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| 3/3/2015 12:00:00 PM

“Usted es un pobre hp policía”

La respuesta de Nicolás Gaviria simboliza un problema más profundo que un estado pasajero de ira.

La tendencia en las redes sociales de este martes la marca el video de Nicolás Gaviria, de 29 años de edad, en el que insulta a varios agentes: “Usted es un pobre hp policía”, se oye con nitidez. Se le ve, provocador, empujando a los uniformados, discrimándolos por su formación académica y amenazándolos con mover sus palancas para que los manden a Chocó como castigo.

Él, por su parte, alega que estaba en Chía, el sábado en la madrugada, y que tomó un taxi a las 2:30 a. m. para regresar a Bogotá. Según su versión, cuando llegó a la Zona T, el conductor le cobró 200.000 pesos, por lo que se enfadó. Dice que él mismo fue quien llamó a la Policía porque se sintió amenazado por otros taxistas y entonces se produjo la situación que quedó registrada en las cámaras.

En una narración sobre el irrespeto a la autoridad, el periodista José Clopatofsky contaba que en el Mundial de Estados Unidos unos 20.000 colombianos alquilaron carros para desplazarse por todas las ciudades donde jugaba la Selección. En un mes de competencia, no hubo una sola infracción de los nacionales, ni siquiera un llamado de atención por parquearse mal y menos a nadie se le ocurrió pasarse un semáforo en rojo. Y eran conductores de la misma nacionalidad que aquí, en cambio, llevan lista la cruceta para cascarle al que se atraviese y un billete preparado para el soborno.

Pasa también en los estadios de fútbol cuando la banda de música de la Policía asiste para tocar el himno nacional, previo a los partidos. En el momento de retirarse, son insultados en coro por los aficionados con expresiones idénticas a las de Nicolás Gaviria. Los policías, en lugar de aplausos, reciben una humillación al unísono.

También en los parques nacionales. En diciembre pasado, el guardabosques Víctor contaba en el Parque Nacional Natural Tayrona que a diario recibía toda clase de insultos por parte de los turistas cuando les pedía que no estacionaran los vehículos en las zonas prohibidas. Este mismo hombre había sido trasladado allí tras el cierre del Parque Gorgona que fue asaltado a sangre y fuego por las FARC, días atrás. “Allá la guerrilla nos daba plomo, aquí la gente me manda groserías”, contaba.

El general Rubén Darío Álzate justificó su viaje en canoa a las afueras de Quibdó sin camuflado y sin escolta como una táctica para ganarse la confianza de la población, que al ver, dijo, los uniformes oficiales muestra su recelo.

Como periodista he visto, en cambio, desde la alta Guajira hasta el Caguán, desde Bojayá hasta Miraflores, la actitud casi reverencial de la gente con los miembros de los grupos armados ilegales. A nadie se le pasa siquiera por la cabeza insultar a un integrante de las FARC al encontrárselo armado y de camuflado en un recodo del camino. Ninguno se atreve siquiera a levantarle la voz a un paramilitar o miembro de una bacrim en un barrio popular. La actitud de Nicolás Gaviria va en línea con esos parámetros en los que hemos crecido durante medio siglo de confrontación. Tras la firma de un acuerdo de paz habrá que hacer una pedagogía muy seria en todos los sentidos para que todos sepamos quién es la autoridad legítimamente establecida y el respeto que merece. Y para que nadie más les diga de manera insolente: “Usted no sabe quién soy yo”.

* Director de Semana.com
Twitter: @armandoneira
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