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| 12/5/2015 8:00:00 PM

Vías para los olvidados

La falta de carreteras ha perpetuado la guerra y la pobreza en las regiones más aisladas del país, y les ha dejado a los grupos armados ilegales el espacio libre para imponer su ley.

Trescientas mujeres de Barbacoas, Nariño, se declararon en abstinencia sexual durante 114 días entre junio y octubre de 2011. ‘Cruzaron las piernas’ como forma de protesta contra el pésimo estado en el que se encontraba la única vía que los unía con el resto del país: un trazo conocido como Junín-Barbacoas; 56 kilómetros de carretera destapada que los aisló, los convirtió en blanco de los grupos armados ilegales, les multiplicó la corrupción, los empobreció. Cuando el gobierno se comprometió a hacer las obras, las mujeres desistieron de la protesta. Hoy, cuatro años después, apenas ha cumplido parte de esa promesa.

A Barbacoas se puede llegar en lancha desde Tumaco, en un recorrido de siete horas. La otra alternativa antes de la rebelión femenina –cuya filosofía es “no tener sexo para no parir hijos condenados a vivir en el aislamiento y la pobreza”– era llegar por la vía Panamericana hasta el municipio de Junín y, a partir de ahí, adentrarse en un recorrido de entre 15 y 20 horas por la trocha en peor estado y más peligrosa del país.

Hoy ya están pavimentados 9,4 kilómetros. Los ingenieros militares, los únicos capaces de ejecutar las obras mientras resisten la presión de los armados, hicieron la obra. Hace cuatro meses estos la atacaron por última vez. Francotiradores de las Farc emboscaron a los trabajadores en la vía: un soldado murió y otros dos resultaron heridos. “Ellos no distinguen entre un soldado constructor y uno combatiente”, señala el coronel Rodrigo Cepeda Ascencio, director de consolidación del Ejército Nacional.

“El peor enemigo de los grupos al margen de la ley es una carretera pavimentada”, dice el mayor general Fernando Pineda Solarte, jefe de ingenieros del Ejército. Y esa es la historia de Barbacoas. Allí se han unido la desidia estatal y la corrupción de los privados con la resistencia de los grupos armados que prefieren que el pueblo siga pobre y aislado para someter a sus habitantes, para explotar su oro, para tener el control territorial (Barbacoas tiene una ubicación estratégica para el narcotráfico: está en zona fronteriza con Ecuador y tiene salida al mar). Todos los grupos armados y bandas delincuenciales están o han estado allí, en una guerra a muerte por esas tierras: las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, las Farc, el ELN, los Rastrojos, las Águilas Negras.

La realidad de Barbacoas se replica en decenas de regiones del país. Regiones aisladas, con vías lamentables, donde los campesinos no pueden sacar sus productos; donde no hay escuelas, hospitales ni organismos de justicia; donde los armados han implantado su ley. La organización Paz y Reconciliación hizo un índice de vulnerabilidad en el posconflicto, y estableció que 271 municipios (de los 1.102 del país) tienen una “vulnerabilidad extrema” por su posición geográfica, por su aislamiento, por el estado de sus vías terciarias (trochas que comunican las veredas con el casco urbano). Se estima que en el país hay entre 130.000 y 200.000 kilómetros de estas vías, y solo unas 7.000 están pavimentadas. La firma de la paz con las Farc plantea un reto enorme para conectar a esas regiones y rescatarlas del abandono.

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