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| 7/24/2015 9:15:00 PM

Uribe no abandonará a Pacho Santos

El expresidente estará dispuesto a salir a la calle y cargarle el megáfono a su candidato para que tenga opciones de llegar a la alcaldía de Bogotá.

Las expectativas que el Centro Democrático tenía centradas en las elecciones regionales poco a poco se han ido desinflando. Hasta hace unos meses, sus dirigentes apostaban por la conquista del poder regional y hasta anunciaron que tendrían candidatos para la mayoría de municipios y gobernaciones.

Soportaban sus ilusiones en las elecciones presidenciales del 2014. Apenas con meses de formación, el candidato del Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga, ganó la primera vuelta y en la segunda casi la mitad del país votó por el uribismo, el 46 %,  algo más de seis millones de votos.

Sin embargo, el Centro Democrático apenas es un partido en formación, con liderazgos apenas imberbes y con un jefe natural de arrasadora personalidad al que prácticamente le ha tocado llevar el peso de la colectividad. El expresidente Álvaro Uribe, con un partido de menos de un año de vida, quiere disputarles el poder a otros que hasta llevan más de un siglo conociendo los secretos e intríngulis de las elecciones.

La apuesta ha sido difícil para Uribe, que poco a poco ha perdido opciones en los que eran sus principales puntos de mira. Antioquia, su departamento, parecía ser la gran conquista. La Gobernación se veía posible con Liliana Rendón, pero a última hora los congresistas de Antioquia convencieron a Uribe de despojarla de ese apoyo. El doblete al que aspiraban se redujo a una posibilidad de pelear la Alcaldía de Medellín con el exsenador  Juan Carlos Vélez, uno de los discípulos consentidos del exmandatario.

Y en otros departamentos y capitales, sencillamente no han encontrado candidatos con verdaderas posibilidades. El uribismo, entonces, ha tenido que conformarse a apostar a arañar el mayor número de concejos y asambleas, es decir, empezar de cero, desde abajo, y olvidarse, por ahora, de alcaldías y gobernaciones.

Por eso, la Alcaldía de Bogotá, el segundo cargo en importancia del país, que en principio no parecía ser el gran objetivo, terminó siendo la gran apuesta y para el expresidente Uribe, una cuestión de honor. No es para menos, en la contienda están representados Juan Manuel Santos, con Rafael Pardo, y Germán Vargas Lleras, con Enrique Peñalosa.

El uribismo demostró que en Bogotá tiene acogida. El año pasado ganaron las elecciones para Congreso en la capital, con cerca de 380.000 votos, y un millón de votos en la segunda vuelta de las presidenciales. Con ese antecedente el exvicepresidente Francisco Santos se animó a ser el candidato, a pesar de que su propio partido le había despojado de la candidatura presidencial un año atrás.

Pacho Santos, sin embargo, no ha podido despegar. En las encuestas está relegado del lote de punta, el de Clara López, Pardo y Peñalosa, y su intención de voto, de momento, deambula entre porcentajes de un solo dígito. Tiene sólo cuatro meses para revertir las tendencias, y para ello, el expresidente Uribe ha decidido enfrentar directamente la campaña.

Eso quedó claro en la tarde de este jueves, en la inscripción del candidato del Centro Democrático. Uribe, ahora senador, en vista de que no tiene mayores candidatos en las regiones, se concentrará en la capital. Saldrá junto a ‘Pacho’ a recorrer los barrios de las 20 localidades de la capital en una estrategia que han llamado la “campaña puerta a puerta”.

“Sin en apoyo de Uribe no vamos a llegar a ninguna parte”, reconoció el representante a la Cámara de Centro Democrático Édwar Rodríguez.

El jueves, Uribe se volvió a despachar en elogios hacia Pacho Santos y en un discurso de 40 minutos no paró de mandarle flores a su candidato. “Es un hombre de manos pulcras, cívico y comprometido con la seguridad”, se refirió. “Lo conozco de hace años y su primer noble interés es Bogotá”.

El propio Pacho lo comprometió en su discurso. Dijo que en sus recorridos sentía el amor de la gente por el hoy senador. “Tráigame a mi papá Uribe, me dicen, por eso lo vamos a necesitar trabajando de la
mano”.

Nadie duda de que un acto de campaña es una cosa con Uribe y otra sin él. Pero ese imán atrayente en las calles no necesariamente tiene sus efectos en las urnas. Uribe lo sabe más que nadie. Sus votos no son endosables y hace cuatro años, cuando se decidió apoyar candidatos, la mayoría fracasaron. Peñalosa, fue uno de ellos.

Pero Uribe también sabe la fórmula para empezar una campaña en el fondo de las encuestas y terminar ganándolas. Pasó con su propia aspiración en el 2012, y con la de Óscar Iván Zuluaga en el 2014. Espera que con Pacho suceda lo mismo. A Uribe en las calles, megáfono en mano, parecen haberse reducido las esperanzas del uribismo. Otra vez, el jefe del Centro Democrático tendrá que echarse sobre su lomo las posibilidades de su partido.

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