Sábado, 21 de enero de 2017

| 1998/11/02 00:00

VUELVE Y JEGA

Con la detención de Fredy Llano las autoridades impidieron la reactivación de Dignidad por Colombia y frustraron sus macabros planes.

VUELVE Y JEGA

La captura de Fredy Llano Moncayo, segundo comandante del movimiento Jorge Eliécer Gaitán (Jega), no fue un golpe de suerte. Durante dos años y tres meses los hombres de Inteligencia de la Policía Nacional controlaron cada uno de sus pasos. Lo hicieron desde aquel viernes 15 de junio de 1996, cuando ocho de los integrantes del Jega, encabezados por Llano, abordaron un vuelo charter de Avianca rumbo a La Habana, Cuba, dos horas después de haber liberado a Juan Carlos Gaviria, hermano del ex presidente César Gaviria Trujillo. Fue una operación en la que intervinieron el propio Fidel Castro, el entonces presidente Ernesto Samper y el general Rosso José Serrano. Tras la liberación de Juan Carlos Gaviria y las confusas versiones sobre lo sucedido sobrevino una gran polémica a nivel nacional e internacional. Nadie sabía a ciencia cierta si se trataba de un rescate, de una negociación o de un canje. Lo único claro que se tenía en ese momento era que Gaviria se había salvado milagrosamente pues el comandante del Jega, Hugo Toro Restrepo, más conocido como 'Bochica', un hombre radical y anárquico que estaba detenido en la cárcel de La Picota purgando una condena de 25 años por homicidio, había impartido la orden de ejecutarlo si la Cámara de Representantes absolvía al presidente Samper en el juicio político que se adelantaba en esa corporación. Mientras el debate se calentaba y los interrogantes crecían sobre el misterio de la liberación de Gaviria la gente de Serrano tenía en claro que este movimiento, fanático de las teorías de Fidel Castro, iba a buscar por todos los medios su regreso a Colombia. No había ninguna garantía de que permanecieran en la isla pues a pesar de los controles ejercidos por la gente de Fidel los intereses del Jega estaban más en Colombia que en el Caribe. Por esa razón la orden expresa del director de Inteligencia de la Policía, coronel Oscar Naranjo, a varios de sus más cercanos hombres de confianza era la de mantener un estricto control sobre 'Bochica' en su sitio de reclusión. Los operativos de rastreo se mantuvieron en las fronteras con Panamá, Venezuela y Ecuador, así como un seguimiento permanente a los visitantes a la cárcel. Ese trabajo comenzó a dar sus frutos hace seis meses cuando varios informantes dieron la voz de alarma en el sentido de que Llano y otras cuatro personas habían abandonado Cuba y que se encontraban en territorio colombiano con el fin de reorganizar la estructura del Jega. Las labores de Inteligencia permitieron establecer que Llano había ingresado al país por la frontera con Ecuador y que se había instalado en una zona semirrural en Popayán. Durante cuatro semanas un equipo conformado por 35 agentes de Inteligencia recorrió palmo a palmo los alrededores de Popayán en busca de Llano. El despliegue de tantos agentes tenía una explicación: Llano es el hombre más radical del Jega. Es un convencido de que la única manera de acabar con la corrupción es ejecutando a los miembros de la clase dirigente y política del país. Es un enemigo de la extradición y considera que cualquier relación con Estados Unidos es una traición a la patria. Fue él quien más se opuso a la liberación de Gaviria. Tenía decidido que la única opción de reivindicar al movimiento era ejecutando al hermano del presidente Gaviria. Incluso, cuando 'Bochica' dio instrucciones para devolverlo sano y salvo, Llano se opuso, le comunicó a su jefe que la orden ya estaba impartida y que era imposible reversarla. Cuando prácticamente estaba agotada la búsqueda en Popayán un nuevo informante dio pistas del paradero de Llano en Cali. Esta vez la suerte estuvo de lado de los hombres de Inteligencia. Por fin lograron ubicarlo. Desde mediados de julio siguieron cada uno de sus movimientos. Entonces se tomó la decisión de no capturarlo con el fin de saber en qué andaba. Fueron muchas las revelaciones que lograron obtener los agentes de Inteligencia. La primera de ellas, que Llano mantenía contactos con otros miembros del Jega, quienes también habían regresado de Cuba. Se enteraron, entre otras cosas, que la organización estaba mal económicamente. También descubrieron que Llano había iniciado una serie de contactos con varios frentes de las Farc, especialmente con el Bloque Sur y el Bloque Nororiental. Esos acercamientos tenían una finalidad: ofrecer los servicios del Jega a nivel urbano y desplegar una estrategia encaminada al secuestro de importantes personalidades del país para que, en un momento determinado, sirvieran de punto de negociación en caso de que las conversaciones de paz con el gobierno entraran en un punto de no retorno. El grupo de Inteligencia logró establecer que Llano se reunió con varios comandantes de las Farc en la región de Puerto Asís, Putumayo. También descubrieron que el VI Frente de las Farc, asentado en las montañas del Cauca, una de las zonas de mayor producción de amapola, tenía a su cargo la seguridad de Llano y que por esa razón él había decidido instalarse en las afueras de Popayán. Pero Llano no sólo estaba buscando contactos con las Farc y apoyo logístico para su organización. También planeaba una serie de secuestros a gran escala. En este terreno los investigadores descubrieron que el segundo hombre del Jega había declarado objetivo militar a varios de los más importantes políticos del país. La lista la encabezaban los ex presidentes César Gaviria y Ernesto Samper. También figuraban Heine Mogollón, Carlos Espinosa Faciolince, el abogado Luis Guillermo Nieto Roa, el ex presidente de la Cámara de Representantes Rodrigo Rivera y el ex vicepresidente Humberto de la Calle Lombana. Agotada la labor de inteligencia y una vez develados los siniestros planes de Llano, la gente del general Serrano decidió el pasado fin de semana que había llegado la hora de echarle mano. Ninguno de los hombres de Inteligencia que habían formado parte del grupo que logró que el Jega liberara a Juan Carlos Gaviria había olvidado los momentos de tensión que vivieron en junio de 1996 cuando Llano subió al avión del general Serrano, junto con Gaviria, y después de sentarse al lado del director de la Policía le puso su revólver en la cabeza durante la hora y 45 minutos que duró el viaje de regreso de Pereira a Bogotá. Ellos consideran que Llano es un suicida, un hombre dispuesto a morir por la causa y antes de que se viera descubierto decidieron capturarlo. La información que recogieron a lo largo de sus seguimientos son la base para continuar una operación a la que todavía le falta mucho camino por recorrer antes de su cierre final. Ahora el objetivo es capturar a los otros siete integrantes que también regresaron de Cuba. Ese trabajo ya comenzó.

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