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| 10/31/2011 12:00:00 AM

¿Y los partidos qué?

A pesar de que, mal que bien, lograron sobrevivir, las elecciones demostraron que Colombia es más un país de caudillos que de instituciones.

Durante el siglo XX, todos los colombianos que aspiraban a ser presidentes, gobernadores, alcaldes, senadores o representantes soñaban con ser el candidato oficial del Partido Liberal o del Partido Conservador. Después de los resultados de la elección del domingo pasado esa distinción parece haberse convertido en una maldición. David Luna, el candidato oficial del glorioso Partido Liberal, forjador de la historia de Colombia, obtuvo 93.000 votos, menos de los requeridos para la reposición. El candidato oficial del Partido Conservador, Dionisio Araújo, tuvo que retirarse antes de las elecciones y Aurelio Suárez, el candidato oficial del Polo Democrático, no llegó al uno por ciento.
 
Paradójicamente, los que traicionaron a sus partidos fueron los grandes triunfadores de la jornada. Gustavo Petro, quien acusó al Polo Democrático de corrupto, es el alcalde mayor de Bogotá. Gina Parody, quien fue avalada con firmas y sin partidos, fue el fenómeno político de las elecciones. Y Enrique Peñalosa, quien contaba con el apoyo oficial del Partido Verde, del Partido de la U y del Partido Conservador, demostró que ni el apoyo de tres partidos es suficiente y necesario para alzarse con la victoria. En la capital, las reglas de juego han cambiado.

Sin embargo, en las regiones las cosas son a otro precio. El Partido Liberal se recuperó de una estruendosa derrota en las elecciones presidenciales de 2010. Bajo el mando de Rafael Pardo y utilizando el lema de ‘Ideas que gobiernan’ los rojos se convirtieron en la mayor fuerza política del país. Según los primeros cálculos, los liberales alcanzaron ocho gobernaciones y siete alcaldías de ciudad capital con candidato propio. Tal vez el mayor triunfo para los liberales es la Alcaldía de Medellín con Aníbal Gaviria, quien estaba empatado cabeza a cabeza en las últimas encuestas con Luis Pérez. En cuanto a gobernaciones, aunque perdieron uno de sus bastiones más importantes –Santander–
lograron su segunda victoria en Atlántico con José Antonio Segebre y también se alzaron con la victoria en Bolívar, con Juan Carlos Gossaín. En otras partes, el trapo rojo se revitalizó en la costa. “Logramos más victorias que hace cuatro años”, dice Rafael Pardo. Según varios analistas, fue el gran ganador de la jornada electoral.

La historia del otro partido histórico en Colombia, el Conservador, es totalmente opuesta. Aunque tiene una de las bancadas más poderosas del Congreso y había sido reconocida en su momento como la mayor fuerza territorial del país, los conservadores andan de capa caída. Solo lograron tres alcaldías de capitales, entre ellas Mocoa, Popayán y Montería, y triunfaron en la Gobernación de Putumayo. Estos resultados demuestran que es un partido fracturado ya que no lograron ganar en fortines conservadores como Nariño y Antioquia por divisiones internas. Es un partido que ha perdido el norte y, como lo ha dicho el expresidente Andrés Pastrana, un cambio en la dirección es, si no inminente, necesario.

El otro gran actor de la política nacional, el Partido de la U, tuvo un día electoral agridulce. Perdió sus apuestas más fuertes, entre ellas Enrique Peñalosa en Bogotá, Martha Pinto en Bucaramanga y Gabriel Vallejo en Caldas. También perdió en la casa natural del uribismo, Antioquia, pues ni Carlos Mario Estrada ni Federico Gutiérrez alcanzaron el primer lugar. A primera vista parece que el poder de La U es, sin duda, mayor en el Congreso y en la Presidencia que en las regiones. Sin embargo, La U mejoró frente a los resultados de 2007: logró más de 200 alcaldías –entre ellas Neiva, Villavicencio, Sincelejo y Arauca– y se hizo a las gobernaciones de Arauca, Huila, Córdoba y Cesar, además de lograr el triunfo en seis ciudades capitales. “Es un partido totalmente consolidado”, afirmó a SEMANA el presidente de La U, Juan Lozano, quien critica a quienes vaticinaron que su partido se acabaría en estas elecciones.

El otro miembro de la coalición de gobierno, Cambio Radical, tiene para mostrar dos caras. La primera es la del triunfo, pues ganó en Barranquilla con la favorita de todos, Elsa Noguera, y además logró otras cinco victorias en ciudades capitales. Sin embargo, también tiene una faceta oscura pues triunfó con José Francisco ‘Kiko’ Gómez, el candidato más cuestionado de La Guajira.

Por otro lado, los verdes perdieron la joya de la Corona, Bogotá, pues por cuarta vez a Enrique Peñalosa no le alcanzaron los votos. Los verdes ganaron en la Gobernación de Amazonas y en tres ciudades capitales. También ganaron en Antioquia, aunque allá el triunfo de Sergio Fajardo se debe más a su carisma y trabajo individual que al partido, pues desde hace rato partieron cobijas. En general, el balance no es malo para un recién nacido –como es el Verde– y se puede esperar mucho más del girasol en los años que vienen.

El día electoral sin duda fue muy amargo para el Polo Democrático. Lo perdió todo. Después de ocho años al mando de la capital, su candidato, Aurelio Suárez, solo logró 32.000 votos mientras el enemigo declarado del Polo –Gustavo Petro– fue el vencedor. También perdió en Nariño, su otro fortín, ya que Raúl Delgado, el nuevo gobernador, fue elegido por firmas. Delgado también representa la izquierda, pero una izquierda que se parece más a la de Petro que a la de Dussán. El Polo quedó borrado del mapa nacional y su voz, relegada al Senado.

Más allá de hacer cuentas con papel y lápiz de quién ganó y quién perdió, la verdad es que la evolución de los partidos políticos en Colombia en los últimos años ha sido muy errática. Según el exfiscal Alfonso Gómez Méndez, se impuso el caudillismo: “Es el único país donde no son los partidos los que escogen a los candidatos, sino los candidatos los que escogen a los partidos”, dijo en una columna reciente.

El sistema de avales lleva a que un candidato que no obtiene el aval del partido de su predilección simplemente cruza la calle y pide el de otro. Otra expresión del caudillismo es el sistema de firmas. Cualquier líder que cuenta con apoyo popular se salta los partidos y recurre directamente al electorado. Eso hicieron, en esta oportunidad, Rodrigo Guerrero en Cali, Alan Jara en Meta, Raúl Delgado en Nariño y Gustavo Petro en Bogotá.
En un panorama tan caótico, sin partidos ordenados, todo el mundo se considera ganador. Cuando hay alianzas y coaliciones, cada uno de sus integrantes reclama el triunfo: en Cundinamarca, por ejemplo, el Partido de la U, el Partido Liberal y el Partido Conservador consideran que ganaron con Álvaro Cruz, quien en realidad pertenece a Cambio Radical. Y eso mismo ocurrió en todo el país.

La paradoja es que, mientras todos los directores de los partidos tienen argumentos para decir que ganaron, todos tienen casos que demuestran que perdieron algo importante.  Las mayores victorias, el domingo pasado, no corrieron por cuenta de los partidos, sino de caudillos. El caso de Gustavo Petro fue el más notorio de todos.
 


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