejo amigo y confidente de Escobar se sirve una copa de vino chileno y afirma:
"Ví a Pablo hace una semana y le pregunté cómo hacía para esconderse tan bien. Me respondió que la mejor manera de esconderse era no hacerlo".
La estrategia de Escobar es mantenerse con vida para volverse a entregar a la justicia. "Todo el mundo sabe dónde está" dice Pepe Caicedo, un prestigioso abogado de Bogotá que trabaja para la organización de Escobar. "Pero hay algo parecido a un cordón de policía a su alrededor. Cuando envíamos mensajes y documentos, es como si la policía abriera una puerta que vuelve a cerrar inmediatamente. Creemos que quieren mantenerlo ahí para capturarlo o asesinarlo justo antes de las elecciones en Estados Unidos, para que George Bush sea elegido. Al presidente Gaviria legustaría que volviera a la cárcel, pero él no tiene poder ahora. Son las fuerzas de seguridad quienes tienen el control. A la policía le gustaría matarlo, y los militares estarían encantados de que los Estados Unidos lo mataran o lo capturaran". LA CATEDRAL
Para los colombianos la idea de que las fuerzas de seguridad tengan para con Pablo Escobar un tratamiento diferente del que reservan a los otros criminales es perfectamente lógica. Con frecueneia se refieren al paisaje político de su país como el "laberinto", un enredado panorama de alianzas cambiantes entre políticos, Ejército, la policía secreta los carteles, grupos guerrilleros y escuadrones de la muerte de extrema derecha. Y si hay un experto en mover los hilos de estos intereses rivales es Escobar. Siempre se las arregló para obtener exactamente lo que quiso. Estuvo 13 meses en su prisión de Envigado y esperaba quedarse allí unos siete años más para salir como un hombre libre a los 50.
¿Pablo Escobar conducía la prisión", afirma el senador Fernando Botero" hijo del más prestigioso pintor colombiano y miembro de la comisión que investiga la fuga de Escobar de La Catedral. "Sus negocios se mantuvieron gracias a 11 líneas telefónicas, teléfonos celulares, tres sistemas de radiocomunicaciones, nueve beepers y un sistema muy elaborado de palomas mensajeras entrenadas para llevar mensajes y micro chips".
Durante los meses que pasó en La Catedral cinco kilómetros de tortuoso camino separaban a Escobar de su familia. Muy cerca se encuentra el pueblo de Envigado con su blanca iglesia, atestados cafés y mercados de esquina donde Escobar es algo así como un dios. Se trata de la única ciudad de Colombia con suficientes recursos para pagar un seguro de desempleo a sus ciudadanos. gran riqueza incluye textiles zapatos, lámparas y cocaína. Envigado tiene más bancos que Panamá. El vendedor de carros de la esquina tiene desde elegantes autos infantiles hasta un Rolls Royce. "Pablo Escobar controla totalmente a Envigado", observa el senador Botero, "controla quién es el alcalde, quién es elegido para el Concejo Municipal, absolutamente todo ".
LOS INICIOS
Pero no siempre fue así. Pablo Emilio Escobar Gaviria, cuya fortuna ha sido estimada por la revista Forbes en más de 3.000 millones de dólares, surgió de la nada. Nació en 1949 en una pequeña finca cerca de Rio negro en las afueras de Medellín, logró terminar la secundaria en Envigado donde su madre era profesora. Allí también se graduó en el crimen: robaba lápidas que revendía, negociaba carros robados y trabajaba de gatillero para los traficantes de drogas de los años 70. Su primer capital lo hizo con el rescate del secuestro de un poderoso industrial. Comenzó a manejar mulas para pequeños contrabandos de cocaína y hacía 1975 ya era conocido por las autoridades colombianas como narcotraficante. Al poco tiempo sus métodos brutales lo llevaron a ser uno de los principales capos de Medellín. Como él mismo lo define, el negocio consiste en "comprarse a alguien aquí y allá y conseguir un banquero amigable para que traiga de nuevo el dinero". Los carteles de la cocaína comenzaron a funcionar como una red de transporte y seguros para quienes producían droga y necesitaban ponerla en el mercado. La política de Escobar, "plata o plomo", era la ley.
"Creyó que el país se le iba a entregar, porque él lo había comprado", aseguró un político.
En esos días, Escobar se movía libremente por Medellín y por sus fincas. La Hacienda Nápoles era su orgullo, con su exótico zoológico, la avioneta de su primer contrabando de cocaína y el carro que, según Escobar había pertenecido a Bonnie y Clyde. También era la época de sus grandes aspiraciones políticas, de sus obras en favor de los más pobres: construyó más de 200 casas para familias de escasos recursos pues no iba a olvidar que algún día también él había sido pobre.
ESCOBAR Y EL PODER
Pablo Escobar no era el único mafioso que exhibía su fortuna ante la tradicional clase alta. Lo que lo hizo diferente fue su deseo de pertenecer a la clase gobernante. Pero ésta nunca aceptaría a un antiguo caddie de club con millones de dólares un ejército privado y ambiciones napoleónicas. Sin embargo su dinero fue bien recibido en un comienzo Escobar ocupó una curul liberal en el Congreso y la prensa no tardó en llamarlo el "Robin Hood". Pero Escobar no brilló como político. "No sabía cómo comportarse en el Congreso", comenta un antiguo senador. Cuando alguien se le oponía, le extendía un cheque. "Los senadores estaban sumamente avergonzados, pretendían que no sabían quién era".
Un allegado a Escobar afirma que "su gran decepción llegó cuando fue expulsado de la política (en 1983). A Pablo le gusta el dinero, porsupuesto, pero le gusta aún más el poder y la prominencia que conlleva. Le gustaba ser famoso, sobresalir. "Solía abrir el periódico por la mañana preguntando: qué dicen hoy de Reagan y de mí ?, afirma una de sus antiguas novias.
Pero si Escobar tuvo poco éxito en la política nacional a nivel local él conocía bien la movida. Su casa del Poblado vivía atestada de gente que llegaba a pedirle favores. Era un padrino eficiente, organizado.
En sus negocios, Escobar tuvo pocas dificultades para salir adelante. Sus brutales métodos y sus faltas de ética eran conocidos por la gente del negocio.
Cuando él personalmente informaba que el cargamento de cocaína se había perdido o había sido interceptado por la DEA, aunque se sospechara que las ganancias estaban en el bolsillo del Patrón, "a Pablo nadie le discute de negocios ", asegura un peligroso narcotraficante.
Una antigua novia de Escobar recuerda los inicios del negocio. "Eran unos muchachos sencillos, aventureros, divertidos. Llenos de aviones, helicópteros y zoológicos". Rodríguez Gacha le inspiraba miedo. "Nunca hablaba. Había que sacarle las palabras" Un agente infiltrado de la DEA va aún más lejos :"Era un lunático. Una mirada, y podía matarte ". Gacha y Escobar, muy cercanos en los negocios, diferían en lo político. "Gacha era muy conservador, Pablo era liberal", afirma la ex novia. El Mexicano tenía simpatizantes en la extrema derecha y en el Ejército. El y sus aliados eliminaban sistemáticamente a quienes considera ban una amenaza para el Estado, y a veces Escobar intervenia.

TIEMPOS DIFICILES
Los tiempos difíciles de Escobar comenzaron en 1989, cuando Luis Carlos Galán era candidato a la presidencia Frecuentemente comparado con Kennedy, Galán era muy popular. Se trataba también de uno de los principales partidarios de la extradición, y quería a toda costa ver a Escobar y a Rodríguez Gacha en Estados Unidos.
En agosto de 1989, Galán fue asesinado. El DAS siguió la pista de los sicarios que habían participado en el crimen; y pronto llegó hasta Rodríguez Gacha y sus amigos paramilitares. Escobar resultó implicado por asociación. La muerte de Galán obligó al presidente, un descolorido personaje llamado Virgilio Barco, a declararle la guerra al narcotráfico; ese fue el último día en que Pablo pudo relajarse entre los elefantes y canguros de Nápoles. Los autodenominados "Extraditables" emprendieron entonces una guerra narcoterrorista contra el Gobierno. Uno de los golpes más espectaculares fue la explosión, en diciembre de 1989, de media tonelada de dinamita en el DAS. Su director, Miguel Maza Márquez, era uno de los principales enemigos del cartel. Los extraditables estaban convencidos de que estaba en la nómina del enemigo cártel de Cali, y de que colaboraba paralelamente con las autoridades norteamericanas. En la carta que Escobar nos envió, expresaba claramente que "durante el gobiemo de Virgilio Barco, los que real mente gobernaban el país eran la policía bajo el mando del general Maza, aliado incuestionable del cartel de Cali ".
GUERRA EN DOS FRENTES
A finales de 1989, el guerrero Escobar estaba involucrado por lo menos en dos guerras. Mientras combatía al Gobierno por cuenta de la extradición, estaba también involucrado en una guerra contra los hermanos Rodríguez Orejuela y sus asociados de Cali. Existen innumerables teorías acerca de la enemistad entre los dos carteles. Sin embargo, lo cierto es que, como lo expresaba un importante personaje de Bogotá, "son sumamente distintos. A Pablo le gusta pelear. Gilberto Rodríguez prefiere comprarse a las grandes personalidades delpaís. A pesar de que la historia de Escobar y la de Rodríguez Orejuela eran similares, Rodríguez ha hecho todo lo posible por ser aceptado socialmente. Mientras estuvo preso en España en 1985 por abrir mercados de cocaína en Europa, contrató los servicios de un consejero cultural para no interrumpir sus clases de historia del arte, despachó a sus hijos a Oxford. Y en Colombia, donde la cultura se toma muy en serio, esos esfuerzos han dado dividendos.
Los "señores de Cali", se divorciaron de la violenta campaña de los extraditables contra el Gobierno, conservando un perfil bajo, evitando las víctimas civiles y continuando su política de pagar a la Policía y al Ejército para hacer el trabajo sucio. "Escobar pidió a Cali que se uniera en el narcoterrorismo, pero ellos no lo hicieron porque creyeron que no sería bueno a largo plazo y porque no podían desafiar al Estado, comenta un importante general.
Pero Escobar ve motivos más oscuros detrás del pacifismo caleño. Está convencido de que la policía nunca ha acosado a Gilberto Rodríguez porque Maza es su amigo y su protector. En todo caso, el término "no violencia" es relativo en Colombia. Los narcotraficantes de Cali hicieron explotar en 1988 el edificio Mónaco, donde dormían la esposa y el hijo de Escobar. Más tarde, él mismo pagó a un soldado para que le dijera quién en la IV Brigada había obrado bajo las órdenes de los capos de Cali, y lo mandó asesinar. Más tarde, Cali contrató mercenarios ingleses para hacer un ataque aéreo a la Hacienda Nápoles, pero el atentado falló cuando uno de los helicópteros se estrelló. Sin embargo Escobar respondió dinamitando varias de las sucursales de Drogas La Rebaja, la cadena de droguerías de Rodríguez Orejuela.
Un tiempo después comenzaron a circular rumores acerca de un supuesto pacto de paz. El candidato César Gaviria no sería asesinado y al Partido Liberal llegarían poderosas sumas de dinero si se anulaba el tratado de extradición.
Mientras tanto, Escobar seguía en libertad en Envigado, donde no corría el riesgo de caer en manos de sus enemigos de Cali ni de alguna fracción poco amistosa del Ejército.
LAS NEGOCIACIONES
Mientras Bahamón y sus hombres perseguían a Escobar en Medellín, él negociaba con el Gobierno a través de sus abogados y de algunos políticos. Independientemente de cuántas negociaciones se hayan producido antes de la elección, el presidente Gaviria y su joven equipo de asesores estaban empeñados en llevar a Colombia al Nuevo Orden, dando cabida a un mayor comercio con los Estados Unidos y produciendo un clima favorable a la inversión extranjera. Pero para ello había que evitar que Pablo Escobar siguiera en la jugada. Escobar, por su parte, buscaba un lugar seguro donde pudiera estar a salvo de sus poderosos enemigos, y tanto él como el Gobierno estaban en posición de darse mutuamente lo que necesitaban.
La primera condición era que no dejaran a los norteamericanos ponerle la mano al jefe del cartel de Medellín. Afortunadamente, en ese momento se estaba realizando la reforma constitucional en Colombia, y allí se incluyó la prohibición de extraditar a cualquier ciudadano colombiano, a pesar del tratado vigente con los Estados Unidos. Siendo ésta el arma principal de la lucha contra el narcotráfico, la caída de la extradición causó conmoción en Washington. Pero en ese momento otros asuntos ocupaban a George Bush, y en su búsqueda de apoyo contra Saddam Hussein, el voto de Colombia en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas podía ser decisivo, de modo que, como decía un político colombiano a propósito del trato, "La guerra del Golfo trajo la paz a Colombia": el tratado se cayó, y los Estados Unidos apenas si protestaron.
LA ENTREGA
Pero Escobar, prudente, esperó a que sus hombres se entregaran para hacerlo él. Quería asegurarse de que la prisión llenaba sus requisitos. Tenía, además, que organizar sus ingresos mientras permaneciera en La Catedral. Estos ascendían a 100 millones de dólares mensuales, que se cobraban como un porcentaje de las ganancias que hacían otros narcotraficantes de Medellín. Mientras Escobar libraba la guerra contra la extradicción pagaban un porcentaje de los gastos de la guerra. Una vez que se entregó a la justicia, siguieron entregándole cuantiosas sumas, pues como él mismo lo decía, Pablo era el precio de la paz, y su entrega la condición para que sobre los otros no pesara la amenaza de la extradición.
Finalmente, cuando todo estuvo listo, el 19 de junio de 1991, Escobar se entregó a la justicia y se internó en La Catedral junto con 14 de sus hombres de confianza. Se acusaron de delitos de narco tráfico, obviamente sin ofreeer prueba alguna, con el fin de obtener la reducción de penas estipulada por el Gobierno. "Todos estaban felices, nadie quería mirar los detalles, porque se había puesto fin a la pesadilla", afirma el senador Botero. Sin embargo las muertes por homicidio en Colombia aumentaron a 28.284 en 1991.
LAS IRREGULARIDADES
Hoy por hoy, el senador y su comisión están muy interesados en la letra menuda de la entrega, o al menos la que pueda verse. La Catedral jamás fue una cárcel, los guardias fueron escogidos por un comité, las obras financiadas por Envigado..."La cárcel pertenecía a Escobar", afirma Botero.
"Yo no sé de cárceles, pero el Gobierno me pidió que asumiera el mando y la seguridad de los prisioneros" asegura el coronel Homero Rodriguez, el director de la prisión, especialista del DAS en protección y graduado en la academía del FBI. Aunque siempre prefirió no salir a la luz pública, hoy habla porque teme ser el chivo expiatorio del juicio de responsabilidades que siguió a la fuga de los presos de La Catedral.
"O estaba al servicio de Escobar, o era muy incompetente", comenta el senador Botero a propósito de Rodriguez.
Pero lo cierto es que el coronel debía preservar la vida de Escobar, y eran muchos los enemigos que preparaban complots para asesinarlo en la cárcel. Hubo un atentado frustrado de bombardear la cárcel, que aparentemente obedecia a órdenes de Gilberto Rodriguez. Los sobrevuelos de la DEA ponían a todos los nervios de punta. Un mes antes de la fuga, el coronel Rodríguez supo que alguien había ofrecido un millón y medio de dólares a quien matara a los prisioneros. Escobar estaba inquieto por los resultados electorales de George Bush, pues temía que en un intento por aumentar su popularidad, Bush ordenara un secuestro.
En Nueva York se preparaban nuevos cargos contra Escobar por la explosión del avión de Avianca que estalló en pleno vuelo hacía Cali. En la explosión habia dos ciudadanos norteamericanos, y las autoridades recogieron evidencias de que el verdadero culpable era Pablo y no Rodríguez Gacha, como se había dicho desde un principio. Pero había demasiada calma. Las autoridades esperaban trasladar a Escobar a una cárcel más segura.
Mientras tanto, desde La Catedral, el "Patrón" hizo llamar a Galeano y a Moncada. Quería verificar si eran ciertas las informaciones en el sentido de que éstos debían a Escobar más de lo que le estaban pagando. Días después, Moncada, Galeano y 20 de sus asociados fueron asesinados. Pero los sicarios que realizaron el golpe dejaron a uno del clan con vida, y este se apresuró a entregarse a las autoridades. El Presidente, en entrevista con el Fiscal, decidió el inmediato traslado de Escobar. De ahí en adelante, nada salió bien.
UNA COMEDIA DE EQUIVOCACIONES
Por alguna razón que nadie ha lo grado determinar, la operación de traslado de Escobar fue montada a la carrera. Cada oficial daba explicaciones diferentes. Gaviria nunca negó que los norteamericanos tuvieran injerencia en el operativo. La víspera de la fuga, los abogados de Escobar trataron de hablar con el Presidente, quien estuvo en una reunión toda la noche. Cuando ya la cárcel estaba rodeada, su temor era que fueran a asesinar a los reclusos y las comunicaciones entre Escobar y sus abogados, así como las llamadas a Palacio se multiplicaron. La respuesta siempre fue la misma. Pero Pablo Escobar ya había tomado sus propias medidas: había tomado como rehenes al viceministro de Justicia y al director de prisiones, para garantizar su vida.
"Creo sinceramente que Escobar no planeaba fugarse. Lo tenía todo en La Catedral, ¿para qué ponerse condición de fugitivo de nuevo? Creo que se quedó hasta las 7 :30 u ocho, hasta que ya no era posible que permaneciera allí. En ese momento los militares entraron disparando y con granadas de mano a rescatar a los rehenes", explicó Fernando Botero. A partir de ahí, en medio de los disparos, Escobar y sus hombres de confianza escalaron la montaña ubicada detrás de la prisión, y llegaron no sólo a Envigado sino a las primeras páginas de todos los periódicos. Exactamente lo que el presidente Gaviria no necesitaba.
LO QUE VIENE
Lo que espera a Escobar no es la etapa más fácil. Algo más de cinco millones de dólares esperan a quien dé informaciones que conduzcan a su captura. El Ejército lo busca de casa en casa en Envigado. Oficiales vestidos de civiles están por todas partes, con subametralladoras al hombro. Algunos son colombianos, difícilmente diferenciables de sus enemigos los sicarios. Otros, más de 500, son norteamericanos. Los herederos de los Moncada y los Galeano están dispuestos a colaborar con quien asesine a Escobar. El mismo Pablo parece estar dispuesto a recluirse en la "cárcel más pobre y humilde", mientras reciba garantías de que por ningún motivo será trasladado.
Pero su problema es llegar hasta allá. De lograr entregarse, Escobar sería recluido en Itaguí, lejos del confort de La Catedral, donde se encuentran los hermanos Ochoa, viejos amigos y socios de Pablo que pagan su pena como reclusos modelo. Preparando la entrega del "Patrón", el Gobierno se apresura a terminar el anexo de máxima seguridad para recibirlo, pues en las actuales condiciones es lo suficientemente fuerte para mantener a Escobar adentro, pero no para protegerlo de sus enemigos exteriores. Como cualquier cárcel en relación con Pablo, la de Itaguí ya está rodeada de misterios y escándalos. El mismo contratista encargado de las obras de La Catedral es el encargado de las reformas de Itaguí, y ya está ofreciendo a los Ochoa los mismos micrófonos que el Gobierno ha instalado en la cárcel.
Hoy en día en Bogotá está de moda el tema de Escobar, de sus persecuciones, de sus enemigos, de lo acorralado que está. Pero el no se siente así, según declaraciones de un amigo cercano:
"Hoy en día está en la cima. Cree que va a ser presidente de Colombia". El es el símbolo del poder y el dinero del negocio de la cocaína en Colombia. Pero hay otros aún más siniestros, pues no son tan vistosos ni tan obvios, no construyen zoológicos ni casas para los más pobres.
Según el abogado José Caicedo "se trata de muchas familias tradicionales de Colombia, conocidas desde hace varias generaciones, ricas desde hace mucho tiempo y que no aparecen un buen día con una cadena de oro al cuello. Son más fuertes que Escobar, tienen más dinero, más asesinos a sueldo, son muy peligrosos ... Es un país muy duro".

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