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| 6/4/2016 12:00:00 AM

¿Qué hará Vargas Lleras con la paz?

Con el paso de los días aumenta la presión para que el vicepresidente deje el silencio sobre los diálogos de la Habana. Puede haber sorpresas

La reciente aprobación del Acto Legislativo para la Paz dejó en evidencia que, exceptuando al uribismo, la salida negociada al conflicto con las Farc cuenta con el apoyo de todas las fuerzas políticas presentes en el Congreso. En otras palabras, que la firma del acuerdo ya no es una posibilidad sino una realidad. Eso significa que próximamente comenzarán a cumplirse tres etapas del cronograma de la paz: 1) Definición de las zonas de concentración de los guerrilleros; 2) Trámite en el Congreso de las leyes estatutarias requeridas para poner en marcha los acuerdos; 3) Refrendación popular.

En términos políticos, lo anterior significa que en los próximos días, después del esperado anuncio de cese al fuego entre las partes y de que la Corte Constitucional le dé vía libre al Plebiscito por la Paz, comenzará una apasionada campaña política a favor y en contra de los acuerdos. Casi todos los partidos han hecho saber su posición sobre el tema. Los liberales, la mayoría de los conservadores, La U, los verdes y el Polo están jugados por la paz. El Centro Democrático de Álvaro Uribe es el único que hasta el momento ha rechazado la refrendación popular propuesta por el presidente.

Solo le falta anunciar públicamente cómo votará el plebiscito a Cambio Radical, el partido del vicepresidente Germán Vargas Lleras. Y a pesar de que el acto legislativo contó con los votos favorables de la bancada de ese partido, hasta el momento Vargas –jefe natural de Cambio Radical– ha guardado un silencio absoluto sobre el tema. Es prácticamente el único miembro del alto gobierno que no lleva la palomita plateada en la solapa del vestido. Y en sus camisas blancas siempre aparece el lema de la Vicepresidencia: ‘Todos por un nuevo país’, y no el de ‘Gobierno de la Paz’ que usan los demás.

Que Vargas Lleras no se haya pronunciado sobre los diálogos de La Habana le ha costado críticas en el interior del gobierno y en el resto de partidos de la Unidad Nacional. En los últimos dos meses, algunos de los escuderos más fieles al presidente Santos le han hecho saber su malestar con lo que consideran una falta de compromiso del vice, y las cabezas del liberalismo y de La U lo han acusado de tener una actitud negativa frente al proceso. “La U y el Partido Liberal nos la jugamos íntegros por la paz, en cambio los voceros de Cambio Radical apoyan la paz desde el Congreso, pero su jefe, que habla tanto y tan bien, sobre este tema es mudo”, declaró recientemente Horacio Serpa, quien desde hace meses se ha enfrentado a Vargas.

El silencio de Vargas Lleras es estratégico. Durante su carrera política él ha sido una figura de mano dura y, aunque en los últimos años ha adquirido un perfil gerencial por cuenta de su gestión en los temas de vivienda e infraestructura, electoralmente sigue a la derecha del espectro político. Por eso, quienes lo conocen insisten en que una apuesta abierta por la paz podría quitarle votos de electores de centro derecha, cuyo respaldo a su candidatura ya se insinúa. “Germán es calculador y, como tal, es un aficionado a las encuestas”, dijo a SEMANA uno de sus colaboradores refiriéndose a la percepción que tiene Vargas de que el proceso de paz aún no ha logrado ganarse el corazón de un sector importante de los colombianos. “Él cree que el gobierno no ha sabido explicar la paz y que eso le ha quitado popularidad a Santos. Por eso no se ha querido montar en ese bus”, insiste.

El representante Rodrigo Lara, presidente de Cambio Radical, argumenta que su partido es pragmático y que, si bien en el Congreso votó favorablemente al acto legislativo y respalda la fórmula del acuerdo especial elaborada en La Habana para garantizar que se cumpla lo convenido entre el gobierno y las Farc, sus miembros también están en libertad de hacer críticas y advertencias al proceso. Algunas de esas advertencias ya fueron hechas en el debate sobre el artículo que faculta al presidente a establecer las zonas de concentración de las Farc en el proceso de desmovilización, por cuenta del cual hace unos meses los congresistas de Vargas terminaron en un duro enfrentamiento con el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo.

Las opciones que tiene el vicepresidente no son fáciles. ¿Tomar distancia de la principal bandera del gobierno? ¿Proponer ajustes a los acuerdos que resulten del proceso de paz? ¿Guardar silencio frente al plebiscito? ¿Hacer oposición desde su bancada?

Se anticipa que, en el corto plazo, Vargas Lleras asuma una postura crítica pero propositiva frente a la etapa de implementación de los acuerdos. Lara y otros congresistas cercanos a él como los senadores Germán Varón y Carlos Fernando Galán ya se han manifestado en esa línea, al insistir en que el gobierno debe explicarle mejor a los alcaldes y gobernadores las características de la zona de distensión. “En el caso del plebiscito, consideramos importante que el gobierno le explique bien a los ciudadanos el sentido de la refrendación”, asegura Varón.

La estrategia detrás de esa postura crítico-propositiva es posicionar al futuro candidato como el líder que pudo enderezar algunas falencias del proceso. Si sus recomendaciones quedan incorporadas cumplirían ese objetivo. En ese escenario se pretendería ganar los votos del uribismo sin perder los del santismo. El problema es que esa maroma no es fácil. Influir en el contenido de los acuerdos a estas alturas es casi imposible porque ya todo está prácticamente listo. Por otra parte, el presidente Santos no va a recibir bien las sugerencias al respecto, pues en el fondo implican una crítica a lo que negoció el gobierno. Como todo el mundo es consciente de que el verdadero propósito es congraciarse con la derecha, al presidente no le haría mucha gracia ese intento de ponerle una vela a Dios y otra al diablo.

Por lo anterior parece poco probable que el gobierno acabe por incorporar las sugerencias de Vargas a temas como el funcionamiento de las zonas de concentración u otros asuntos relacionados con el proceso de paz. El vicepresidente tiene que saber que esa es una posibilidad, lo cual hace pensar que la “propuesta crítico-propositiva” va a acabar como un pretexto para renunciar a su cargo antes de que se cumpla el término legal, para oficializar su aspiración a la Presidencia de la República después de haber intentado ‘salvar’ el proceso.

La bancada del Congreso de Cambio Radical comenzaría, a partir de julio, a ambientar la posición de Vargas al expresar reservas sobre el contenido de algunos puntos del acuerdo de La Habana. Si bien es una bancada corta en número (controla apenas el 10 por ciento de la Cámara y el 7 por ciento del Senado), ha demostrado capacidad de hacer ruido. A lo anterior se suma otra consideración política: Cambio Radical quiere comenzar a hacer alianzas regionales con el uribismo con miras a las elecciones de 2018. Las críticas al proceso de paz, seguidas de la renuncia del vicepresidente, serían la plataforma de esa nueva realidad política.

Como lo anterior implicaría un rompimiento con el presidente Santos, con quien hasta ahora ha tenido una buena relación, hay quienes creen que si el tema de la paz concita un gran entusiasmo nacional y las encuestas cambian, Vargas el pragmático ajustaría su estrategia. Si en el segundo semestre del año esto llegara a suceder, Vargas tendría que buscar la manera de sumarse a la paz sin quedar como un oportunista. Esa alternativa en este momento se ve bastante remota, pero queda claro que cualquiera de las dos opciones de Germán Vargas Lleras en la actualidad –renunciar u apoyar– tiene un costo político alto.

En todo caso, y más allá de la estrategia que escoja, Germán Vargas sabe que se le agotó el tiempo para hacerle el quite a hablar de la paz y que, cuando lo haga, comenzará a aclararse el ajedrez político de cara a la próxima contienda presidencial. Por ahora, y mientras vuelve de un nuevo tratamiento médico en Miami, el país político espera que muy pronto se enciendan las luces y se corra el telón.

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