Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1989/05/01 00:00

VECINOS Y AMIGOS

Rápidamente avanza la integración colombo-venezolana.

VECINOS Y AMIGOS

Si un observador desprevenido regresara hoy a contemplar las relaciones colombo-venezolanas tras unos cuantos meses de ausencia no podría creer que se trata de los mismos dos países. La verdad es que el ritmo con que han comenzado a moverse los engranajes en ambos lados, en camino a la integración fronteriza y a la resolución de sus diferendos limítrofes, no puede menos que considerarse vertiginoso. Al menos esa impresión quedó tras la reunión que sostuvieron el 27 de marzo, los presidentes de Colombia y Venezuela en el puente Francisco de Paula Santander, que comunica a las ciudades de Cúcuta y Ureña.

La nueva tendencia comenzó ostensiblemente con la llegada de Carlos Andrés Pérez al poder en Venezuela el 2 de febrero cuando, sólo 24 horas después de su posesión, se reunió con su colega Virgilio Barco y firmó un acuerdo que revitalizó las maltrechas relaciones binacionales. Pero en ese momento, para muchos observadores, no podía ser verdad tanta belleza. Pronto surgieron las críticas en ambas naciones, que hicieron pensar que, al tratarse de un documento de buenas intenciones que no comprometía firmemente a las partes, que no hacía nombramiento alguno y que no ponía plazo al cumplimiento de lo prometido, el compromiso de Caracas habría de naufragar en la maraña política de ambos países.

Sin embargo, no pasaron dos meses antes de que las buenas intenciones se concretaran en hechos palpables.
Atrás quedaron los alegatos del excandidato copeyano Eduardo Fernández y del ex presidente Rafael Caldera, quienes en el lado venezolano afirmaban que el tratado de 1939 (que ha quedado revivido) era inaplicable e inconveniente para los intereses del vecino país. Por el lado colombiano, las críticas que apuntaban a lo vago de los acuerdos y a la inexistencia de fechas límite para su puesta en marcha y que venían de sectores de oposición, quedaron atemperadas por el acuerdo celebrado entre el gobierno y el social conservatismo, por el cual se le dio a esta colectividad la partícipación tradicional en el manejo de las relaciones internacionales. El camino, contra muchos pronósticos, estaba allanado.

Y efectivamente los dos presidentes parecieron transitar por un camino de rosas en su encuentro del puente fronterizo. Allí, con la presencia de importantes personalidades de Colombia y Venezuela, Barco y Carlos Andrés firmaron la "Declaración de Ureña", en la que se integraron todas las comisiones planteadas en su anterior reunión de Caracas. Con la presencia sorpresiva de Adolfo Suárez ex presidente del gobierno español y nombrado presidente de la Comisión de Conciliación permanente prevista en el tratado de 1939, se anunció en el documento que Colombia estaría representada en esa misma comisión por el ex presidente Alfonso López Michelsen y por el canciller ecuatoriano --y gestor de resonantes acuerdos de paz en la ONU-- Diego Cordovez, mientras que Venezuela había designado al presidente de su Corte Suprema de Justicia, René de Solá y al ex presidente mexicano Luis Echeverría.

Como altos comisionados para hacer el inventario de cuestiones pendientes entre los dos países fueron designados el ex embajador Pedro Gómez Barrero --según algunos, como reconocimiento a su excelente labor en sus dos años al frente de la representación --y el internacionalista Carlos Holguín Holguín, por Colombia, y Rafael Pizani e Isidro Morales Paul por Venezuela.

La última comisión, encargada de estudiar el desarrollo económico y social común de las áreas fronterizas quedó integrada también con personalidades de ambos lados de la frontera y presidida, por la parte colombiana, por el ex ministro y actual presidente de la Flota Mercante Grancolombiana Enrique Vargas Ramirez, y la venezolana por el historiador y político Ramón J. Velásquez.

Con el mismo ritmo vertiginoso, ya se posesionaron las comisiones colombianas, y se anuncia para esta semana la primera reunión de la comisión de vecindad, mientras que los altos comisionados esperan reunirse por primera vez en abril. Todas las gestiones han suscitado una expectativa desconocida en las últimas épocas con el ingrediente novedoso, por los resultados tangibles que podría significar, de la integración real y efectiva de las zonas de frontera, con sus proyectos bandera, esto es, el aprovechamiento del Orinoco, la exploración conjunta en pos de petróleo, la interconexión eléctrica y la tan mencionada "Ciudad Bisagra" en el área de Cúcuta y San Antonio. Como alguien comentó muy acertadamente en Ureña: "Los aires bolivarianos campean por fin en la frontera colombo-venezolana".-

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