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| 12/23/2016 12:00:00 AM

La diplomacia del No

El uribismo prepara una estrategia de ‘lobby’ en el exterior contra los acuerdos de paz y el ‘fast track’.

El gobierno y la aplanadora santista nos han cerrado todas las puertas para plantear nuestros argumentos”. Con esa frase el precandidato presidencial del Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga, afirma que una vez la Corte Constitucional aprobó el fast track el uribismo quedó con poco margen de acción para intervenir en los acuerdos de paz. E insiste en que por esa razón en 2017 la estrategia de quienes apoyaron el No en el plebiscito se concentrará en “visibilizar en el exterior los abusos institucionales que dieron vía libre al proceso con las Farc”.

Las gestiones del uribismo en el exterior no son nuevas. En los últimos cinco años el expresidente y sus coequiperos han salido varias veces del país para explicar sus posiciones contra los diálogos de La Habana, y para denunciar que por cuenta de ellos Colombia está en riesgo de caer en el castro-chavismo. Lo han hecho principalmente en Estados Unidos y España. En el primero de estos dos países Álvaro Uribe ha desarrollado una amistad con varios congresistas, sobre todo republicanos de Florida, y en el segundo ha consolidado lazos de intercambio con el Partido Popular y el expresidente del gobierno José María Aznar. Andrés Pastrana, cercano a este último y quien acompañó a Uribe en la causa del No, ha fortalecido esta última relación.

Sin embargo, a pesar de que este año Uribe viajó varias veces a Europa y cinco a Washington, el año próximo él y su partido pondrán en marcha una estrategia diplomática recargada. Así lo reconoce el representante de Antioquia Federico Macías, encargado de la agenda internacional del Centro Democrático, quien le dijo a SEMANA que en 2017 su partido desarrollará una serie detallada de visitas a centros de pensamiento, medios de comunicación y actores políticos en América Latina, Estados Unidos y países europeos como Alemania, Italia y España.

El senador Iván Duque asegura que él y los otros precandidatos del uribismo, Zuluaga y Carlos Holmes Trujillo García, servirán de voceros en una estrategia de acercamientos internacionales para “visibilizar lo sucedido después de que ganó el No”. Mientras Duque y Zuluaga se concentrarán en Estados Unidos, Trujillo lo hará en Europa –donde ha sido embajador– y buscará nuevos acercamientos con las misiones diplomáticas del Viejo Continente en Colombia.

Los tres precandidatos uribistas defenderán ante los actores externos los mismos temas de la campaña contra el plebiscito: los efectos negativos que para ellos tiene haber declarado la conexidad del narcotráfico con los delitos políticos en aras de amnistiar a miembros de las Farc, la “inconveniencia” de que líderes de la guerrilla puedan ocupar cargos políticos y la falta de garantías políticas para la oposición que –según afirman– supuso la entrada en vigencia del trámite expedito de los acuerdos de paz (fast track).

Los uribistas buscan avanzar en temas concretos con personalidades con las que ya han tenido una relación en el pasado. Como una primera tarea, avanzan en lograr que Donald Trump invite a su posesión a Álvaro Uribe. Las peticiones informales han avanzado en el marco de las redes políticas posibilitadas por centros de pensamiento con sede en Washington como el Bipartisan Policy Center –que el propio Uribe visitó en diciembre– y la Unión Conservadora Estadounidense a cuyo congreso anual asiste hace varios años la representante María Fernanda Cabal. Esta es considerada una de las plataformas de derecha más importantes de Estados Unidos y el barómetro para definir el candidato presidencial republicano cada cuatro años.

Los uribistas también buscan reforzar lazos con congresistas demócratas y republicanos. Entre los primeros está Robert Menéndez, miembro del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y un actor clave en la definición de la política de Estados Unidos frente a Cuba. Y entre los republicanos están Marco Rubio, Carlos Curbelo, Ileana Ros-Lehtinen y Mario Díaz-Balart. Los dos primeros celebraron el pasado 4 de octubre el triunfo del No en un restaurante de Miami, en compañía de varios miembros del uribismo.

Frente a Díaz-Balart, el equipo uribista tiene altas expectativas de lograr una agenda concreta de trabajo con este congresista de origen cubano y uno de los más radicales anticastristas. La razón de este interés se debe a que a pesar de haber apoyado inicialmente al precandidato republicano Jeb Bush contra la postulación de Trump, Díaz-Balart es cercano a este. Varias fuentes del uribismo le dijeron a SEMANA que el lobby del Centro Democrático en Estados Unidos tendría el propósito claro de incidir en que el gobierno norteamericano le asigne un rol especial a Díaz-Balart ante Colombia y, en particular, frente a la implementación del proceso de paz. El republicano no aceptó hablar con SEMANA sobre el tema, pero a pesar de que su bancada apoyó destinar recursos adicionales para la continuidad del Plan Colombia, en entrevistas recientes señaló que en temas de paz confía exclusivamente en lo que plantea el presidente Uribe y que seguirá insistiendo para evitar que Barack Obama libere a Simón Trinidad, el guerrillero preso en Estados Unidos desde 2004.

Para contrarrestar la diplomacia del No ante Trump, el embajador de Colombia en Washington, Juan Carlos Pinzón, medió con el exalcalde de Nueva York Rudolph Giuliani para que Juan Manuel Santos fuera el primer mandatario latinoamericano en felicitar al nuevo jefe de la Casa Blanca. En marzo, Pinzón ya había organizado una reunión con los congresistas de Florida en la que Santos expuso las ventajas del proceso de paz.

Pero esos acercamientos no fueron suficientes para contrarrestar el lobby de los uribistas. “En esa campaña en el exterior, algunos miembros del Centro Democratico están cayendo en lo irracional, ridículo y absurdo”, asegura el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo. Se refiere a que en Estados Unidos varios uribistas han dicho cosas como que el gobierno de Juan Manuel Santos promueve el castro-chavismo, pide la extradición a Colombia de Andrés Felipe Arias como parte de una estrategia de persecución de la oposición, y busca alianzas de largo plazo con las Farc.

En el trámite de la Ley de Amnistía que tuvo lugar la semana pasada en comisiones, y a pesar de las críticas que le han hecho a la legitimidad del fast-track, los uribistas presentaron ocho proposiciones para alimentar el texto e intervenieron en la discusión. No obstante, volvieron a reaccionar contra el gobierno cuando este llevó al Congreso el proyecto para darle sostenibilidad al acuerdo con las Farc durante al menos tres periodos presidenciales consecutivos. “La iniciativa confirma el gran conejazo a la democracia colombiana”, dijo Iván Duque. “Por eso el año entrante intensificaremos nuestra campaña en el exterior, buscando mediaciones, dejando en evidencia el malestar con lo que sucede, tal y como lo hizo el expresidente Uribe con el papa”.

Al contrario de lo que piensa el gobierno, algunos ven en la estrategia uribista una apuesta novedosa que rompe con la tradición colombiana de no ventilar los asuntos internos en el exterior. Pero los uribistas están convencidos de la necesidad de desarrollar una estrategia en el extranjero para visibilizar su posición frente al gobierno de Santos y la paz. Porque –además de considerar que con la aplanadora santista tienen poco margen de acción en el Congreso– la revitalización de la derecha en Estados Unidos y en otros lugares del mundo abre una ventana de visibilidad para sus planteamientos. “Con Trump la política exterior hacia Colombia seguramente será otra cosa”, asegura Zuluaga. Como él, Uribe y el resto de sus pupilos consideran que el contexto político global les pondrá más atención, seguros, además, de que en el mediano plazo seguirán enarbolando las banderas contra la paz que asocian con el castro-chavismo.

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