Sábado, 20 de diciembre de 2014

| 2013/06/12 00:00

'Washington Post' muestra las violaciones a colombianas

El diario hace un recorrido por uno de los pueblos más afectados.

El Placer (Putumayo) habría sido uno de los lugares más afectados por la violencia sexual. Foto: Archivo Semana

El diario estadounidense The Washington Post publicó un extenso reportaje sobre la violencia sexual desatada por los grupos paramilitares en El Placer, un lejano pueblo ubicado en Putumayo.

En algún momento, El Placer fue un lugar en el cual la coca circulaba por el pueblo, mucho antes de las erradicaciones emprendidas por el Estado colombiano.

El reportaje desnuda la cruda violencia a la que fue sometida la población, dominada durante varios años por el comandante paramilitar Fredy Almario Gómez, conocido como 'Coco'.

Las voces de las víctimas de este grupo toman fuerza, envalentonadas por su deseo de que la crueldad que vivieron sea conocida. Todas quisieron hablar con nombre propio. Brigitte Carreño, que nunca pudo decir nada a su familia, describe su sufrimiento al periodista Juan Forero, quien también la retrató: “15 hombres de un grupo paramilitar me violaron”.

El Placer ha sido una de las zonas más afectadas por la violencia sexual en Colombia. Camila Medina, investigadora del Centro de Memoria Histórica, indica al Washington Post que “la violencia de género y no solamente la violencia sexual o las violaciones han tomado grandes proporciones en el conflicto armado colombiano”.

Según las fuentes consultadas por el diario, Hernán Giraldo, uno de los jefes paramilitares, dejó en embarazo a 20 niñas. También, Marco Tulio Pérez, otro jefe paramilitar, habría forzado a menores de varios pueblos a tener sexo con él y a organizar concursos de belleza en los que las adolescentes terminaban siendo violadas colectivamente.

El artículo destaca también que además de estos hechos, las consecuencias sociales no se hicieron esperar. Las prostitutas con sida fueron asesinadas y tiradas al río. Las adolescentes que denunciaron los abusos no recibieron apoyo de la sociedad, pues ni sus familias les creyeron: “Solían acusar a todas las mujeres, que lo pedimos, que lo queríamos”. Otras que fueron vistas varias veces con paramilitares fueron asesinadas.

Hoy esas mujeres cuidan a sus hijos y no han podido sanar las heridas de la guerra. Muchas lloran desconsoladas mientras cuentan sus historias.

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