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| 6/11/2011 12:00:00 AM

'Vendetta' llanera

La masacre de seis personas inocentes, en una cancha de fútbol de Villavicencio, fue en realidad un intento de asesinato contra un temido jefe de sicarios que traicionó al capo 'el Loco Barrera'.

A las diez de la noche del martes 30 de mayo, un grupo de seis pistoleros llegó hasta una cancha sintética de fútbol, en la vía que de Villavicencio conduce a Acacías. Seis hombres que acababan de jugar un partido, como solían hacerlo, estaban descansando cuando fueron asesinados. Las víctimas, entre los que estaba el jefe de prensa de Ecopetrol en los Llanos Orientales, no tenían antecedentes, ni enemigos, ni estaban relacionados de alguna manera con actividades ilegales. El múltiple homicidio acaparó la atención de los medios nacionales. No era para menos. No solo por los inocentes que murieron, sino porque desde hacía varios años en el departamento del Meta no se presentaba un hecho de estas dimensiones.

Tras la masacre se tejieron toda suerte de especulaciones sobre lo ocurrido. Sin embargo, el avance de las investigaciones ha permitido reconstruir lo que pasó esa noche y qué hay detrás del ataque en la cancha de fútbol. El recorrido de los sicarios, que se movilizaban en dos motos y dos taxis, comenzó una hora antes en un populoso barrio de Villavicencio. Allí, el grupo de asesinos disparó y mató a un hombre conocido con el alias de 'Yamid', un personaje conocido en el mundo del hampa de los Llanos por pertenecer a un grupo de sicarios. Tras ese homicidio, la caravana de la muerte partió en busca del jefe de 'Yamid', quien era el principal blanco: Jairo Saldarriaga, alias 'Mojarra' o 'el Guajiro'. El grupo de sicarios tenía la información de que 'Mojarra' estaba en las canchas sintéticas. Al llegar al lugar lo alcanzaron a ver y comenzaron a disparar indiscriminadamente, pero su blanco logró escapar y allí quedaron los cuerpos de seis personas que nada tenían que ver.

Bajo la fachada de ser un próspero ganadero, con fincas en Restrepo, Meta, 'Mojarra' es, nada más y nada menos, el jefe de la estructura sicarial de Daniel 'el Loco' Barrera, uno de los pocos grandes capos que aún quedan en el país. 'Mojarra' es un exguerrillero que militó en los frentes 43 y 27 de las Farc. A finales de los años noventa conoció a Barrera debido a los negocios de narcotráfico que el capo sostenía con esos frentes. 'Mojarra' estuvo detenido entre 2000 y 2002 en la cárcel Modelo, acusado de rebelión y desde allí las autoridades le perdieron el rastro. Hasta ahora. Hoy ya está claro que, tras salir de prisión, empezó a trabajar para Barrera. Con veinte exintegrantes de la fuerza pública, conformó el más efectivo brazo sicarial al servicio del capo. Su 'eficiencia' y la confianza que Barrera le tenía eran tan grandes que le encomendó varios 'trabajos especiales' fuera del país.

En octubre de 2007, 'Mojarra' viajó y asesinó en Guatemala al esmeraldero Yesid Nieto. En julio de 2008 asesinó en Buenos Aires, Argentina, a Héctor Duque, alias 'Mono Teto', otro rival de Barrera. En enero de 2009 estuvo en Madrid, España, y, junto con otros dos sicarios colombianos, mató a Leonidas Vargas, con quien 'el Loco' tenía una guerra. Estas son tan solo tres de las 'misiones' internacionales de 'Mojarra'.

Su eficiencia con la pistola fue premiada por Barrera permitiéndole participar en parte de los envíos de cocaína, lo que rápidamente lo convirtió en uno de los hombres más ricos de los Llanos. Pero, como suele suceder en el mundo de la mafia, 'Mojarra' optó por traicionar a su jefe y hacer sus propios negocios con los carteles mexicanos. Esa traición quedó al descubierto por un golpe de mala suerte. En febrero de este año, un cargamento de 500 kilos de cocaína fue incautado por las autoridades entre Bogotá y Villavicencio, una ruta de uso exclusivo de Barrera. Al capo le quedó claro que alguien le estaba jugando doble y descubrió que era su más eficaz jefe de sicarios. El destino de 'Mojarra' quedó sentenciado. Hace dos semanas, en la cancha de fútbol, se salvó milagrosamente de morir a manos de los sicarios que le envió su jefe. Hoy, pocos saben de su paradero, pero muchos le auguran un oscuro futuro porque saben cómo terminan, tarde o temprano, esas traiciones en el mundo de la mafia.
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