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| 11/8/2013 12:00:00 AM

El futbolista colombiano torturado por negro

Vladimir Díaz estuvo en una cárcel, esposado a un tubo, tras agredir a un árbitro que le lanzó insultos racistas.

Vladimir Díaz tiene 21 años, la piel negra y una herida profunda en su corazón: lo humillaron, lo apresaron, lo torturaron y ahora, con los primeros vientos de libertad, respira hondo para sacar fuerzas y reunir el dinero que debe pagar a su agresor: un árbitro de fútbol.

Aunque podría decirse que su triste historia empezó el pasado 20 de octubre, en realidad se inició años atrás en su natal Buenaventura, cuando en su casa y en su barrio hubo consenso y alabaron sus condiciones físicas para el deporte. “Dedícate al fútbol”, le dijeron. Probó suerte aquí, intentó allá, hasta que en una ocasión le propusieron ir a El Salvador.

Entonces tomó un bus hasta Cali, de donde viajó rumbo a Panamá y desde el istmo a El Salvador, donde fue contratado por el Club Once Lobos de la segunda división con un pago de 300 dólares mensuales, es decir, el equivalente casi al salario mínimo colombiano. “Debía cuidar la plática porque en solo arriendo se me iban 60 dólares”.

El pasado 20 de octubre jugó el partido que marcó su destino. Casi al finalizar el encuentro, Vladimir Díaz entró al área rival, con la fuerza de siempre y con la decisión de anotar para sumar su gol número 12 en el torneo. Sin embargo, un rival lo golpeó y lo envió al suelo. Para Vladimir Díaz era pena máxima. Para el árbitro, José Vicente Ruiz, era una simulación. Entonces lo castigó con la tarjeta amarilla.

Vladimir Díaz, en el suelo, le reclamó verbalmente la injusticia: “Párate negro hp, párate negro hp”, le insultó el hombre encargado de administrar justicia en la cancha. El delantero se levantó y le dijo que no lo ofendiera. ¿Qué pasó, negro cerote?” (Frase muy usada en Centroamérica para mostrarse despectivo). ¿Qué pasó, negro cerote?”, vociferó. Entonces, el colombiano explotó y lo golpeó. Tarjeta roja.

Vladimir Díaz sueña con ser como Ronaldo Cristiano, el delantero del Real Madrid que también juega fútbol. Las diferencias son inmensas. Si al portugués, que gana 3.000 millones de pesos libres cada mes, lo expulsan por agredir al árbitro, se dirige a su camerino en medio de la polémica. Posiblemente las imágenes quedarán grabadas en centenares de videos que se convertirán en tendencia mundial a los pocos segundos.

En el caso de Díaz salió en medio de la soledad. Fue recibido por la Policía que, bajo órdenes del juez, lo llevó a la delegación de la Policía Nacional Civil de Suchitoto. El árbitro José Vicente Ruiz fue hasta allá y lo denunció por agresión, por lo que el futbolista quedó bajo detención. Un juez decidió que lo esposaran y lo llevaran a la cárcel. Lo tuvieron durante 18 días.

“Los primeros fueron los más duros porque no me permitieron hacer una llamada. Me daba mucha tristeza imaginar la angustia de mi familia sin saber nada de mí”. Durante todo el tiempo estuvo esposado a un tubo. “Dormir era muy incómodo porque siempre me tocaba para el mismo lado”, cuenta. “Fue una tortura”, sentencia. “Es muy duro que a uno lo traten como delincuente cuando uno es un deportista”, relató en la mañana de este viernes a Blu Radio.

“Ese árbitro lo agredió verbalmente, muy feo, le mentó la madre y él reaccionó, eso es lo que me ha contado mi hijo, aunque él está arrepentido por la reacción violenta, pero considera injusto ese trato”, clamaba Gloria Patricia Méndez, la madre de crianza del jugador.

Para poder salir de prisión, el árbitro condicionó el pagó a una indemnización de 1.500 dólares. De lo contrario, no retiraría los cargos. El agobio diario era intenso. El juez que tenía el caso lo había enviado a una cárcel común de San Salvador, junto a centenares de miembros de las maras, pandillas consideradas entre las más violentas del planeta.

La Personería de El Salvador escuchó los ruegos de la familia a través de la Embajada de Colombia. La delegación diplomática argumentó que había una desproporción en las medidas tomadas contra el futbolista. Por eso, le pidieron al juez que se modificara la medida cautelar impuesta para que Vladimir Díaz fuera recluido otra vez en la delegación de Suchitoto y no en una cárcel de esas condiciones.

“La decisión fue aceptada por la naturaleza de los delitos y sobre todo al resguardo de su seguridad e integridad física”, expresó el Consulado en una misiva.

Entretanto, El Club Once Lobos jugó un partido amistoso para recoger fondos y ayudarle económicamente. El jugador llamó al árbitro que lo había insultado y le explicó que ya estaban recogiendo el dinero por lo que accediera a ayudar para conseguir su libertad. Tras 18 días y en medio de una serie de trámites burocráticos para trasladarlo del penal salió libre. “Me dolió mucho porque me trataron como un delincuente, por dejarme pasar 18 días en una prisión, donde tenía que pedir permiso ir escoltado para ir al baño y hacer mis necesidades. Sicológicamente esto te marca”, le narró en la entrevista de este viernes.

Ahora está entrenando de nuevo. Sin embargo, no puede jugar porque le pusieron seis fechas de sanción. Dice que está pasando necesidades porque debe ahorrar cualquier peso para pagarle al árbitro que fue racista con él. “No era la primera vez. En otras ocasiones, que me había pitado ya me había dicho negro hp”.

Vladimir Díaz, sin embargo, no guarda rencores. Dice que es buen delantero y sueña con jugar como profesional y, lo mejor, ser llamado a la selección Colombia que irá al Mundial de Brasil. Allí, en cada encuentro, como es tradición los jugadores de cada equipo, toman una bandera en sus manos que dice: “No al racismo”, la campaña en la que más millones invierte la poderosa FIFA. Eso es lo que se ve en televisión.

Pero en el fútbol hay una realidad subterránea y miserable que no tiene tanta audiencia.
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