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| 2/5/2006 12:00:00 AM

Villa discordia

El Ministerio de Cultura quiere transformar el antiguo Gran Vatel en un complejo comercial. El problema: iría en contra de las normas de la ciudad.

Entre la zona financiera de la avenida de Chile y la nueva zona G está uno de los terrenos más valiosos de Bogotá: Villa Adelaida, una casona de influencia europea que el educador y fundador del Gimnasio Moderno, Agustín Nieto Caballero, le encargó al arquitecto vanguardista Pablo de la Cruz, en 1917.

Bautizada en honor a su esposa, la casa está hoy como testimonio del que fuera uno de los barrios más hermosos de Bogotá, que fue reemplazado en buena medida por grandes edificios de oficinas y apartamentos. La mayoría conoce la casa, ubicada en la calle 70, entre carreras séptima y quinta, como El Gran Vatel, por el nombre del famoso restaurante que funcionó entre 1979 y 1999. Allí también tuvo su sede el Varón Club por varios años y fue por más de 30 años la casa de la familia Camacho. Desde hace 14 años está abandonada.

Pronto tendrá una nueva oportunidad. Esta semana el Ministerio de Cultura expedirá un Plan Especial de Protección, que busca garantizar la restauración, la conservación y el futuro de este monumento nacional por medio del desarrollo de un gran proyecto arquitectónico. Sin embargo, y aun sin ser expedido, esta iniciativa está generando un enfrentamiento entre Bogotá y la Nación.

La razón: el Ministerio, alegando derechos legales, piensa pasar por encima de la reglamentación vigente de esta zona de la ciudad al autorizar un centro comercial cinco veces mayor que el área permitida.

El proyecto contempla unos 24.000 metros construidos en los 6.400 metros cuadrados que tiene el predio y una inversión cercana a los 80.000 millones de pesos. La casa, ubicada sobre la carrera séptima, será restaurada y posiblemente será la sede de uno o dos restaurantes. En la parte restante del predio se construirán tres sótanos de 371 parqueaderos; los locales comerciales que no deben tener una altura superior a la de la casa, y al final, sobre la carrera quinta, un hotel de unos siete u ocho pisos. Según los diseñadores y constructores, quienes contrataron un estudio de movilidad, no se afectará el tránsito de la carrera quinta y ayudará a cubrir la enorme demanda de parqueo que hay en la zona.

"Es un proyecto que resalta esa gran joya de Bogotá y le quita la amenaza de que se construya un gran edificio de oficinas o apartamentos al lado, que terminarían por ocultarla. La mejor planificación para este tipo de obras es través de proyectos y no de normas", dijo Nora Aristizábal, gerente de Contexto Urbano, compañía que ha liderado la propuesta.

Pero lo que está en el papel como salvavidas para Villa Adelaida se puede convertir en una espada de Damocles para éste y los otros 168 bienes de conservación nacional que hay en Bogotá. El caso más polémico es el del centro comercial. Mientras que la normativa de la ciudad para esa zona sólo permitiría hacer uno vecinal (hasta 500 metros cuadrados vendibles), María Claudia López, directora de Patrimonio del Ministerio, alega que "por la vocación del predio y las necesidades del sector estamos seguros de que podemos dar una mayor escala, de hasta 6.000 metros cuadrados, porque la norma vigente no procede para este lote. Además, no conozco ningún centro comercial que tenga 500 metros cuadrados".

Para la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá, si el Ministerio expide este plan, abriría las puertas para que propietarios y constructores se salten las normas del Distrito y hagan todo tipo de barbaridades bajo la disculpa de proteger el patrimonio de los colombianos. De hecho, el Ministerio también está empezando a trabajar en planes para la Estación de la Sabana y el apetecido Seminario Mayor, en el que ya hay una propuesta para desarrollar un centro de convenciones y edificios de oficinas."No dudaremos en demandar el plan porque además de violar la Constitución, al no respetar la autonomía que tienen los concejos para reglamentar el uso de la tierra, afecta la movilidad, la seguridad y la calidad de vida de los residentes", dijo Juan Luis Moreno, director de la Sociedad.

Lo que también está en juego es la rentabilidad del proyecto. Mientras que el metro cuadrado para vivienda sería de un máximo de 3.600.000 pesos, y el de oficinas, 6.000.000 de pesos, en comercio oscilaría entre 20 y 30 millones. Además, el Ministerio parece ignorar que a menos de dos cuadras está a punto de ser aprobada la construcción del centro comercial Quinta Avenida.

Catalina Velasco, directora de Planeación Distrital, dijo que si bien formalmente aún no ha recibido el plan, sí lo conocen. Recalcó que el Ministerio de Cultura no puede expedir el plan sin contar con los vecinos y sin coordinar su expedición con Planeación, "y eso, creo, no ha sucedido. Por eso es necesario trabajar coordinadamente, pues considero que para tomar decisiones en el territorio de Bogotá se debe contar con Bogotá. Debido a los impactos que puede causar en movilidad, congestión y espacio público en la zona, es necesario llegar a puntos de acuerdo y desarrollar un plan de mitigación".

Nadie discute la importancia de recuperar a Villa Adelaida y preservarla para la historia, ni mucho menos la participación de la empresa privada. Las dudas están centradas en si la Nación puede pasar por encima de la ciudad. De por sí ya lo ha intentado en temas tan sensibles como la concesión de El Dorado, los cerros orientales y los peajes urbanos.

Sin duda, el Ministerio tiene el prestigio y la idoneidad para proteger y restaurar los bienes de patrimonio, pero poca autoridad y competencia para definir el uso del suelo en todos los municipios donde están. El reto para Bogotá es evitar que quede un mal precedente que después sea utilizado para saltar sus normas. Ojalá entre la Nación y el Distrito encuentren el mejor camino, por el bien de la memoria histórica del país. n
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