Domingo, 22 de enero de 2017

| 2007/05/05 00:00

“Venezuela no coopera en la lucha antidrogas”

El zar antidroga de Estados Unidos defiende el Plan Colombia, advierte sobre el auge del narcotráfico en Venezuela y describe a los narcos de ahora como cucarachas.

John Walters ha sido el ‘zar’ antidrogas que más tiempo ha durado en su cargo. Dice que la lucha va por buen camino, aunque falta ajustar algunas piezas

John Walters cumplió recientemente seis años como director de la oficina nacional de control de drogas de Estados Unidos, un cargo que fue creado con bombos y platillos en 1989 por el presidente George Herbert Bush, el papá de su jefe actual. Es el zar antidrogas que más tiempo ha ocupado ese cargo. SEMANA habló con él en Washington sobre las nuevas dudas y críticas que han surgido sobre la efectividad de la lucha contra el narcotráfico y en particular, la política hacia Colombia.

SEMANA: Hace unos días se conoció que en 2006 el precio promedio de la cocaína bajó en Estados Unidos y su pureza aumentó. Dos indicios de que no se ha hecho mella a la oferta de la cocaína. ¿Fracasó el Plan Colombia y su política de erradicación de cultivos?
JOHN WALTERS: No. En lo absoluto. Los éxitos del programa no tienen discusión. Son asombrosos: mejoría en la seguridad de los colombianos, reducción en secuestros y homicidios, decomisos récord y desmantelamiento de grupos de crimen organizado dedicados al narcotráfico, y una confianza sin precedentes en Colombia. Ningún país en el mundo avanzó en la recuperación del imperio de la ley como su país. Sobre las estadísticas es importante anotar que aunque en 2006 sí bajó el precio de la cocaína, la tendencia general desde 2002 demuestra lo contrario. Vamos por buen camino.

SEMANA: Entonces, ¿por qué tanta crítica?
J.W.: No sé. Nunca hemos estado en una mejor posición en la lucha contra la droga. Los cultivos de coca no se están desplazando como temíamos. Las elites de acá y en Colombia son tercas. No captan los éxitos, pero afortunadamente, el pueblo sí.

SEMANA: Pero los cultivos sí se han trasladado: de Putumayo a Nariño, por ejemplo.
J.W.: Cuando arrancamos en forma la erradicación, existía la posibilidad de que reaparecieran en Perú y Bolivia. No ocurrió así. En cambio, lo que está pasando ahora es una reconstitución del cultivo y la resiembra. Esto afecta la productividad de la coca en 30 por ciento. Les hemos quitado centenares de millones de dólares a las Farc.

SEMANA: Cada vez hay más incautaciones récord. ¿Este no es otro indicio de que el negocio del narcotráfico está pujante?
J.W.: No, es un prueba de que hemos mejorado nuestra colaboración: las autoridades mexicanas, colombianas y norteamericanas estamos compartiendo inteligencia. No hay que subestimar el valor de las incautaciones. Cada dosis es una amenaza para todos nosotros.

SEMANA: ¿Y Venezuela coopera?
J.W.: Chávez se ha rehusado a colaborar. Es una lástima. Venezuela está ganando en importancia para los narcotraficantes. Hay vuelos desde aeropuertos legales a República Dominicana y Haití. Embarques marítimos desde varios puntos de la costa venezolana. Hay un acuerdo de cooperación pendiente de la firma de Chávez. Queremos trabajar con ellos.

SEMANA: Ecuador también ha anunciado el cierre de la base de Manta en 2009. ¿Cuál sería el impacto?
J.W.: Obviamente, preferiríamos quedarnos. Hemos invertido mucho en esa base. Pero ya estamos analizando alternativas para no perder esa capacidad disuasiva contra los narcotraficantes.

SEMANA: ¿No es México el nuevo centro de poder de la droga?
J.W.: Sin duda, han crecido sus redes de distribución en Estados Unidos y tienen poderosas organizaciones criminales. Pero no llegan a la dimensión de los carteles de Medellín y Cali. La buena noticia es que el gobierno mexicano está colaborando mucho. En 2006, extraditó 63 mexicanos a Estados Unidos: van 15 en 2007.

SEMANA: Varios de los más importantes narcotraficantes colombianos están detenidos en Itagüí, bajo el paraguas de ser paramilitares. ¿Esperan que los extraditen?
J.W.: Esos individuos participan en un proceso de desmovilización. Entendemos esa situación. Pero hay otros que ya no están en la cárcel y siguen traficando. La extradición es una herramienta poderosa, mas no un sustituto de instituciones fuertes. Comprendo la oposición a la medida: no es fácil enviar a ciudadanos a otro país para que los juzguen.

SEMANA: Algunos analistas critican la estrategia de enfocarse en los capos. La historia ha demostrado como es de fácil reemplazarlos.
J.W.: Son importantes porque con su captura pueden, en algunos casos, hacer desmoronar la organización. Y ha funcionado. Ya no hay carteles tan poderosos. Hoy nos enfrentamos a ratas y cucarachas y no a los lobos (Pablo Escobar, los Rodríguez Orejuela) de los años 80 y 90.

SEMANA: La llamada lista Clinton es controvertida en algunos sectores en Colombia. Dicen que cuando una empresa o persona entra, nunca sale. Es el nuevo purgatorio. ¿Piensan reformarla?
J.W.: No. Es una herramienta excepcional. Pensamos ampliar su uso en varios campos. Es muy útil para combatir la principal adicción de los criminales: su amor por la plata. Sí es posible salir de la lista siempre y cuando se corten cualquier y enfatizo, cualquier vínculo con la empresa o persona involucrada en actividades ilícitas.

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