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| 12/17/2011 12:00:00 AM

Uribe versus Santos

El expresidente Uribe fue protagonista de la política y aunque conserva su popularidad, se alejó del gobierno, perdió las elecciones y asumió una oposición nada convencional.

Cuando Álvaro Uribe dejó la Presidencia muchos se preguntaron si la historia lo beneficiaría con los mismos ojos benévolos con que lo miraba entonces la mayoría de los colombianos. Hoy está claro que esa imagen no solo estará determinada por su gestión, sino por su conducta como expresidente. Y si algo mostró en esta materia durante el año que termina, en el cual fue un protagonista de la política, es que tampoco en su calidad de 'ex' se ceñirá a las costumbres. Uribe ha sido un 'ex' más díscolo que convencional, que habla más como un político en plena batalla que como un anciano de la tribu.

Lo más llamativo es que se ha convertido en el principal crítico del gobierno. Su distancia con el presidente Santos comenzó por molestias personales -nombramientos, en el gabinete, de enemigos políticos suyos- y se acrecentó por giros en la agenda gubernamental: las relaciones exteriores, la Ley de Víctimas, el diálogo con las cortes. Después de las elecciones de octubre, y de la designación de Rafael Pardo como ministro de Trabajo, la ira de Uribe se desbordó y en entrevistas con dos excolaboradores que dirigen espacios radiales -Fernando Londoño y Francisco Santos- se despachó contra el gobierno: cuestionó su falta de fervor popular, criticó la falta de liderazgo en el manejo de los militares, dijo que el presidente no escucha y acusó a Santos de gobernar con ideas diferentes a las suyas, con las que había sido elegido.

Los problemas en la relación se agudizaron cuando, en el mes de noviembre y en vísperas de un nuevo encuentro entre Santos y Hugo Chávez, se divulgó un discurso de Uribe ante los candidatos de la oposición venezolana en el que les pedía que enfrentaran al presidente colombiano por su actitud amistosa con su colega bolivariano.

En plena Unidad Nacional, sin más oposición que la de un Polo Democrático debilitado, la voz de Uribe se ha convertido en la más crítica del gobierno, y sus planteamientos son amplificados por los miembros triple A del uribismo que tienen columnas o acceso a los medios. Y al presidente Santos cada vez se le nota más la molestia con este 'fuego amigo'. La distancia crece. Uribe se la jugó a fondo en la campaña electoral. Recorrió el país y apoyó candidatos diversos, la mayoría de La U. Ante los escándalos que involucraban a miembros de su gobierno, utilizó la tribuna pública para acercarse a las bases. Su apuesta principal fue consolidar La U como un partido con vocación de largo aliento. Pero no le fue bien: aspirantes claves que confiaron en su apoyo para ganar -Enrique Peñalosa, en Bogotá; Carlos Mario Estrada, en Antioquia; Federico Gutiérrez, en Medellín; Marta Pinto, en Bucaramanga; Gabriel Vallejo, en Caldas- fueron derrotados. Se demostró que la popularidad del expresidente no es endosable.

En La U, el exmandatario tampoco las tuvo todas consigo. Cuando la han puesto a escoger entre Santos y Uribe -en la reforma a la justicia o en la aceptación de la existencia de un conflicto armado-, la clase política ha optado por quien ostenta el poder. Salvo un par de jefes que hacen de bisagra, con un pie en el santismo y otro en el uribismo, y de un puñado de leales que lo acompañan en su oposición, la mayoría quiere ejercer como partido de gobierno.

El balance de 2011 para Uribe, en su papel de expresidente nada convencional, es negativo. Mantiene su popularidad -el 61 por ciento en la más reciente encuesta de Colombia Opina-, pero se ha desprestigiado entre los líderes de opinión, se ha enemistado con el gobierno y ha perdido influencia en La U. En 2012 tendrá un escenario difícil: no contará con la campaña electoral y los juicios de sus excolaboradores llegarán a la fase definitiva. No es fácil imaginar una buena estrategia para mantener el perfil. Lo que sí se puede anticipar es que ni se quedará quieto ni se reconciliará con Santos. Operará en el limbo de una oposición heterodoxa.
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