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| 9/28/2013 4:00:00 AM

Verdes y progresistas, ¿amor o conveniencia?

Con la fusión de ambos partidos se perfila una posible tercería. Los más beneficiados parecen ser Petro y Navarro.

Para que un partido sobreviva en Colombia tiene que superar el umbral de votos, que en la actualidad es de 450.000. Ni el Partido Verde ni el movimiento Progresistas tienen esa cifra individualmente. Por eso, la semana pasada se fusionaron. El Partido Verde en las últimas elecciones al Congreso obtuvo 528.000 votos. Pero desde ese momento ha perdido la votación de Gilma Jiménez, quien falleció y representaba 207.000 votos. 

También la de Alfonso Prada, quien se acaba de retirar por rechazo a la fusión y cuya lista había sacado 150.000 votos en 2010. Tampoco están presentes Antanas Mockus, Sergio Fajardo ni Lucho Garzón, cuya presencia le daba una imagen de solidez y carisma a esa colectividad. Por lo tanto el partido que encarnó la ola verde ya no es lo que fue hace cuatro años. El único símbolo identificable que tiene es Enrique Peñalosa quien, aunque cuenta con un prestigio considerable, nunca ha sido muy apreciado dentro del partido y ha perdido las últimas tres elecciones.

Por el lado de los Progresistas la situación no es más alentadora. Para empezar, no tiene personería jurídica y por lo tanto no se podría presentar a las elecciones si no es colinchado a un partido que sí la tenga. Por otra parte, carga con el desprestigio de su fundador, el alcalde Gustavo Petro, quien no supera el 30 por ciento de favorabilidad. La cara de mostrar es Antonio Navarro, quien a pesar de su pasado guerrillero, cuenta con una buena hoja de vida dentro del sistema y una buena imagen.
 
Lo sorprendente es que esta fusión de dos minusválidos está generando cierto entusiasmo y algunas expectativas de tercería. Esto obedece principalmente a la aceptación que tienen los nombres de Peñalosa y Navarro, que son los que le dan vida en este momento a sus respectivas fuerzas políticas. Ante el desplome del apoyo al presidente Juan Manuel Santos y la probable selección de su primo Francisco como candidato del uribismo, no hay duda de que en Colombia hay espacio para una alternativa política que se cuele por la mitad de esas dos vertientes. 

Y si algo ha quedado claro es que los únicos tres nombres posibles para enarbolar esa alternativa serían Peñalosa, Navarro o Clara López. Los dos primeros irían a una consulta interna para escoger al ganador. Y Clara López irá por su lado como candidata del Polo Democrático. 

En la fusión de esos partidos el que parece tomar ventaja es Progresistas, a pesar de que su nombre no quedó incluido en el naciente partido Alianza Verde. Seguramente ese aspecto, que no es meramente cosmético, será un motivo de discusión en los próximos días. 

Pese a ello, como parte del acuerdo que por mayoría aprobaron los verdes en el congreso que se celebró la semana pasada, entrarán 15 representantes progresistas a la dirección del partido, de los 31 que la integran. Ese hecho supone una ganancia para los copartidarios de Petro con la que no contaban. (Aunque hay que aclarar que una dirección con más de 30 personas por definición no funciona y solo se hizo para darles contentillo a los coroneles de cada ala política). 

Además, la mayoría de los 1.200 delegados apoyó una propuesta para rechazar una eventual revocatoria del alcalde Petro. Para un movimiento que no tenía personería jurídica y que estaba atravesando un momento de debilidad política acabar de accionista con el 50 por ciento de la alianza verde es sin duda un gran negocio. 

Por el contrario, el Partido Verde se ve más absorbido que absorbente. Peñalosa, quien tiene una intención de voto importante (está solo a 7 puntos de Santos en un escenario de segunda vuelta, según la reciente encuesta de Ipsos) se encuentra algo desubicado dentro de las toldas verdes. Directivos como John Sudarsky y Ángela Robledo no lo apoyan y su único gran aliado era el representante Prada, quien ya dijo que no iría al Congreso. 

Aunque en teoría la semana pasada se aprobó también una consulta para escoger el candidato, está por verse si esta se va llevar a cabo. De hecho, Navarro envió una carta al congreso verde en la que sugirió buscar un mecanismo distinto o por lo menos aplazar la decisión hasta noviembre cuando se sabrá si Santos buscará la reelección o no. 

Para Peñalosa la consulta no es negociable y la ha presentado prácticamente como un tema de honor. Su insistencia produjo la aprobación la semana pasada, pero no se descarta que Navarro busque un mecanismo diferente como una convención del nuevo partido o un dedazo. A eso no le jalaría Peñalosa. 

De todas formas es difícil que un mano a mano entre Peñalosa y Navarro salga bien, pues representan causas no solo distintas sino en algunos casos opuestas. El primero ha sido un duro crítico de Petro y el segundo su compañero. El triunfo de uno de ellos no significa automáticamente el apoyo de las tropas del derrotado. 

No obstante, si va a haber una tercería para enfrentar el mano a mano Santos versus Santos, tendría más lógica que fuera una alternativa de centro izquierda ya que los Santos están en el centro y la derecha. En ese escenario Navarro es más identificado con esa ideología aunque es posible que Peñalosa sea más de izquierda que él, como lo demostró el énfasis en lo social que tuvo su alcaldía. 

A pesar de todas estas incongruencias e ‘imperfecciones’, la Alianza Verde se va a convertir en un foco de oposición al gobierno. Es probable que otras figuras políticas como el exgobernador del Atlántico Eduardo Verano, el líder indígena Feliciano Valencia, el economista José Antonio Ocampo o la analista Claudia López, entre otros independientes, se le sumen a esa causa. Lo que queda por verse es si la suma de todo esto se quedará haciendo solo oposición o llegaría a convertirse en una segunda ola verde. 
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