Viernes, 20 de enero de 2017

| 2007/04/28 00:00

Uribe alcalde

En la peor crisis del gobierno caleño, y justo cuando se calienta el debate electoral para buscar el sucesor de Apolinar Salcedo, el Presidente estuvo una semana en la ciudad haciendo el trabajo del gobernante local.

Uribe alcalde

Para Victoria González, esta semana era la más importante de su vida: pensaba conocer al Presidente de Colombia. Vicky, como le dicen sus amigas, nació hace 38 años en la desembocadura del río Raposo, cerca de Buenaventura, pero desde hace más de una década vive en Ciudad Córdoba, un humilde barrio de Cali que hace parte del Distrito de Aguablanca. Sector infestado de pandillas, con graves problemas de pobreza y violencia. Por eso nunca creyó que Uribe, "ese señor que sale tanto en la tele", como dice ella, iba a estar a menos de una cuadra de su casa, en la iglesia Santa Cecilia.

No es la primera vez que Álvaro Uribe va a Cali; desde el 9 de agosto de 2002, dos días después de posesionarse como Presidente, su presencia en la capital vallecaucana ha sido constante e incluso hay meses en que se le han contado hasta cuatro visitas. Pero esta vez se trasladó con su equipo de gobierno y estuvo durante una semana, y asumió funciones propias del gobierno local y, a veces, hasta del departamental.

Fiel a su estilo, Uribe alargó el tiempo e hizo rendir su agenda desde un improvisado despacho en los salones del Batallón Pichincha, al sur de Cali.

Por las mismas vías llenas de huecos y charcos que transitan a diario más de un millón de caleños, llegó Uribe a Ciudad Córdoba y a las otras tres comunas que visitó en Aguablanca y la zona de ladera, donde el desempleo supera el 60 por ciento y la inseguridad creció en 200 por ciento el año pasado. Allí escuchó un clamor general de sus habitantes: "Queremos dejar de ser señalados como delincuentes, la mayoría de nosotros somos gente decente, olvidada por el Estado y rechazada por el resto de la sociedad", fue la consigna que le repitieron varios líderes de las comunidades. Uribe anunció el fortalecimiento de la seguridad con el envío de 500 nuevos agentes de Policía, la construcción de una base militar en el cañón de las Garrapatas y la creación de un fondo especial para la seguridad, al que deberán concurrir no sólo los entes territoriales, sino el sector privado, y que será replicado en todo el país.

Corazón caleño

La permanencia del presidente Uribe en la ciudad causó distintas reacciones. La principal es que, sin quererlo, le propinó un golpe de gracia a la desprestigiada gestión del alcalde Apolinar Salcedo. Como se sabe, el burgomaestre local enfrenta la más dura sanción que ha impuesto la Procuraduría a mandatario alguno: lo destituyó e inhabilitó por 16 años para ejercer cargos públicos, en diciembre pasado. La razón de su castigo son las graves irregularidades en la adjudicación y la ejecución de un contrato para modernizar el recaudo de los impuestos de Cali. Salcedo apeló la decisión y ahora se espera que Edgardo Maya, procurador general, ratifique o cambie el fallo, lo que debería haber sucedido, según los términos de ley, el pasado 26 de marzo.

Diego Martínez Lloreda, director de información del diario El País y uno de los más duros críticos del alcalde Salcedo, ofrece su punto de vista sobre la visita del Presidente y la situación de la administración local. "Para una ciudad tan golpeada por el terrorismo y la corrupción, es importante que el Presidente tenga ese gesto, pero es más una cosa simbólica que real, es un espaldarazo. En el fondo, es una sanción, un mensaje a la clase dirigente que ha sido incapaz de resolver los problemas de la ciudad. Muchos caleños dicen que el verdadero alcalde es Uribe, pues el vacío de poder es evidente. Además, la situación de orden público se ha convertido en un problema para la seguridad democrática", señala Martínez.

Más diciente aun es que ningún medio local, ni siquiera los afines al gobierno de Apolinar Salcedo, que durante años han recibido el beneficio de la pauta oficial, suavizaron las críticas ante su falta de gestión, que se vio aumentada por la abrumadora dinámica de Uribe. Incluso el periódico Occidente publicó una mordaz caricatura, donde un caleño pide que le hagan el 'milagrito' y que ojalá, en una semana, el Presidente enseñe a gobernar a los mandatarios locales.

Pese a que la mayor parte de los caleños ve con agrado la visita de Uribe a la ciudad, su determinación no estuvo exenta de polémica, como lo expresó Fabio Velásquez, analista del Foro Nacional por Colombia, "a Uribe no le gusta la descentralización. Lo ha demostrado a lo largo de sus casi cinco años de gobierno. A través de sus consejos comunitarios ha desmantelado toda la institucionalidad regional y municipal y ha concentrado el poder de decisión y de inversión territorial en su persona. Por medio de la Consejería de Acción Social y Cooperación Internacional, viene realizando inversiones de no poca monta en diversas regiones del país, en campos que son de competencia de los alcaldes y los gobernadores".

La historia dirá que Uribe fue alcalde por una semana de esa ciudad que tanto le gusta. El reto este año, en que se avecinan elecciones, es que caleños y vallecaucanos escojan a sus mejores hombres para que lideren, desde lo público, la recuperación de la ciudad y la región.

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