Martes, 30 de septiembre de 2014

| 2013/07/22 00:00

“Veo a Santos errático y dando bandazos”: Juan Gossaín

El periodista habla sobre el momento que atraviesa Cartagena, del gobierno Santos y del ministro de Salud.

Juan Gossaín. Foto: SEMANA.

El pasado 15 de julio los cartageneros eligieron como alcalde de la ciudad a Dionisio Vélez con el 48.8% de la votación. Entre todos los candidatos no recogieron más de 186 mil votos, hubo casi 11 mil papeletas en blanco y una abstención del 70 por ciento. Juan Gossaín, periodista y escritor, vive en Cartagena y aunque no es usual que hable de política, decidió darle a Semana.com su percepción de la ciudad y su clase dirigente a propósito de esa elección. También habló del gobierno de Juan Manuel Santos, de los diálogos en La Habana, y la rabieta del ministro de Salud por su denuncia sobre los precios de los medicamentos.

Semana.com: Juan, ¿usted votó en las elecciones para elegir alcalde de Cartagena?


Juan Gossaín: No voté porque el voto era para los mismos. Y mi cédula tampoco estaba inscrita aquí. Ya la inscribí.

Semana.com : Y si hubiera tenido la cédula inscrita, ¿tampoco hubiera votado?

J.G.: Hubiera votado en blanco.

Semana.com ¿Qué piensa del 70 por ciento de ciudadanos que se abstuvo de participar en las elecciones?

J.G.: Ahí está la clave de todo. Cartagena electoralmente se divide en tres. Una clase pudiente, económicamente acomodada, que madruga el día de las elecciones para montarse en una lancha e irse a las Islas del Rosario. Una clase popular muy pobre, que madruga el día de las elecciones para ir a vender el voto. Y una gran clase media de gente joven profesional que no vota porque está decepcionada.

Semana.com: Pero salvo lo de la lancha para irse a las islas, eso es lo que pasa en el resto del país.

J.G.:
Es que en las grandes sociedades la clase media es la que define todo realmente. Ahí es donde uno encuentra gente capaz, pero ellos dicen que no se meten a hacer política porque eso está muy corrompido, y yo les digo que por eso mismo es que hay que meterse.

Semana.com: En una ciudad como Cartagena, tomada políticamente, por ejemplo, por el llamado clan de los García, alguien que no se deja contaminar ¿realmente tiene posibilidades?

J.G.: Es que nadie ha dicho que eso sea fácil. Derrotar a la corrupción y a los inmorales es lo más complicado del mundo. Esto no se resuelve con un Mesías.

Semana.com ¿Conoce a Dionisio Vélez?

J.G.: No lo conozco y por eso es que me he abstenido de opinar sobre él. Lo que sí sé es que los cartageneros tienen razones para haber perdido la fe en su clase dirigente. Hay unos mejor vestidos que otros, pero no son mejores.

Semana.com: ¿Durante la campaña pudo formarse una opinión de él?


J.G.:
Me pacieron todos de una pobreza franciscana casi conmovedora. No vi los grandes problemas de la ciudad aflorar. Los pocos debates que hicieron fueron de una tristeza casi melancólica.

Semana.com: Pero a todos se les llenaba la boca hablando de Transcaribe, de los servicios públicos, de la corrupción, entre otros. Entonces, ¿esos candidatos estaban “cañando”?


J.G.: Sin duda. Aquí se perdió todo, se perdió la moral pública, los programas de gobierno, hasta la esperanza, que es lo más grave. Lo primero que tienen que recuperar las autoridades es la fe pública. A los cartageneros se le cayeron las alas del corazón.

Semana.com: Pero Juan, la gente igual no reacciona, es apática.

J.G.: Es cierto. La gente en vez de hacer algo parecido a lo que ocurrió con Gandhi que era protestar con la presencia moral, aquí no lo hace. Aquí escogieron el otro camino, es decir, declarase vencidos.

Semana.com ¿Le parece que deberíamos seguir el ejemplo de lo que está pasando en Brasil?

J.G.: Si, pero sin violencia. El pueblo en vez de sentirse derrotado debería sentirse desafiado.

Semana.com: Cartagena se llenó de grandes construcciones residenciales y de hoteles monumentales. ¿Eso es sinónimo de desarrollo?


J.G.:
Acabas de poner el dedo en una de las llagas más dolorosas de la ciudad. Eso es un acto absolutamente irresponsable e insensato. En la Avenida del Malecón y la ruta que sale hacia Barranquilla hay nueve construcciones de grandes hoteles.  Claro, es excelente que le den empleo a la gente. Pero, dónde están las nuevas vías, dónde está la ampliación de los servicios públicos. ¡No hay nada!

Semana.com: Salgamos de Cartagena. Colombia está literalmente en paro, y al presidente Santos algunos críticos le reclaman más acción, más presencia. ¿Hace falta una figura más paternal como la del expresidente Uribe?

J.G.: En eso no hay que equivocarse. El asunto está en que el gobierno de Uribe lograba cohibir más las protestas. En cambio este gobierno dio más espacio para que la gente sacara, más que indignación, unos sentimientos reprimidos.

Semana.com: ¿Ve a Santos contra las cuerdas?


J.G.: Yo lo veo confuso y errático, dando bandazos.

Semana.com ¿Es optimista o pesimista con los diálogos de La Habana?

J.G.:
Un periodista es un escéptico bien informado. Yo soy de los que desea que lleguen a acuerdos respetables y que sean respetados. Pero mucho me temo que con tal de tener la reelección, puedan llegar a cualquier cosa.

Semana.com: El ministro de Salud Alejandro Gaviria, se exaltó en Twitter por su denuncia sobre los precios de los medicamentos, y luego aceptó que se había excedido en la forma de haberse referido a usted. ¿Cómo se sintió con ese episodio?


J.G.: No tiene ninguna importancia el tema personal. Mi madre repetía una frase: todo el que se mete de Cristo termina crucificado. Lo que yo escribí no es nada nuevo, hay que preguntarle a la gente, ahí está todo. Lo que verdaderamente importa es por qué en Colombia son tan costosos los medicamentos comparados con otros países.

Semana.com: Como la rabieta del ministro ocurrió en Twitter aprovecho para preguntarle, ¿qué opina de esa red social?

J.G.: Me parece buena porque se ha convertido en el libertador de la comunicación.

Semana.com: ¿Y cómo se enteró de los tweets del ministro?

J.G.: Para poder verlos tuve que buscar la ayuda de mi nieto que tiene 8 años. Fue él quien me condujo como los ciegos por el mundo de Twitter.

Semana.com: Qué tal si se anima y abre una cuenta.

J.G.: Por mi eterna estupidez tecnológica no sé manejar eso. De hecho hay alguien que en Twitter se llama como yo, pero no soy yo. Y a veces me muestran sus tweets y es tan bueno, que quisiera ser yo.

Semana.com: A pesar de todos los problemas de la ciudad, su vida en Cartagena es envidiable.

J.G.:
Era la vida que había calculado desde joven. Este era el lugar que yo quería para mi vejez. Escribo desde las 4:30 a. m. hasta la 1.00 p. m. Almuerzo y hago una siesta, que según dijo alguna vez Winston Churchill, “es el mejor invento que han inventado los latinoamericanos para la civilización”. A las 5: 00 p. m. me voy a caminar 5 kilómetros por la bahía y veo el atardecer todos los días. Y luego, en el balcón de mi casa, nos reunimos con mis amigos a tomar jugo de patilla.

Semana.com ¿Publicará pronto alguna novela?

J.G.: Llevo años de años tratando de escribir la novela de la historia de los árabes en el Caribe colombiano. Yo he roto como quince versiones de esa novela. ¿Cuándo la tendré lista? No lo sé.
Semana.com ¿En qué consiste su proceso creativo?

J.G.: Yo escribo y Margot rompe. Es un crítico implacable, pero también es una voz de aliento, cuando una cosa le gusta lo dice.

Semana.com: Qué libro le recomienda a los lectores...

J.G.: Yo en estos tiempos me he dedicado a releer los libros que en la vida me han gustado.

Semana.com: Entonces recomiéndenos uno de esos que ha releído.

J.G.:
La biografía de Fidel Castro escrita por Carlos Franqui, el periodista cubano que fue su compañero de revolución.

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