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| 5/19/2017 10:46:00 AM

Pence, el alfil de Trump que visitará Colombia

El presidente Santos anunció que el vicepresidente de Estados Unidos estará en el país en agosto. El ultraconservador es uno de los hombres más influyentes, así como controvertido por sus ideas homofóbicas.

Después del apretón de manos entre el presidente Juan Manuel Santos y su homólogo Donald Trump vino otro no menos importante. Este viernes el jefe de Estado colombiano asistió a un desayuno en la residencia de Mike Pence, el vicepresidente de Estados Unidos. El encuentro fue privado, sin embargo antes de entrar Pence dio pistas sobre los temas que tratarían: comercio y asociación económica.

Pero la verdadera noticia se dio cuando terminó el desayuno privado. Santos anunció que invitó a Pence al país y él aceptó. “Va a ir a Colombia en agosto y se puso a nuestra disposición para ayudar en todo lo que sea necesario para fortalecer esa relación", declaró el mandatario a los periodistas.

"Le agradecí muchísimo y le dije que lo esperábamos con los brazos abiertos, porque realmente se ha convertido en un gran aliado de Colombia dentro del gobierno norteamericano y eso es muy importante para los colombianos", agregó.

Según el propio Santos, las relaciones con Pence empezaron con pie derecho desde que asumió el cargo en la Casa Blanca. “El vicepresidente tuvo la deferencia de llamarme, recién elegido, a decirme: Usted es el primer mandatario al que yo llamo para decirle: Estamos a su disposición, y que este gobierno, el Gobierno Trump, quiere trabajar con Colombia”, contó el presidente antes de viajar a Washington.

Concretar este viaje fue un logro que Santos anunció de primera mano, pues aunque no pudo comprometer a Trump con un apoyo contundente al proceso de paz más allá de la lucha contra el narcotráfico, sí logró convencer al segundo al mando de visitar el país. El viaje del vicepresidente será la oportunidad que tendrá el mandatario para mostrar sus cartas y convencerlo de abogar para que Estados Unidos, bajo la administración Trump, le de la ‘bendición’ a la implementación del acuerdo.

Pence es quien ha estado más concentrado en estrechar relaciones con Latinoamérica. Por ejemplo, en junio próximo tendrá una reunión con los presidentes del Triángulo Norte de Centroamérica, integrado por Guatemala, El Salvador y Honduras, para abordar aspectos de seguridad y migración.

El vicepresidente de Estados Unidos es una ficha clave en el entramado del gobierno de Trump, más ahora que atraviesa una tormenta política por las supuestas revelaciones confidenciales que hizo al jefe de la diplomacia de Rusia, y que se ha despertado la necesidad de esclarecer el abrupto despido de director del FBI James Comey. En los pasillos ha rondado la posibilidad de que Trump sea destituido de su cargo, aunque en la práctica pueda ser una misión imposible. Y de lograrse Pence heredaría el poder, por eso vale la pena repasar su carrera política y sus ideas.

Lea: Putin propone revelar el contenido de la conversación entre Trump y Lavrov

¿Un verdadero peligro ultraconservador?

Católico convertido al evangelismo, Pence es "un cristiano, un conservador y un republicano, en ese orden", según sus propias palabras. No hace ningún esfuerzo por esconder su apego a lo que considera los valores tradicionales de la familia ni su hostilidad hacia aborto y el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Incluso ha abogado por gastar fondos públicos en su estado en lo que se conoce como terapia de conversión, dirigida a cambiar el comportamiento sexual de los gays. En otras palabras, cree que la homosexualidad es una enfermedad que puede curarse.

En el 2015 Pence capturó la atención en su país por cuenta de la ley estatal de Restauración de la Libertad Religiosa, que permitía que los comercios y restaurantes vetaran como clientes a las parejas gays invocando su fe. Las protestas lo obligaron a rectificar para aprobar una enmienda que prohibía la discriminación.

También, entre otras perlas, firmó otra ley que prohíbe abortar en ciertos casos, ha votado en contra del salario igualitario y bloqueó fondo para los refugiados sirios que llegan a Indiana. No cree en la efectividad de los condones y está en contra de los centros de planificación familiar.

Ha llegado a decir que quisiera relegar a “la pila de cenizas de la historia el caso Roe contra Wade”, el fallo emblemático que estableció el derecho al aborto en Estados Unidos. De hecho, por cuenta de esas posturas numerosas mujeres, entre ellas celebridades como Katy Perry, están haciendo donaciones para Planned Parenthood (una organización que se dedica a la planificación familiar) a nombre de Pence en un gesto irónico.

Aunque en su momento cayó en oídos sordos, pues muchos descartaron sus palabras como retórica de campaña, la derrotada Hillary Clinton lo advirtió con todas sus letras al calificarlo como "la opción más extrema de esta generación" y un hombre "profundamente divisivo".

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Un republicano ortodoxo

Abogado de profesión, se desempeñó durante años como conductor de programas de radio gracias a su voz grave y pausada, sin nunca elevar el tono. Aunque hoy no es reconocido por su carisma y se considera más bien de bajo perfil, en el debate de vicepresidentes exhibió la habilidad oratoria que forjó en esos años.

Estuvo durante más de una década en el Congreso, lo que le dejó buenas conexiones en Washington, donde abogó entre otras por restrictivas leyes migratorias y una agenda social ortodoxamente conservadora. Desde 2013 es el gobernador de su estado, un fortín republicano eminentemente agrícola en el Medio Oeste.

Lo escogieron para lograr que la elite del partido, los evangélicos y los ultraconservadores se tragaran el sapo que representaba Trump. Estos grupos, con frecuencia entrelazados, nunca vieron al magnate neoyorquino como un candidato soñado, pues en el pasado apoyó a demócratas, fue abierto en temas como el aborto y carga demasiados divorcios y escándalos sexuales encima.

Pence, por el contrario, lleva casado más de 30 años con su esposa, tiene tres hijos y no se le conocen escándalos personales. Le aporta al presidente electo sus credenciales conservadoras y una experiencia política clave para apoyarse en el Congreso, también de mayoría republicana.

A pesar de su papel de telonero en el espectáculo en que Trump convirtió la campaña, no le ha temblado esa voz grave y pausada para mostrarse en desacuerdo con el magnate. Incluso aseguró, en medio del escándalo por la grabación en la que decía que podía tocar las mujeres donde le diera la gana, que no lo podía defender.

Además, otros puntos los separan, particularmente la política comercial. Como congresista votó a favor de todos los tratados de libre comercio que se propusieron, así como el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), temas en los que la oposición de Trump es total. Pero eso no ha impedido su ascenso.

El hombre fuerte

De entrada, Pence ha pasado a encabezar el equipo de transición. “Está emergiendo como una figura dominante en la administración que está tomando forma, así como el principal conducto entre el Capitolio y la Casa Blanca”, explica The New York Times.

Como compañero de Trump cumplió su misión de construir puentes con la dirección del Partido Republicano, y se sabe que muchos en sus toldas preferirían tenerlo al mando. Sin siquiera haberse posesionado, varios analistas apuntan que, ante el desdén del magnate frente a muchos asuntos, será el vicepresidente más poderoso de la historia. Algunos lo asemejan a Dick Cheney, el influyente número dos de George W. Bush. Otros sostienen que son tantos los líos de Trump que bien podría no terminar su periodo, renunciar o ser impugnado incluso por su propio partido, y cederle su lugar.

Por increíble que parezca, a pesar de su misoginia y racismo, la verdadera pesadilla de los liberales en Estados Unidos no es Trump sino su segundo a bordo, y podrían terminar haciendo fuerza para que el magnate no deje el puesto tirado por nada del mundo.

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