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| 10/16/2010 12:00:00 AM

Vida y Obra

Algo tardía, pero muy justamente, María Elvira Samper recibió la máxima distinción del periodismo en Colombia.

Cuando se anunció que María Elvira Samper había ganado el premio Vida y Obra de periodismo Simón Bolívar, la reacción inicial fue parecida a la que tuvo el Nobel de Mario Vargas Llosa: se pensaba que como lo debía haber ganado hace algunos años, ya no se lo iba a ganar nunca. Por eso, el sentimiento en el gremio periodístico fue de euforia y de justicia por ese reconocimiento tardío.

Porque María Elvira Samper ha tenido una particularidad en su carrera: ha trabajado de forma incansable, sin buscar ninguna figuración. Los periodistas, con frecuencia, son pantalleros y esto los convierte en protagonistas. La discreción de María Elvira siempre marcó un contraste con esa actitud.

Según Plinio Mendoza, su carrera comenzó hace 29 años cuando, sin experiencia previa en la prensa escrita, él le ofreció ser jefe de redacción de la nueva revista Semana. "Yo no soy periodista, le contestó ella en ese momento Lo que estudié fue Filosofía y Letras". Plinio, que no cree en los diplomas sino en el talento, la contrató inmediatamente.

A partir de ese momento, comenzó una carrera que ha durado 30 años y que se ha traducido en éxitos tanto en prensa escrita, como en televisión y radio. En Semana participó desde su fundación y durante más de 10 años se convirtió en lo que se podría denominar el centro delantero del equipo periodístico. No necesariamente la que metía los goles, sino la pieza clave que permitía que toda el engranaje funcionara.

En 1992, con su colega María Isabel Rueda, Enrique Santos Calderón y Julio Andrés Camacho, montaron el noticiero QAP, que de inmediato revolucionó la presentación de las noticias en el país. Con gran agilidad periodística y visual, se convirtió durante el gobierno de César Gaviria en el órgano audiovisual más influyente de Colombia.

Su posición vertical y radical frente al proceso 8.000 le granjeó al informativo un enorme prestigio, pero eventualmente desembocó en la salida del noticiero del aire como retaliación del gobierno. En su discurso de aceptación del premio la semana pasada la periodista hizo referencia a ese episodio en los siguientes términos "la crisis del 8.000 significó un nuevo debate sobre el papel de los medios... la prensa tomó posición y cavó trincheras. Ese fue paradójicamente, su mayor acierto y su más grave error.

Ella misma se denomina una "rebelde sin causa". Pero por herencia no podía ser de otra forma. Su abuelo, Luis Eduardo Nieto Caballero, fue una de las plumas más ilustres e independientes del país en la primera mitad del siglo XX. Su madre y sus tías fueron conocidas como las 'Policarpas' por la resistencia que hicieron sin concesiones a la dictadura de Rojas Pinilla. De su primer trabajo como profesora de Filosofía en el colegio de Colsubsidio fue despedida por "anarquista". Esa destitución fue absurda e injusta, pero ese rasgo, el de anarquista en el buen sentido de la palabra, ha sido una de las principales razones por las cuales el jurado del Premio Simón Bolívar le otorgó el más alto reconocimiento que la profesión del periodismo tiene en el país.

María Elvira es ante todo una mujer de principios. El acomodamiento o el pragmatismo no son sus atributos. Nunca ha tranzado ni con la corrupción ni con el clientelismo. Los abusos del poder le generan una indignación como si los sintiera en carne propia. Rodrigo Pardo, al describirla como presidente del jurado, anotó: "Ama su trabajo, y en ella la consagración, el rigor y la verticalidad son tan naturales como el acto de respirar".

La última etapa de su carrera fue para ella particularmente dolorosa. Habiendo posicionado, al lado de Rodrigo Pardo, la revista Cambio como un referente obligado de la opinión colombiana, el abrupto cierre de la publicación le propinó algo que no podía ser descrito sino como un golpe en el alma. La gran ovación de que fue objeto en el momento de recibir el premio en la Universidad Jorge Tadeo Lozano fue, de cierta forma, un desagravio colectivo de ese episodio. Con la frente en alto y la misma sencillez de siempre, esta veterana periodista con cara de niña, reflejó en ese momento todas las virtudes del periodismo colombiano.
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