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| 7/29/2017 10:15:00 PM

El otro éxodo de Venezuela a Colombia: la carne

Cúcuta es la meca del tráfico ilegal de carne de Venezuela. El fenómeno tiene implicaciones económicas y sanitarias, y ya toca a Bucaramanga y Bogotá. A pesar de los esfuerzos, las medidas no logran contener una frontera de más de 2.000 kilómetros. Video.

En Cúcuta la carne cruda rota de mano en mano, al por mayor o al detal, como moneda de cambio. Carne de primera o de segunda. Todos los cortes: paleta, costilla, solomo, molida, incluso carne de lagarto se ofrece. Carne apestosa o apetitosa, en pie o a destajo, pero en todo caso ilegal. Ingresa tanta carne de contrabando proveniente de Venezuela que los expendedores están esforzándose por alcanzar el interior del país para tratar de venderla a mejor precio. Y lo están logrando.

Solo en lo que va corrido del año, la Policía Nacional incautó en Cúcuta 218 reses y 65.463 kilos de carne en canal, en Bucaramanga 45 reses y 50 kilos, en Bogotá 49 reses y 290 kilos. Y a esto hay que sumarles las aprehensiones en otras ciudades como Arauca, Riohacha y Valledupar, que se aproximan a las cifras de la capital de Norte de Santander. Cúcuta es la meca del contrabando de carne porque diariamente ingresan alrededor de 45.000 personas que cruzan a pie el puente internacional Simón Bolívar, y porque el río Táchira, que fija la línea limítrofe de 429 kilómetros, está plagado de trochas por donde los traficantes se mueven día y noche.

La marea humana que transita hacia Cúcuta empieza a llegar desde las cinco de la mañana cuando se abre el paso y puede hacerlo hasta las ocho de la noche cuando el puente se cierra. El gobierno del presidente Nicolás Maduro ordenó clausurar la frontera en 2015, con lo que el abastecimiento de las ciudades venezolanas más próximas a Colombia entró en crisis. Solo un año después, en agosto de 2016, los gobiernos de ambos países acordaron la reapertura peatonal durante el día, y ese resquicio es la única posibilidad que muchas personas tienen para arañar la supervivencia. Un número significativo lo hace trayendo la carne en pequeñas cantidades.

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El ‘pitufeo’, un problema gigante

Las autoridades acuñaron el término ‘pitufeo’ para describir la escena común que se observa en el puente internacional: cientos, miles de personas que transitan llevando cada cual una bolsa plástica con un trozo de carne, generalmente uno o dos kilos. Por la cantidad esa conducta no alcanza el grado de delito, sin embargo, al ser una práctica masiva el asunto se convierte en un verdadero problema social. Para tratar de contenerlo las autoridades colombianas han tenido que tomar distintas medidas.

Desde luego está prohibido pasar con carne hacia Cúcuta. Sin embargo, es imposible que el grupo de funcionarios y agentes de Policía que regulan el acceso en el puente inspeccionen a cada una de las miles de personas, la mayoría de las cuales viene y va halando maletas o carritos de mercado, ya sea porque están dejando Venezuela definitivamente o porque van a conseguir víveres a Cúcuta. Las autoridades pueden apenas hacer requisas aleatorias que alcanzan solo a un mínimo de los transeúntes.

El ICA controla uno de los filtros en el puente internacional, bajo el sol severo de Cúcuta. En este punto hay un gran tapete empapado con solución desinfectante (amonio cuaternario), una medida fitosanitaria para mitigar el riesgo de que con la gente entren ciertos virus. En un costado del puesto de control hay una caneca plástica donde los funcionarios juntan los kilos de carne que van pillando. La caneca se llena muchas veces al día por lo que deben llevar los alijos a una oficina cercana. Allí instalaron una báscula y una nevera industrial que ya se quedó pequeña, y cada vez que alguien entra debe abrirse paso con ambientadores en aerosol para disipar el hedor. Cada día en promedio se incautan 350 kilos de carne, y la destruyen sin excepción. Las autoridades sanitarias han encontrado bacterias de salmonela en múltiples piezas de res.

Cuando las personas superan el puente internacional, negocian su ‘pitufeo’ coronado de múltiples maneras. Muchas van a los barrios populares y ofrecen la carne de puerta en puerta, o se la venden a pequeñas tiendas y restaurantes donde termina revendida al consumidor final. Otros tienen contactos en la central de abastos y hay incluso gente que la ofrece por las redes sociales. Y nadie pregunta por la cadena de frío que debe guardarse para asegurar la higiene y seguridad de la carne.

“La dudosa procedencia se olvida cuando se ve el precio frente a la situación de pobreza y desempleo”, dice un joven venezolano que se dedica a este negocio para subsistir. Un kilo de carne del otro lado de la frontera cuesta cerca de 4.000 pesos colombianos, y puesto en Cúcuta vale unos 10.000, comparado con los 18.000 pesos que vale la carne legal colombiana. Muchos venezolanos se dedican al ‘pitufeo’ como la única alternativa para paliar el hambre: cambian el trozo de carne por raciones de arroz, aceite, panela, fríjoles. Pero las autoridades también han detectado que otros intereses están aprovechando la modalidad del hormigueo, pues algunas personas en un solo día pasan el puente internacional hasta 30 veces.

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Por cuenta del contrabando, el negocio de la ganadería en el área metropolitana de Cúcuta está moribundo. En la zona operan solo dos frigoríficos. Según las estadísticas, los colombianos consumen 22 kilos por habitante al año, y en el área de Cúcuta poco más de 800.000 habitantes consumen entre 350 y 400 reses al día. Sin embargo, las dos empresas que existen alcanzan a sacrificar 50 reses. “El área metropolitana de Bucaramanga, que es un poco más grande –1.300.000 habitantes– consume 550 animales diarios. En Cúcuta por el alto desempleo y otras crisis digamos que se consuman 300 animales, o sea que el contrabando aporta al día 250 reses. Y no es verdad que la carne venida del interior esté llenando ese hueco porque vale 25.000 pesos el kilo, y el cucuteño promedio no tiene ese alcance”, argumenta Andrés Hoyos, directivo del Comité de Ganaderos de Norte de Santander.

La aftosa cruzó la frontera

La Policía Fiscal y Aduanera, encargada de perseguir el contrabando, calcula que en Cúcuta el 40 por ciento de la carne consumida es de procedencia ilícita. “Lo que entra por el puente a través del ‘pitufeo’ corresponde a un 20 por ciento del fenómeno”, considera el general Gustavo Moreno, comandante de la zona fronteriza.

El oficial lidera la lucha contra las múltiples formas de ilegalidad que se mueven a lo largo de 894 kilómetros de frontera con Venezuela, solo en lo que tiene que ver con Norte de Santander y Arauca (en total hay 2.294 kilómetros de frontera en cinco departamentos limítrofes: La Guajira, Cesar, Norte de Santander, Arauca y Vichada). Los cerca de 500 hombres a su cargo han detectado 70 trochas por donde los contrabandistas mueven vehículos repletos de carne. La transportan sin ningún tipo de consideración higiénica, algunas veces junto a las pimpinas de gasolina también de contrabando. Incluso la encaletan bajo las sillas de los automóviles. Suelen ser carros viejos –saben que en cualquier momento el vehículo se pierde–, modificados para poder cargar el máximo de mercancía y moverse por las trochas.

Por el área también se mueven cuando menos tres bandas criminales, que disputan el terreno: los Rastrojos, el Clan del Golfo y los Gaitanistas, además de un par de estructuras del ELN. Y por si fuera poco, del otro lado de la frontera está la Guardia venezolana con la que no hay interlocución y sí gran prevención. La Policía y el Ejército sobre la zona limítrofe deben actuar con extrema cautela para evitar incidentes que con el actual clima político fácilmente podrían escalar a crisis mayores.

A todo ello se suma el problema de la fiebre aftosa, que reapareció en Colombia después de nueve años, justamente proveniente de Venezuela según lo pudo determinar el Ministerio de Agricultura a través de pruebas técnicas practicadas por la Organización Panamericana de la Salud.

El primer foco apareció en Arauca y a los pocos días surgió otro en San Faustino, Norte de Santander, a solo 300 metros de la frontera con Venezuela. Le siguió otro predio infectado esta vez en Tibacuy, Cundinamarca, y luego, en el mismo departamento, se dio un brote que comprometió tres veredas en Yacopí. Para enfrentar los focos de aftosa el ICA ha sacrificado más de 1.200 reses y ha puesto en cuarentena 22 municipios del país. Sin embargo, mientras siga entrando ganado en pie de contrabando el riesgo sigue vigente.

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Los efectos económicos de la aftosa no se han hecho esperar, pues 3 de los 17 países a los que Colombia les vende carne cancelaron la operación comercial hasta que se supere el problema de forma certificada, y otros están analizando la situación. Si bien la aftosa es altamente contagiosa entre el ganado, no tiene implicaciones para las personas, pero aun así la noticia ha desestimulado el consumo interno. Otra consecuencia del cierre de los mercados internacionales es que hay más oferta, lo que impulsa el precio a la baja.

Así las cosas, es urgente que las autoridades profundicen las medidas y que el gobierno pruebe nuevas alternativas para enfrentar la lucha contra el contrabando de ganado venezolano. El vecino país es un auténtico polvorín. Y la llegada de la aftosa y la masificación del ‘pitufeo’ en la frontera serían apenas un leve estornudo que anticipa lo que puede llegar a pasar si Venezuela estalla definitivamente.

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