Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 10/9/1995 12:00:00 AM

UNAS DE CAL...

Ernesto Samper se llevó las palmas en la Cumbre de Presidentes de Quito, pero en Colombia nadie entendió su aparente blandura frente a Nicaragua.

LA ESCENA DE LA SEMANA pasada en Quito no había podido ser más emotiva. Transcurría la sesión plenaria de la Cumbre de Presidentes de los 14 países miembros del Grupo de Rio y en el orden del día le llegó el turno al tema del narcotráfico. Ya los veteranos en este tipo de reuniones esperaban los discursos de siempre, llenos de lugares comunes, cuando el presidente uruguayo Julio María Sanguinetti tomó la palabra y empezó a alabar la lucha de Colombia contra el tráfico de drogas. Uno a uno, sus colegas siguieron el ejemplo hasta que el turno le correspondió a Ernesto Samper. Visiblemente conmovido, el mandatario colombiano habló y apenas terminó su intervención, fue saludado con un largo aplauso, que acabó convirtiéndose en una de las noticias más destacadas de la cumbre. La solidaridad con Samper fue reiterada en el comunicado final, en el que se subrayaron los esfuerzos y triunfos de su gobierno en esta materia.
Semejante éxito resultó ser un bálsamo para un Presidente que por cuenta del escándalo en torno de la financiación de su campaña electoral, había tenido pocos motivos para sonreír en las últimas semanas. Y entre las cosas que quedaron claras en Quito fue que no hay duda de que Samper es apreciado por sus colegas y que su caso despierta la solidaridad de los dirigentes de buena parte del continente.
Irónicamente, la moñona diplomática de Ernesto Samper acabó siendo menos registrada en Colombia que en otras naciones. La razón de que sus logros fueran relativamente opacados fue el resurgimiento de un tema que, como el de Venezuela, ya se está volviendo recurrente: las diferencias con Nicaragua en torno de San Andrés y sus áreas vecinas. A las duras exigencias del gobierno de Violeta Chamorro en el sentido de reabrir las discusiones alrededor de la soberanía del archipiélago, Samper respondió con el ofrecimiento de un diálogo de cancilleres en medio del cual se tratarían todos los temas de la agenda binacional. Semejante actitud fue saludada en Managua con grandes titulares de prensa que hacían pensar que los sanandresanos iban a cambiar de nacionalidad. Ante ese hecho, tanto Samper como el canciller Rodrigo Pardo se apresuraron a aclarar que 'la soberanía de San Andrés no está en discusión".
A pesar de esas explicaciones, el episodio acabó dejando un mal sabor. Tanto, que será el tema central de un debate en el Congreso y de la reunión de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores a mediados de esta semana. Como le dijo un observador a SEMANA "la impresión general es que Nicaragua habló duro y Colombia dio un paso atrás".
Sin embargo, como suele suceder en estos asuntos, hay más de malentendido que de realidad. Para comenzar, es necesario tener claro que por cuenta de la campaña electoral que se avecina en Nicaragua, el tema le cae como anillo al dedo al partido de gobierno. El volumen de la retórica proveniente de Managua había subido de manera apreciable en las semanas pasadas y sobrepasó todos los límites, con ocasión de la publicación oficial del mapa de Colombia hecho por el Instituto Agustín Codazzi. En éste los límites con el país centroamericano aparecen definidos por el tratado Esguerra Bárcenas de 1928 y por el canje de notas hecho en 1930 que, por voluntad nicaraguense, precisó la frontera marítima en el meridiano 82 (ver mapa).
Pero la disputa de Managua no es nueva. Desde el triunfo mismo de la revolución sandinista se ha tratado de desconocer el tratado con el argumento de que en 1928 Nicaragua estaba ocupada por Estados Unidos. La misma línea ha sido seguida por el gobierno de Violeta Chamorro que ahora pretende desconocer, no solo las fronteras sino la soberanía de Colombia sobre San Andrés. En este propósito se ha presionado además a Honduras y Costa Rica con el fin de crear un bloque centroamericano.
Semejante pretensión es absurda. Desde la época de la colonia el archipiélago estaba bajo la jurisdicción de la Nueva Granada, y poco después de la independencia sus habitantes decidieron pertenecer a la nueva República. Quizás en el único punto donde habría espacio para mirar el tema de límites es el de la plataforma continental y la zona económica exclusiva. Resulta que estos conceptos del derecho internacional son bien posteriores al tratado Esguerra Bárcenas y por lo tanto no han sido definidos. Incluso Nicaragua ha amenazado que por cuenta de ese vacío puede denunciar el acuerdo de límites ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya en Holanda, y forzar a que se reabra todo el expediente.
Por su parte la posición de la cancillería colombiana es que acepta discutir los temas nuevos pero únicamente si Nicaragua acepta irrevocablemente la soberanía nacional sobre San Andrés. Como afirma el ex embajador Héctor Charry Samper "no se puede utilizar el pretexto de delimitaciones submarinas, para desbaratar límites territoriales".
El problema es que eso no es lo que se está pensando en Managua, donde prima más la emoción que la razón. Aunque la semana pasada la presión bajó con el 'caramelo' de las discusiones bilaterales, es probable que vuelva a subir cuando quede en claro que Colombia no cede un ápice en materia de soberanía. En ese caso es indudable que la temperatura aumentará en el Caribe y la estrategia decidida en Quito podría convertirse en un tiro por la culata. Y si los nicaraguenses muestran los dientes, habrá que sostenerles la mirada y demostrar que lo cortés no quita lo valiente, pues como dice Héctor Charry Samper, "Colombia tiene que aprender a decir que no".
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1851

PORTADA

El doloroso asesinato de 81 líderes (este año)

José Jair Cortés es el más reciente de casi un centenar de líderes asesinados este año sin que el Estado pudiera evitarlo.¿Cómo parar este desangre?