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| 6/17/2015 1:05:00 PM

Uribismo arrecia críticas por viaje de Iván Cepeda a La Habana

El senador del Polo se fue la semana pasada a Cuba para tratar temas de paz. ¿Revancha del Centro Democrático?

Los uribistas andan con un nuevo argumento para ampliar su teoría sobre persecución política. O por lo menos como quienes dirigen las instituciones aplican un doble rasero cuando se trata de integrantes del Centro Democrático.

Este miércoles pusieron el grito en el cielo luego de que se conocieron fotografías en las que el senador Iván Cepeda aparece en el aeropuerto de Bogotá chequeándose para un vuelo con destino a La Habana. Eso sucedió la semana pasada.

La suspicacia se concentra, primero, en que a Álvaro Uribe trataron de montarle una ‘trinca’ en el Congreso, el pasado mes de enero, para impedirle un viaje a Estados Unidos, mientras que en el caso del dirigente de izquierda pueda hacerlo sin permiso de la plenaria del Senado.

“Han sido más de diez viajes en los que Iván Cepeda va a reunirse con los suyos, eso no está mal, pero debe someterse al mismo procedimiento que los demás senadores”, explicó el senador Ernesto Macías.

Según informaron fuentes de la secretaría del Senado, al parecer, Iván Cepeda no había pedido autorización para el viaje de la semana pasada. Lo que fue rechazado por el presidente del Senado, José David Name, quien aseguró que Cepeda sí había pedido permiso y viajó con su autorización.

Según el reglamento, los congresistas están obligados a pedir autorización para ausentarse de las sesiones, y en ella deben explicar el destino y el motivo del viaje, siempre y cuando esté vigente el período de sesiones. En las de receso basta informar la salida del país sin explicar el motivo.

“Se les ha dado permiso al senador Iván Cepeda y a todos los congresistas, unos para viajar a La Habana o para viajar en otro sentido, y a otros para asistir a foros internacionales que incluso se hacen para hablar mal del país”, explicó Name.

Y aclaró: “Para poder asistir en cualquier momento a La Habana o a algunas reuniones, por supuesto que tiene que tener permiso del Gobierno y del presidente Santos”.

Vuelve y juega

No es la primera vez que Cepeda viaja a La Habana. La primera vez que lo hizo fue en marzo del 2013 en compañía de otros cinco senadores, previamente autorizados por el Gobierno. Según Cepeda, los demás viajes han tenido autorización, y si no ha explicado los motivos al presidente del Congreso ha sido por el carácter confidencial de sus actividades.

La controversia, quizá, radica en que el pasado mes de febrero Uribe pidió un permiso para dictar una serie de conferencias en Estados Unidos, pero como en su momento se dijo que iba a despotricar del proceso de paz, el presidente del Senado, José David Name, en un principio le negó tal autorización.

Y llevó el caso hasta la plenaria del Senado, cuando estos asuntos administrativos prácticamente no necesitan de procedimientos tan exhaustivos. En ese momento, mientras a Uribe se le intentó negar el permiso, no pasó lo mismo con otros parlamentarios, entre ellos el propio Cepeda, la representante Ángela María Robledo y el representante Alirio Uribe.

Cepeda ha sido estigmatizado, incluso por el propio uribismo, ser una persona cercana a la guerrilla de las FARC, y lo han atacado con el solo argumento de que un frente de esa guerrilla llevaba el nombre de su padre, el exsenador Manuel Cepeda Vargas, uno de los congresistas de la Unión Patriótica asesinado en los años 80.

Antes de incursionar en la política electoral, Cepeda lideró el movimiento de víctimas de Estado y se dio a conocer, entre otras, por la movilización que adelantó en la embajada de Costa Rica para evitar que se le otorgara asilo al exsenador Mario Uribe, primo de Álvaro Uribe y condenado por parapolítica.

Tiene varias denuncias interpuestas por el expresidente Uribe. Pero más allá de esas circunstancias, en el Congreso los demás sectores le reconocen su trabajo en la búsqueda de la reconciliación. De hecho, ha sido muy activo para defender el actual proceso de paz.

Quizá sean más las circunstancias políticas que rodean su viaje, más aún cuando en el Congreso es pan de cada día que los parlamentarios pidan autorización para ausentarse de las sesiones. Incluso en el pasado han quedado en evidencia los permisos otorgados para asuntos personales y hasta para cirugías estéticas.

Pero ahora se cuestiona a un congresista que desde varios años trabaja a favor de la paz. Para muchos, sus movimientos seguirán siendo objeto de sospecha.

Foto: El Espectador
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