Lunes, 23 de enero de 2017

| 1994/10/10 00:00

A VECES LLEGAN CARTAS

En distintos mensajes al gobierno y los medios, los grupos guerrilleros dicen estar dispuestos al diálogo, pero no necesariamente a dejarlas armas.

A VECES LLEGAN CARTAS

LA SEMANA PASADA, MAS que disparar balas lo que la guerrilla disparó fueron cartas. La primera de ellas fue la del cura Manuel Pérez, jefe del Ejército de Liberación Nacional, al alto comisionado para la paz, Carlos Holmes Trujillo. En ella aseguró que en el ELN había voluntad de diálogo y condicionó una eventual negociación a que sus compañeros presos -entre ellas principalmente Francisco Galán- recibieran el tratamiento de prisioneros de guerra. Unos días después, Samuel Moreno Rojas, coordinador de la Comisión de Paz del Senado, recibió de manos de un mensajero una comunicación enviada desde prisión por el jefe de la disidencia del Ejército Popular de Liberación, Francisco Caraballo. En esta carta, el comandante del desvertebrado EPL reconoce como positivos los pasos que el gobierno ha dado en materia de derechos humanos y ratifica la voluntad de diálogo de su movimiento. Y finalmente el miércoles pasado, Alfonso Cano, líder negociador de las FARC en Caracas y Tlaxcala, envió al columnista de El Tiempo Roberto Posada García-Peña, una comunicación en la cual manifiesta la intención de las FARC de hacer lo que esté a su alcance para que un eventual proceso de paz "llegue a buen puerto". Como suele suceder en esos casos, hubo algo de entusiasmo en cuanto a la posibilidad de llegar a un acuerdo negociado con la guerrilla, que coincidió con una relativa disminución de las acciones guerrilleras.

Pero el gobierno reaccionó con prudencia. Y lo hizo por dos razones. En primer lugar, porque quiere bajar las expectativas sobre los resultados de un eventual diálogo, con el fin de que cualquier arreglo, aunque sea parcial, sea recibido combo un triunfo, y cualquier fracaso en materia de paz no lo parezca. Y en segundo lugar, porque no hay nada nuevo en que la guerrilla diga que está dispuesta al diálogo. Generalmente lo está, pues las negociaciones garantizan un protagonismo político que le conviene a la subversión.

Y es que si algo ha quedado claro a lo largo de las últimas décadas, es que una cosa es el diálogo y otra muy distinta, la paz. Las FARC, que en los acuerdos de La Uribe en 1984 habían manifestado su voluntad de dedicarse a un trabajo político civil, y que por boca de Cano manifiestan ahora el mismo deseo, fueron las primeras en burlarse de dichos acuerdos, a punta de secuestros y emboscadas. En términos reales, la única vez en 30 años que ha habido un verdadero proceso de paz en Colombia fue cuando el M-19 dijo, no tanto que quería dialogar sino que estaba dispuesto a desmovilizarse. Y así lo hizo. Más tarde el EPL, el PRT y el Quintín Lame, siguieron el mismo camino. Lo demás, hasta ahora, no han sido más que palabras.

Y hay una razón adicional para el escepticismo: hay quienes creen que detrás de las cartas de la subversión puede haber una jugada. En la del cura Pérez, el líder guerrillero plantea que el negociador sea Francisco Galán, quien se encuentra tras las rejas. Otra de las cartas, la de Caraballo, proviene también de un guerrillero preso. Por esa razón, algunos sectores coinciden con la opinión de un general del Ejército, quien hace un mes manifestó a SEMANA que temía que una nueva ronda de negociaciones no lograra reintegrar a los guerrilleros del monte, pero sí liberar a aquellos que están en la cárcel.

Para cortar de un tajo con esa posibilidad, el presidente Samper y el fiscal Alfonso Valdivieso aseguraron el miércoles que los subversivos detenidos no podrán participar en las negociaciones, al tiempo que cerraron la posibilidad de que los guerrilleros tras las rejas fueran a recibir tratamiento de prisioneros de guerra. Por todas estas razones, lo que quedó claro la semana pasada fue que, por muchas ganas de paz que tenga, el gobierno no se va a sentar en la mesa de negociaciones por simples cartas de intención que no parecen contener propósito alguno de enmienda.

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