Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/01/27 11:53

El campo minado de las FARC que jamás explotó

El Ejército hizo un hallazgo desconcertante en Jamundí (Valle): descubrió que un acueducto veredal, que además es sitio turístico, está lleno de explosivos.

Militares con ayuda de fuentes humanas descubrieron que la guerrilla de las FARC instaló un complejo campo minado alrededor de una planta de tratamiento de agua. Foto: Ejército

Los campos minados siguen siendo en otro dolor de cabeza para los colombianos, más de cara al posconflicto. Esa secuela del conflicto armado ya deja un saldo 11.243 víctimas en los últimos 25 años.

Pero lo más absurdo de esa terrorífica forma de confrontación es que aunque se firme un acuerdo de paz entre el Gobierno y la guerrilla de las FARC, el fantasma de los campos minados seguirá atormentando en los campos del país.

Ya arrancó un ambicioso programa de desminado en el que integrantes de esa guerrilla colaboran con las autoridades para ubicar las zonas exactas infestadas con esos explosivos. Lo malo es que hasta los más optimistas y que conocen el tema, advierten que ese proceso puede tardar décadas.

De ahí que el hallazgo que este martes 26 de enero hicieron soldados de la Tercera Brigada del Ejército no sólo es desconcertante, sino que sirve para lanzar nuevas alertas sobre las amenazas a las que se enfrentan quienes viven en la Colombia rural.

Esos militares con ayuda de fuentes humanas descubrieron que la guerrilla de las FARC instaló un complejo campo minado alrededor de una planta de tratamiento de agua localizada en la vereda Alto Río Claro, en jurisdicción del municipio de Jamundí, Valle.

Un reporte militar indica que a cien metros del acueducto veredal se hallaron cuatro minas antipersonal y dos cilindros de 40 libras cargados con explosivos. “Dicho material perteneciente al frente urbano Manuel Cepeda Vargas de las FARC”, explicaron fuentes oficiales en un comunicado.

El descubrimiento por sí mismo es un escándalo, no sólo por la afectación al destruir un acueducto que explícitamente aparece protegido en los tratados y por el Derecho Internacional Humanitario, para zonas en conflicto, sino porque esa detonación irremediablemente causaría muertes de inocentes.

Esa afirmación se explica por una sencilla razón. De acuerdo con las autoridades militares, la zona aledaña al acueducto es un sitio frecuentado por turistas.

No obstante, y pese a la gravedad del descubrimiento hecho por el Ejército, el propio coronel Leonar Infante, comandante del batallón Pichincha, que lideró la operación, aclaró que de acuerdo con las evidencias, todo indica que ese campo minado llevaba instalado más de un año.

“La dureza de la tierra, el sistema de cableado y la potencia del material explosivo cuando hicimos una detonación controlada nos indican que llevaba mucho tiempo allí”, explicó el oficial.

Ese dato es importante porque dejaría entrever que pese a los incumplimientos históricos de esa guerrilla, en este caso en particular al parecer no violaron la tregua unilateral que ellos mismos declararon y extendieron desde el año pasado.

Pero la pregunta que queda flotando en el aire es: ¿Cuántos acueductos veredales del país están todavía infestados por campos minados?

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