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| 2/19/2006 12:00:00 AM

¿Valió la pena?

Los resultados de la presencia de Uribe en Washington fueron más positivos para su imagen, que en la mesa de negociaciones.

La mayoría de los cálcu-los aseguraba que el presidente Álvaro Uribe regresaría de Washington con el TLC firmado. Unos pocos pensaban que, por el contrario, se frustraría la negociación definitivamente, después de echado el último as, y el más valioso. Ambos resultados eran positivos para Uribe: el artífice de un éxito, en el primer caso, o un Presidente que hizo lo que pudo, pero que no tendría que defender el TLC durante la campaña reeleccionista. Lo que casi nadie se imaginó fue que el proceso seguiría trabado y que su conclusión se postergaría nuevamente. Uribe logró poner sobre la mesa y al más alto nivel las preocupaciones de Colombia, pero los resultados técnicos demostraron que para los gringos “business are business”.

“Con la llegada de Uribe se generó en el cuarto de al lado un gran optimismo de consolidar resultados, hay algunos logros, pero no son aún los que el país necesita”, le dijo a SEMANA Rafael Mejía, presidente de uno de los gremios que más tienen que perder con el TLC: los agricultores.

Venciendo el malestar de una visible fiebre, el Presidente-negociador hizo lo que pudo. No se puede descartar que algunos de sus planteamientos en la Casa Blanca o en el Congreso permeen la mesa técnica durante el cierre de la negociación. Pero, esta semana, los mandos medios norteamericanos no cambiaron las posiciones que venían sosteniendo desde tiempo atrás.

¿Valió la pena el nada usual viaje de Uribe? Las opiniones entre empresarios colombianos, e incluso entre expertos norteamericanos, están divididas. Luis Eduardo Quintero, presidente de Fenalce asegura que “la llegada del Presidente fue una señal inequívoca no sólo del deseo de Colombia de cerrar las negociaciones, sino también del afán, y por eso los resultados son relativos”. Por el contrario, para Jorge Bedoya, presidente de Fernavi, “Uribe imprimió un elemento inusual, al hablar de los pollos, el arroz y el acceso real”.

Para Adam Isacson, director del Centro de Política Internacional, “Washington le dijo no al presidente Uribe”. Más allá de un significativo editorial del Washington Post que pide a la Casa Blanca “apoyar al señor Uribe”, Isacson recuerda que el Presidente fue incapaz de conseguir que Bush se comprometiera con un cierre comercial. Por su parte, la Associated Press señaló que “el Uribe jovial y aun gracioso del pasado había sido sustituido por un Uribe claramente tenso” .

A la hora de opinar sobre si Uribe salió victorioso de esta avanzada comercial, muchos de los empresarios presentes en Washington, consultados por SEMANA, expresaron visiones contradictorias. Cuando llegaba el mandatario al hotel Duble Tree, en el centro de Washington, los empresarios buscaban su saludo, y una vez se retiraba a descansar la gripa, decían que “Estados Unidos no cedió en sus aspiraciones maximalistas” .
Según Luis Eduardo Quintero, “con Uribe se estableció una agenda importante pero paralela que no logró persuadir a los negociadores que pretenden conseguir todo el mercado de bienes agropecuarios de forma inmediata sin ofrecer nada a cambio en los productos de interés para el país”. Otra consecuencia de la presencia de Uribe, añade, es que “una gran presión sobre los gremios para que cedan y respalden al gobierno en posiciones débiles más allá de las líneas rojas”. Según explica el dirigente gremial, “esto ha generado malestar en algunos representantes del sector económico que ha acompañado el proceso y esperaba otra respuesta”.

Pero si la forma como se desenvolvió el mandatario no logró persuadir tanto como se esperaba a muchos dirigentes del sector privado colombiano, sí logró convencerlos. Alguien dijo que el mandatario “con cara gana y con sello empata”, pues “si no llegó a Colombia con el TLC concluido, aseguró los votos de influyentes empresarios del país que aún no lo habían conocido de cerca”.

La críticas al Uribe negociador fueron escasas. Nadie puso en duda que actuó de buena fe y que hizo todos los esfuerzos posibles. Los inconformes prefieren “rajar” al equipo técnico y a los ministros. Trascendió, por ejemplo, el malestar del sector de la palma, que denunció “una falta de transparencia” en la forma como se manejó la información. “Esta es una negociación de verdades a medias”, repetía Ivan Darío Lizarralde, de Indupalma.
Pero hubo otras opiniones. “Uno se asombra de los detalles que Uribe ha interiorizado. Está trancando y exigiendo duro. No está ofreciendo y, lo más importante, está metiendo cada problema dentro de un contexto social y económico que explica con claridad y que deja impresionados a los gringos”, señaló un representante gremial colombiano presente en los encuentros.

Uribe defendió durante esta semana que el TLC está estrechamente ligado a la lucha contra la pobreza, el desempleo, el narcotráfico y el terrorismo. Falta ver si su nivel de persuasión se ve reflejado en el texto final que se espera firmar el próximo miércoles. Por lo pronto, los beneficios del viaje para Uribe son más evidentes en Colombia, donde fue visto como un mandatario trabajador que desafió la gripa y los esquemas para meterse en la negociación y tratar de sacar el mejor resultado posible, que en la mesa de negociaciones. Esta última no se movió mucho, y volvió a quedar en manos del equipo técnico.
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