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| 4/5/2014 5:00:00 AM

¡Basta ya con la violencia de género!

Casi 500 mujeres han sido atacadas con ácido desde 2003. Un acto de barbarie, que se debe castigar con toda severidad.

Si hay algo que debería obligar a todos y cada uno de los colombianos a preguntarse “¿Qué nos pasa?” o que justifique aquel libro famoso titulado País de cafres, es la aterradora lista de mujeres que son víctimas cada año de una forma de violencia en la que el país rompe récords en el mundo: los ataques con ácido.  Que afectan, cabe anotarlo, a muchos hombres.

El reciente ataque, el pasado 27 de marzo, en un barrio del norte de Bogotá, que tiene a Natalia Ponce de León, de 33 años, luchando por su vida en un hospital, volvió a poner de presente dramáticamente un delito que se comete contra las mujeres, en promedio, una vez por semana.

Después de India y Pakistán, Colombia es el tercer país en el mundo en ataques de este tipo. Aunque en cifras absolutas en esas dos naciones se cometen más ataques con ácido contra mujeres, en proporción a la población Colombia las supera. Y es el único país de América Latina en el que esta degradada variante de la violencia de género tiene lugar a semejante escala.

Los ataques con ácido no solo son contra mujeres. De los 926 casos registrados por Medicina Legal en la última década, 471 fueron contra mujeres y 455 contra hombres. La motivación, según los expertos, es distinta. En el caso de las mujeres, el elemento de género o pasional es el predominante en los ataques. Los hombres, en cambio son víctimas de venganzas por riñas. Y se ha detectado un crecimiento en el uso del ácido como arma de la delincuencia común.

Se trata de un fenómeno que revela una degradacion de la violencia cotidiana, la acumulación de unos odios reprimidos, el poco valor por la dignidad y el respeto,  y la manifestación bárbara contra la mujer –muy extendida en Colombia–, que demuestra los graves problemas de convivencia ciudadana que padecen los colombianos. 

El problema se agrava por varias razones. La denuncia no basta para llevar a los culpables a la cárcel, y la impunidad es muy elevada. Además, a pesar de que se elevaron las penas –a ocho años– siguen siendo muy bajas para un delito que causa daños irreparables físicos y emocionales a las víctimas y a todo su entorno familiar.  Además  la ley no se ha reglamentado, la venta de ácidos no está controlada y su porte no está penalizado.

La sociedad debe levantarse contra los ataques con ácido. En especial, contra los que sufren las mujeres a manos de hombres, con frecuencia sus excompañeros, que buscan reafirmar su poder sobre ellas y humillarlas mediante una de las más bárbaras formas de violencia. 
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