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| 12/13/2010 12:00:00 AM

Uribe a la baja y Santos al alza: Time y The Economist

En sus más recientes ediciones, la primera dice que "una nube atormenta el legado de Uribe", mientras que la segunda destaca la gestión diplomática de Santos y explica qué es lo que está en juego con la "amistad" de Chávez.

Se acerca el fin del 2010 y la prensa internacional comienza a hacer sus parangones entre los primeros meses de gestión del presidente Juan Manuel Santos y el legado que dejó el expresidente Uribe en Colombia.
 
Mientras que Uribe enfrenta el peor escándalo debido a las actuaciones del DAS durante su gestión, Santos gana amigos. Esa es la conclusión de dos artículos recientemente publicados, uno por una de las revistas más influyentes de los Estados Unidos, Time, y el otro, por la revista británica más importante, The Economist.

La primera, en su edición publicada el pasado 10 de diciembre incluyó el artículo titulado ‘Colombia: Cloud of Scandal Haunts Uribe's Legacy’ , (Colombia: Una nube de escándalos atormenta el legado de Uribe).

En este, la revista estadounidense argumenta que Uribe dejó junto al jet presidencial y a las llaves de la Casa de Nariño, su “teflón” protector. “Sin la banda presidencial y el aura que esta transmite, Uribe ha corrido a defenderse a sí mismo y a sus ex asesores, en medio de acusaciones que recuerdan las artimañas del Watergate”, dice la revista.

Time recuerda que son tres los fantasmas que acosan a Uribe: interceptaciones ilegales, pago de sobornos y fraudes en la financiación de la campaña por la reelección.

“Varios miembros del círculo íntimo de Uribe podrían terminar tras las rejas si son declarados culpables de los cargos basados en estas denuncias”, agrega.

Además aduce que el mandatario “manchó” su imagen “el mes pasado cuando ayudó a convencer al gobierno panameño a conceder el asilo político para su ex jefe de inteligencia, María del Pilar Hurtado, quien sería testigo clave en el escándalo más grave de la era Uribe”.

Y le da la razón al presidente de la Corte Suprema de Justicia, Jaime Arrubla, cuando este dijo que la figura del asilo es para los perseguidos y no para los perseguidores.

El artículo hace un recuento de la “yidispolítica”, el escándalo por la compraventa de votos a favor de la primera reelección, por el que ya fueron condenados los representantes Yidis Medina y Teodolindo Avendaño.

Dice que “mucho más preocupante es el espionaje del DAS, un escándalo que podría haber derribado un presidente menos reverenciado que Uribe”. De la institución dice: “Pero bajo Uribe, la agencia de inteligencia parecía fuertemente impregnada por el lado oscuro”.

Al final, después de hacer un recuento de las reacciones de Uribe ante las investigaciones, la revista Time dice que otra crítica que le "pisa los talones” son las denuncias por corrupción.

“Por ejemplo, la institución encargada de la reforma agraria (Incoder) entregó propiedades destinadas para los campesinos sin tierra a los testaferros de los narcotraficantes y paramilitares”, dice.

“Los productores de flores recibieron millones en créditos del gobierno, que donaron grandes sumas de dinero a la campaña presidencial del 2010 del candidato favorito de Uribe”, agrega, aunque no menciona el nombre del candidato, pero que según las denuncias recientes del senador Jorge Robledo, del Polo, y al columnista de la revista Semana Daniel Coronell, se refieren al exministro de Agricultura Andrés Felipe Arias.

“Luego está el Departamento Nacional de Estupefacientes, cuyos empleados fueron sorprendidos repartiendo a sus amigos y colegas, los bienes confiscados a los traficantes de drogas”, añade.

Y concluye, “a pesar de todo, Uribe sigue gozando de amplio apoyo popular. Está considerado como un competidor por la alcaldía de Bogotá -el segundo cargo más importante del país- el próximo año. Sin embargo, las manchas que han salido plantean serios interrogantes sobre el desempeño de Uribe como presidente”.

Mientras tanto, la edición más reciente de The Economist, en el artículo Seeking new friends (Buscando nuevos amigos), destaca la habilidad negociadora de Santos en el manejo de su política exterior.
 
Dice que durante la gestión de Uribe no había “nada diplomático”. Y explica: “su amistad con la administración de George Bush, de Estados Unidos, y su tendencia a decir lo que piensa sobre las amenazas a la seguridad de su país lo llevaron a roces frecuentes con Hugo Chávez, presidente de Venezuela, y llevó a Colombia a estar relativamente aislada, principalmente de los gobiernos del ala de izquierda de América del Sur”.

No obstante, dice el medio de análisis, Santos tiene un mayor sentido de la diplomacia y reconoce su importancia. Acto seguido menciona la rapidez con la cual reanudó las relaciones con Ecuador y cómo logró atemperar el ambiente con Chávez.

“De ambos lados, hay cálculo”, dice la revista refiriéndose a la conveniencia para los gobiernos de Santos y Chávez de tener buenas relaciones diplomáticas. Y explica: “a Chávez, las amenazas de una guerra con Colombia, no le sirvieron de mucho internamente. Por su parte, Colombia ha tenido dificultades para encontrar nuevos mercados para los 5 mil millones de dólares en alimentos y manufacturas que exportaba a Venezuela, antes de las sanciones comerciales que Chávez impuso”.

La revista destaca el hecho de que Santos haya preferido mostrarse como un buen suramericano y no como un presidente tan cercano a los Estados Unidos, a pesar de que funcionarios de países como Brasil vean a Colombia, “a menudo”, como el “Caballo de Troya de los estadounidenses”.

“… El acercamiento hasta ahora es sólo táctico. Varias fuentes de inteligencia sugieren que las Farc siguen operando sin ningún control en Venezuela. Pero Santos claramente reconoce que tiene más que ganar si es visto como un buen suramericano”, dice The Economist.

Al final, la revista aduce que “el examen de la apuesta de Santos será ver si convence a Brasil y a otros países de que la lucha de su país por la seguridad, contra las guerrillas y los traficantes de drogas, merece su solidaridad decidida, y así apoyarse en Chávez y poner fin a la hospitalidad de su gobierno con las Farc”.
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