Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2002/02/26 00:00

Uribe sin tapujos

Alvaro Uribe habla del rompimiento del proceso de paz y aclara los cuestionamientos que se le han hecho sobre su pasado., 49640

Alvaro Uribe Vélez le dijo a Alejandro Santos, director de SEMANA, que la relación de su padre con la familia Ochoa era por la afición por los caballos y no por el narcotráfico

SEMANA: El rompimiento del proceso le dio la razón al discurso político que usted ha tenido desde que comenzó la campaña. ¿Se siente satisfecho?

Alvaro Uribe: Aprovecho la oportunidad para aclarar algunos malentendidos. Yo nunca me he opuesto ni al diálogo ni a la solución política del conflicto. A lo que me he opuesto es a la existencia de una zona de despeje otorgada sin contraprestación que da pie para todo tipo de abusos y para el fortalecimiento militar de las Farc.

SEMANA: Usted habló de entrar al Caguán el 8 de agosto. ¿Con lo que ha sucedido no siente que se está quedando sin banderas?

A.U.: ¡Por Dios, ni se le ocurra! La propuesta central de mi campaña no ha sido entrar al Caguán el 8 de agosto. Mi propuesta central es restablecer la autoridad del Estado en Colombia para garantizar la seguridad ciudadana. El ingreso al Caguán es una de las consecuencias que se derivan del ejercicio de la autoridad. Con los últimos acontecimientos esta propuesta cobra aún más vigencia.

SEMANA: ¿Cuáles serían sus prioridades para ganar esta guerra?

A.U.: Para solucionar la situación actual se requieren cuatro cosas. Primero, la cooperación ciudadana; segundo, el apoyo internacional; tercero, el fortalecimiento de la fuerza pública, y cuarto, mayor inversión social.

SEMANA: ¿Usted cree que si llega a la jefatura del Estado podría derrotar a los violentos?

A.U.: Sólo entre todos podemos lograrlo. Yo creo que el Estado tiene dos obligaciones: el ejercicio de la autoridad y la reparación de las fracturas sociales de la comunidad. Sólo con el elemento militar no se disuade a los violentos. Es necesario, además, hacer inversiones muy importantes a favor de los pobres. En esta contienda electoral, por los problemas de orden público, no se le ha dado la importancia necesaria a lo social. La opinión pública lo único que ha percibido es una disyuntiva entre guerra y paz. Esa es una disyuntiva simplista. Es hora de empezar a discutir los temas sociales, sin los cuales los problemas del país no se pueden solucionar.

SEMANA: Pasemos al tema de las acusaciones. Hablemos las cosas de frente, doctor Uribe. A usted le cuestionan dos cosas: unos permisos en la Aeronáutica y los supuestos nexos de su padre con el narcotráfico ¿Qué hay de cierto en esas acusaciones?

A.U.: Les voy a contestar primero lo relacionado con mi padre. Si hay algo que me ha dolido de haber escogido la vida pública es el daño que se le ha hecho a la imagen de mi padre. Un columnista ha llegado a acusarlo de ser narcotraficante, de ser extraditable y hasta de haber estado en la cárcel. Todo esto, obviamente, es falso y es muy fácil de comprobar pues son hechos verificables.

SEMANA: ¿Entonces por qué siguen rondando las acusaciones?

A.U.: Por los nexos que tuvo mi familia con la familia Ochoa durante muchos años. Pero lo que nos unía no era el narcotráfico sino los caballos. Cuando yo era niño el caballismo en Antioquia era un motivo de orgullo. No tenía ninguna de las connotaciones que adquirió posteriormente. Mi papá y don Fabio Ochoa eran amigos y rivales en ese medio. Mis hermanos y yo participábamos en todas las ferias equinas compitiendo contra sus hijos en los años 60 y 70. Era un mundo sano, de fincas, caballos, tiple, aguardiente y poesía. Luego, por circunstancias conocidas, cada familia tomó caminos diferentes. A pesar de eso y aunque mi papá fue asesinado por las Farc hace ya 19 años, quedó en el aire la leyenda de la amistad entre mi padre y don Fabio Ochoa.

SEMANA: Pero por cuenta de esos temas le cobran su posición sobre la extradición a finales de los años 80, concretamente en el debate de 1989.

A.U.: Yo ya he contestado que en ese debate expresé mis reservas a que se hiciera un referendo sobre la extradición que coincidiera con las elecciones parlamentarias. Me parecía que se narcotizaba el proceso electoral y que esto no era sano. Pero les voy a agregar algo más de fondo: como decía el doctor Alfonso López Pumarejo “Hay que contarle a la gente con incurable buena fe los errores y vicisitudes”. Yo en realidad no tenía en ese momento la firmeza que tengo ahora sobre la extradición. Tenía dudas porque creía que ese cambio de jurisdicción se debía consultar con el pueblo. No tengo ningún problema en reconocerlo. Después fui formando mi propia opinión y hoy creo que es un instrumento necesario para combatir un delito internacional como es el narcotráfico. Si en algún momento tuve dudas sobre la extradición hoy no las tengo.

SEMANA: ¿Tuvo alguna relación con Pablo Escobar?

A.U.: No, nunca. Sólo una vez fui a donde su esposa en calidad de senador, con el procurador regional de la época, a pedirle que su marido se entregara y no siguiera destruyendo a Medellín con bombas. No fui amigo, ni socio político de él, ni cuando se usaba. Jamás mi vida pública ha sido utilizada para tráfico de influencias, ni chanchullos, ni gestión de narcotráfico, y ruego que si hay algún colombiano que me pueda desmentir que lo diga y urgentemente.

SEMANA: Hemos podido establecer que el gobierno estadounidense tiene confianza en usted. Inclusive nos dijeron que la embajadora Patterson lo visitó en su residencia en las afueras de Medellín hace casi tres meses. Esto podría ser interpretado como un espaldarazo. Sorprende que nunca se haya hecho público. ¿Se trató acaso de una visita secreta?

A.U.: En lo más mínimo. Era simplemente una reunión social sin mayor trascendencia. Ella vino con su marido y Lina, mi mujer, y yo, los recibimos con un pequeño grupo de amigos. Fue una reunión muy grata y le tengo mucho aprecio a la embajadora.

SEMANA: ¿Y por qué no se había sabido? En las elecciones todas esas cosas se saben.

A.U.: No está en mi temperamento aprovechar políticamente un acto de cordialidad personal como ese. No entiendo ustedes cómo se enteraron.

SEMANA: Ahora pasemos al tema de la Aeronáutica. Se dice que cuando usted era director de esa institución y César Villegas jefe de Planeación, se adjudicaron pistas y permisos a entidades y personas non sanctas e incluso a narcotraficantes.

A.U.: Yo contraté a César Villegas cuando él tenía 23 años porque poseía el único máster de transporte aéreo que había en Colombia en ese momento, obtenido en la prestigiosa Universidad de McGill en Canadá. Me lo había recomendado Ernesto Samper precisamente por su hoja de vida. Trabajé con él, creo, que cerca de unos 18 meses, y no tuve ninguna queja hasta el momento en que me retiré del cargo. El siguió unos tres años más en la Aeronáutica y yo me puse a hacer política. La acusación de los permisos de la Aerocivil, que también lleva años en el aire, nunca ha podido ser concretada por

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