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| 8/9/2011 12:00:00 AM

Violencia contra la mujer: el problema más allá del caso 'Bolillo'

Todos los días cientos de mujeres son víctimas del maltrato de su pareja. Hechos como el que protagonizó Hernán Darío 'Bolillo' Gómez sólo nos recuerdan lo mucho que hay por hacer en Colombia sobre este flagelo.

En Colombia, pegarle a una mujer es un delito frecuente y el caso de Hernán Darío ‘Bolillo’ Gómez es solo uno de los miles de episodios de maltrato físico y psicológico hacia el género femenino, que se repiten y se sufren a diario, muchos en silencio, en los hogares del país.

De cada mil mujeres, tres son víctimas de actos de violencia por parte de su pareja (incluidas adolescentes desde los 10 años de edad). Además, una de cada mil es maltratada por familiares como un hermano, un cuñado, el suegro, el padre, un primo, un tío, el padrastro, la mamá o algún familiar de tipo civil.

Estos datos, según el informe Forensis 2010 que elabora Medicina Legal, pueden ser más altos y una de las razones es el miedo de las mujeres a denunciar los casos de maltrato intrafamiliar, que no solo incluyen la violencia física, también la verbal, la sicológica, la económica y el abuso sexual.

Si las cifras de maltrato son alarmantes, las de homicidio también lo son. El 55 por ciento de las muertes en hechos como venganzas, riñas, intolerancia, conflicto entre pandillas, acciones guerrilleras o militares, secuestro, robos y atracos, corresponden a mujeres: 6 casos por cada 100.000 mujeres.

Sin embargo, el mayor número de muertes de mujeres las causa la violencia intrafamiliar y llama la atención que en el 8,66 por ciento de estos casos, según Medicina Legal, los responsables serían las parejas y las exparejas de la víctima. Es de resaltar que tanto las que mueren como las que son maltratadas, en su mayoría, se dedicaban a labores de la casa.

Según las Naciones Unidas, durante el transcurso de su vida al menos una de cada tres mujeres será golpeada, obligada a mantener relaciones sexuales o sufrirá otro tipo de abusos a manos de un compañero íntimo. Esta afirmación se corrobora con las estadísticas de Medicina Legal: en su orden, los mayores agresores son el compañero permanente, el esposo, el excompañero permanente, el exesposo, el exnovio, el novio, el examante y por último, el amante.

Para María Eugenia Sánchez, de la Corporación Casa de la Mujer, el caso del director técnico de la selección Colombia es una nueva oportunidad para reflexionar e ir más allá del escándalo y de la “rabia” que genera.

“Este agite lo que está demostrando es que no se trata de un problema privado, sino público. Sí, debe haber sanciones de orden social, económico y penal, y hay que denunciar, pero también hay que prevenir. ¿Qué llevó al ‘Bolillo’ a actuar de esa manera?”, se pregunta Sánchez.

Según las Naciones Unidas, los hombres usan la violencia contra ellas a modo de castigo por transgredir los supuestos roles que se le han asignado. También, para demostrar su autoridad y honor, particularmente en sociedades machistas.

Mujeres controladas por sus parejas

Si bien los datos de medicina legal recogen sólo los casos en los que hay daños físicos para la mujer al ser expuestas a golpes con objetos contundentes, a heridas con armas cortopunzantes o con armas de fuego, también están los casos de maltrato que dejan secuelas invisibles, pero con consecuencias graves para una sociedad.

En la Encuesta Nacional de Demografía y Salud 2010, de Profamilia, el 65 por ciento de las mujeres encuestadas afirmaron que sus parejas ejercían control sobre ellas y de diversas formas, como insistir siempre en dónde está, ignorarla, acusarla de infidelidad, impedirle el contacto con amigos y familiares, usar expresiones desobligantes en público y en privado, amenazarla con el abandono, con quitarle los hijos o el apoyo económico.

Estos actos no están ajenos a la violencia física. En el estudio de Profamilia, el 37 por ciento de las mujeres que admitieron ser víctimas de maltrato contaron que en algún momento su pareja las empujó, zarandeó, golpeó con la mano o con algún objeto, amenazó con arma de fuego o intentó estrangularla.

Para Nereida Lacera, médica sexóloga de Profamilia, el país aún vive bajo la figura patriarcal y en los hogares aún se educan a las niñas para atender, cuidar y consentir al hombre, dejando de lado su autoestima.

“A nuestras mujeres les falta empoderamiento, tienen poca capacidad de negociar ante las diferencias con otras personas y carecen del potencial para decir ‘no’, para aplazar una relación sexual (si no quiere) o para terminar una relación”. Esta realidad atraviesa todos los niveles sociales y educativos.

Según Medicina Legal, con las muertes de mujeres en hechos violentos se perdieron 66.485 años de vida que representan capital humano para un país. Y aunque no se crea, maltratar a una mujer tiene consecuencias económicas y sociales: según un estudio del Banco Mundial, registran índices más altos de ausentismo laboral y más riesgo de ser despedidas o de dejar su trabajos. Esto se traduce en menor capacidad de ahorro y de inversión, también de menor calidad de vida para sus familias y de oportunidades para sus hijos.

De hecho, en un hogar donde hay violencia intrafamiliar hay una alta posibilidad de que los hijos también sean maltratados y con ellos se generen problemas en el rendimiento escolar, en su autoestima y en el futuro se conviertan en nuevos maltratadores.

El tema preocupa y está lejos de solucionarse. Tanto Medicina Legal como Profamilia llaman la atención sobre cómo los adolescentes también son víctimas de este problema. En el reciente informe de Forensis se cuentan casos de niñas entre 10 y 14 años que son maltratadas por su pareja.

“No es un problema de personas adultas. Las niñas y los jóvenes también son violentadas por sus novios con pellizcos, halo de pelo e imposiciones para no ver a sus amigos o no usar métodos de planificación. Muchas veces no se les presta atención, pero es un problema cada vez más frecuente”, asegura la experta de Profamilia.

Con este panorama queda claro que hay mucho por hacer para que la violencia contra niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres deje de ser, por fin, el pan de cada día en los hogares, más allá de convertirse en noticia cuando es una persona pública la que maltrata.
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