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| 5/17/2008 12:00:00 AM

Vida de perros

La increíble historia de una familia que ha perdido cinco miembros a causa de la venganza de un hombre por la muerte de dos canes.

Los Durán Zúñiga son quizá la familia más famosa de Barrio Nuevo, un populoso sector al suroccidente de Palmira. Pero ese reconocimiento es el doloroso fruto de seis años de lágrimas y muerte que tiene cinco de sus miembros bajo tierra; 12 en el exilio, tres de ellos con heridas imborrables, y uno preso.

Su tragedia se inició el 15 de diciembre de 2001 cuando los hermanos Óscar y Jairo Solarte Zúñiga, de 15 y 16 años de edad, armaron un ‘picadito’ en la cancha de fútbol de la zona. Para llegar al escenario recorrieron varios metros por la línea férrea que limita con los patios de una decena de casas invasoras. De esos solares salieron dos feroces perros pitbull, que se aferraron de un bocado al brazo de Óscar. La ira de los canes culminó segundos después cuando Jairo, sin titubear, apuñaló el par de animales con los clavos que sujetan los rieles a las traviesas del ferrocarril.

El brazo de Óscar sangraba, pero no corría peligro, en cambio su vida, la de su hermano y la de José Ítalo Corrales Zúñiga, tío que acudió a auxiliarlos, sí estaban en riesgo. Ellos no lo sabían, pero las amenazas de muerte que vociferaba el dueño de los perros se harían realidad.
En efecto, el 31 de enero de 2002, 45 días después del incidente, todo cambió. En esa fecha fue asesinado José Ítalo; al día siguiente, durante su velorio, el turno fue para su sobrino Óscar, y un mes después la víctima sería Fernando Zúñiga, tío de los Solarte y testigo de uno de esos crímenes.

La racha de asesinatos contra la familia Durán Zúñiga se reactivó en marzo de 2003, al ser baleado Jairo Corrales, el menor que mató a los dos perros. Y siguió en enero de 2008 con el crimen de Fernando Zúñiga. En 2007 tres de sus hermanos sufrieron atentados, el más grave el 11 de noviembre, cuando un hombre moreno disparó cinco veces contra Florentino Durán Zúñiga. Pese a la gravedad de las heridas, Florentino se salvó y es quien desde la clandestinidad lucha porque sean capturados los responsables y además, pide protección a las autoridades.

Aunque tocó las puertas de la propia Presidencia de la República, la Defensoría del Pueblo y la Fiscalía, en la actualidad se esconde en una población del Valle, sin ayuda. Incluso, expuso su caso en vano ante las embajadas de Francia, España y Canadá. Por fortuna para él, en su natal Palmira, ciudad donde trabajaba como supervisor de ventas en Leche Andina, lo dan por muerto. Igual cosa pasa con varios de sus hermanos constructores que están dispersos en la región; uno de ellos fuera del país y otro preso acusado de matar a un hijastro del dueño de los pitbull.

Lo curioso de la historia de los Durán Zúñiga es que en varios documentos en poder de la Fiscalía, a los cuales tuvo acceso esta revista, figura el nombre del supuesto responsable de todos esos hechos y tiene abierta una investigación por presunto homicidio, tráfico y porte de estupefacientes: se trata de José Heriberto Díaz Gómez, alias ‘Heri’, el propietario de los perros, quien al parecer cumplió sus amenazas y sigue libre.

El propio Florentino explica que el odio de alias ‘Heri’ hacia él y su familia, “consiste en que además de denunciarlo por la muerte de mis parientes, lo señalamos como expendedor de droga”. Esa afirmación es respaldada por vecinos de Barrio Nuevo consultados por SEMANA. Pero Heriberto tiene otras denuncias por otros crímenes, entre ellos el de Andrés Vélez Moreno, amigo de los Durán Zúñiga y quien sería testigo de uno de los asesinatos. Esta revista también supo que actualmente la Sijín Valle le sigue la pista al supuesto homicida y expendedor de alucinógenos.

Por ahora, los 12 miembros de la familia Durán Zúñiga que aún viven están condenados a la clandestinidad, sin duda llevan una vida de perros por culpa de un par de canes asesinos.
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