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| 1/8/2011 12:00:00 AM

¿Uribe vs. Santos?

Al ex presidente le puede resultar su estrategia de crear un bloque político propio en las próximas elecciones regionales. Sin embargo, parece inevitable un choque entre él y el actual Presidente.

En Colombia nunca antes se ha tenido memoria de un Presidente que después de dejar el poder con un prestigio tan alto como Álvaro Uribe a la vuelta de unos cuantos meses haya sido objeto de tanta controversia. Y eso tal vez tiene que ver con que tampoco nunca antes un ex presidente había regresado tan rápido a la arena política como lo ha hecho él.

En el caso de Álvaro Uribe, el título de ex no pegó. En menos de medio año, su Twitter se ha convertido en lo más parecido a una pelea campal: a un periodista lo tildó de mafioso, a otro de parásito y su hijo Tomás vinculó a uno más con el asesinato de Álvaro Gómez. En este corto lapso, Uribe ya anunció dos denuncias penales, una contra el ex senador Rodrigo Lara y otra contra el columnista Daniel Coronell. Y, a su vez, Coronell lo denunció también a él por injuria y calumnia.

Ahora, un nuevo ingrediente seguramente aumentará esa controversia. Con el anuncio de que Uribe va a comenzar a recorrer el país con sus escuderos y de que hará una réplica de los consejos comunitarios -a los que llama 'talleres democráticos'-, el ex presidente promete dar lora para rato. La meta de los talleres, según lo planteó el ex ministro de Hacienda Óscar Iván Zuluaga, es que del debate que en ellos se dé salgan los nombres de los candidatos que pelearán las alcaldías y gobernaciones por una coalición entre el Partido de la U y el Partido Conservador.

Aunque la ofensiva uribista probablemente no va a ser bien recibida en todos los sectores, no es imposible que funcione. Para comenzar, el ex presidente, a pesar de la controversia, ha logrado mantener su popularidad en niveles parecidos a los que tuvo en el momento de su salida de la Casa de Nariño (superaba el 70 por ciento de favorabilidad, cifra que aún mantiene). Por otra parte, la fórmula patentada por Uribe siempre ha sido ganadora. Hablarle en vivo y en directo a la gente, llamar a cada persona por su nombre, mostrar cercanía y preocupación por los problemas de cada región, en fin, se trata en el fondo de una combinación de micromanagement con micropolítica que hasta ahora nunca le ha fallado. Además, el ritmo va a ser intenso. Como la idea que tienen es hacer 32 talleres de aquí a junio, tendrán que distribuir tres o cuatro por mes, y cada taller se espera que sea de unos tres días. La logística está a cargo de la Fundación Primero Colombia, promovida por José Obdulio Gaviria y que sirvió de plataforma para la candidatura de Uribe en 2002. No se descarta que después de una primera ronda venga una segunda en la que Uribe ya acompañe a los candidatos elegidos.

Pero así como es posible que el ex presidente logre consolidar un bloque de dirigentes regionales que lo respalden, lo que es casi seguro es que esa aventura le generará un distanciamiento con el presidente Santos. Hasta ahora las diferencias entre los dos se han mantenido bajo control, en un relativo ambiente de cordialidad. Pero una jefatura del Partido de la U ejercida por Uribe, que es en el fondo lo que está planteando en la actualidad, es una intromisión menos soportable para Santos, quien como primer mandatario también es de facto el jefe de La U.

Juan Manuel Santos considera que ha hecho todo lo posible por complacer a Uribe. Y eso es verdad, en parte. Lo ha tratado con elegancia y con gratitud. Pero en el terreno ideológico ha hecho todo lo contrario de lo que esperaba Uribe. Si a eso se suman las diferencias políticas que van a tener en las próximas semanas sobre los candidatos a alcaldías y gobernaciones, la cuerda se podría reventar.

La prueba ácida de la relación Santos-Uribe serán las elecciones de octubre: mientras Uribe quiere una coalición de solo dos partidos -La U y el Conservador-, Santos, fiel a su lema de Unidad Nacional, pretende con toda razón tenerlos a todos. No quiere dejar por fuera a partidos como el Liberal y Cambio Radical, que hoy por hoy son sus principales soportes.

Óscar Iván Zuluaga, si bien no descarta la presencia de otros partidos, fue muy claro en marcar los límites ideológicos del empeño de Uribe. A este se refiere como "coalición natural entre La U y conservadores". Y es que, más allá de vanidades o de diferencias ideológicas, lo que está en juego es nada más y nada menos que el poder regional, que es la base del poder político real. En ciertos casos Uribe y Santos podrán coincidir en algún candidato que sea del agrado de ambos. Pero en muchos otros no será así y cada uno tendrá su propio candidato. La antigua coalición uribista -La U y conservadores- tiene más del 35 por ciento de los 1.107 alcaldes, 12.537 concejales y 418 diputados del país, sin contar los elegidos por partidos como el PIN o los que desaparecieron por la parapolítica. Mientras que, del otro lado, el Partido Liberal y Cambio Radical tienen un porcentaje similar, aunque ligeramente menor, de alcaldes, concejales y diputados.

Lo que no está claro es la forma como Uribe podrá incidir en las decisiones de los partidos a la hora de elegir los candidatos. El Partido Conservador, en una resolución que expidió el 23 de diciembre, habla de la disposición de participar con candidatos propios, en lugares donde haya condiciones políticas para hacerlo, o en alianza, donde las condiciones políticas lo aconsejen. Pero la elección de esos candidatos, según sus estatutos, será a través de procesos democráticos internos o de consulta popular. Y lo mismo ocurre en las toldas de La U, según dijo su presidente, Juan Lozano, a SEMANA:

"La U usará varios mecanismos para escoger sus candidatos. Entre ellos, la consulta, las encuestas y el colegio electoral". Precisó que el directorio nacional es el único que da los avales, y cuando se le preguntó por el papel que desempeñaría Álvaro Uribe, se refirió a él en los siguientes términos: "Es un pilar, fundador y miembro activo del Partido de la U. Un miembro carnetizado".

A estas alturas es evidente que aunque la agenda de Uribe ha sido presentada como de apoyo a Juan Manuel Santos, en la práctica no es así. El bloque uribista lo que pretende no es apoyar las iniciativas del gobierno, sino que Santos tenga que negociar con ellos su programa. Se trataría de una especie de estructura alterna que seguramente incomodaría al actual mandatario.

No está claro cómo se va a resolver la situación. Así como ha tratado de mantener la cordialidad, llega un momento en que se llena la copa y Santos no es manco. Él y Uribe son ambos muy populares, pero si algo ha demostrado la historia de Colombia es que el que tiene el gobierno es el que tiene la sartén por el mango. Seguramente ese poder se va a sentir en las próximas semanas.
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