CRÓNICA

Víctimas en Bogotá piden al papa abogar por ellas ante el Gobierno

Alrededor de 200 víctimas del conflicto armado esperaron durante horas al papa. Querían recordarle que aunque están dispuestas a ‘dar el primer paso’ hacia el perdón, el país debe seguir trabajando por una reconciliación verdadera.    

GoogleSiga las noticias que marcan la agenda del país en Discover y manténgase al día

7 de septiembre de 2017 a las 3:31 a. m.

Más de 8 millones de víctimas en Colombia buscan superar las heridas del conflicto. El vacío que les dejó la pérdida de seres queridos, proyectos de vida truncados o daños psicológicos, no es fácil de llenar. Las víctimas quieren sentirse reconocidas y reparadas, que les devuelvan sus tierras y que les digan dónde están los desaparecidos. Por eso, en un acto de reivindicación más que de peregrinación apostólica, los líderes de todas las Mesas Distritales de Participación Efectiva de Víctimas de Bogotá llegaron este miércoles a la calle 26 para esperar al papa.

“Las personas afro siempre estamos en esa diáspora de ir y venir. Viajamos a muchos territorios esperando encontrar un hogar, pero al encontrar tanta violencia no tenemos manera de estabilizarnos. Yo represento una gran cantidad de mujeres afro que estamos solas con nuestros hijos en Bogotá. Somos víctimas de violencia, víctimas de mafias y también de la mala administración de un Gobierno que no nos ve.  Con la visita del papa estamos a la expectativa, pues como dicen ‘Ni la hoja de un árbol se mueve sin la voluntad de Dios’. Si él está hoy aquí es porque tiene una misión que cumplir con este país. Esperamos que algo bueno ocurra”. Maryury Valencia, integrante de la Mesa de Víctimas de Puente Aranda (Foto Mónica Jaramillo Arias).

Desde las dos de la tarde y bajo un sol inclemente, fueron llegando una a una. La comunidad indígena embera chamí de Risaralda resaltaba con sus trajes típicos: familias enteras con niños en brazos que, aún en medio del ambiente festivo, se negaban a dejarse retratar por periodistas.

Al grupo de al menos 200 víctimas se sumaban también afrocolombianos, raizales, mujeres en situación de vulnerabilidad, campesinos y excombatientes. Todos colombianos que sufrieron la guerra en carne propia y que, a diferencia de los miles de feligreses que abarrotaban las calles, esperaban a Jorge Mario Bergoglio con un poco de escepticismo. ¿Por qué? No es porque al líder del Vaticano le falten méritos, sino porque aseguran que la razón de su visita a Colombia está atravesada por la política y, como a cualquier político, le guardan recelo hasta ver qué cumplen y qué no.

“Su santidad: la mesa local de víctimas de Ciudad Bolívar, localidad 19 le da la bienvenida y espera que su estadía en Colombia sea placentera… abogue ante el Gobierno por nosotros y por la vivienda gratuita. También por los proyectos productivos a corto y largo plazo”, se podía leer en una de las pancartas que sostenían un grupo de mujeres a la altura de la calle 26 con carrera 24. 

“Las cosas fueron muy difíciles al llegar a Bogotá. Llegamos a Ciudad Bolívar y en ese momento las Farc nos mandó panfletos porque operaban ahí. Nos tocó salir corriendo. Tiempo después, la Unidad de Víctimas dijeron que nos iban a dar una vivienda gratis y ahora debo 120 millones de pesos. Hoy sobrevivimos seis personas con 800 mil al mes. Estamos aquí porque queremos pedir ayuda al Santo Padre, realmente no sé cómo estamos sobreviviendo”. Salomón Cortés, excombatiente, agente de la Policía, herido en combate (Foto: Mónica Jaramillo Arias). 

Un día antes de su llegada, Francisco había trinado: “Queridos amigos, por favor rueguen por mí y por toda Colombia donde iré de viaje en búsqueda de reconciliación y la paz en ese país”. Aunque desde meses atrás la Iglesia se había empeñado en aclarar que su llegada no tendría un tinte político, con esa contundente frase Francisco dejó claro el principal objetivo de su visita: ayudar a reconstruir la paz en un país que por más de 50 años ha vivido bajo el flagelo de una guerra indiscriminada.

Cuando el papa pasó por fin frente a ellas, el grupo de víctimas se levantó de sus sillas y gritó, “¡que viva la paz, que viva la paz!”. Con la esperanza de que Francisco, el papa del pueblo, les dedicara más que un saludo. Ante la fugaz  bienvenida, varios terminaron decepcionados. Era evidente que en medio de la espera y ante la jauría de periodistas, las víctimas querían más que un saludo para recordarle al vicario de Cristo que aunque están dispuestas a ‘dar el primer paso’ hacia el perdón, el país debe seguir trabajando por una reconciliación verdadera.   

Ellas no olvidan a sus muertos y guardan la esperanza de que el Estado les devuelva el pedazo de tierra del que fueron despojados.

“Hace más de seis años fuimos desplazados. Hoy somos 28 familias de la comunidad. Niños y mujeres estamos sufriendo aún el conflicto armado. Queremos que el Gobierno nos de una buena condición. No tenemos territorio, casa, ni donde comer. Estamos aguantando hambre. Necesitamos mejorar nuestra calidad de vida. Participamos en la visita del papa porque queremos que él traiga paz a Colombia”. Arnobio Kiragama Chalarka, vocero indígena de la Comunidad Embera Chamí, desplazado del municipio de Pueblo Rico, Risaralda.