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| 4/10/2005 12:00:00 AM

"Ya quisiera tener una pensión"

Marco Palacios rompió su silencio tras renunciar y habló de su salida de la Universidad Nacional y sobre la situación del país.

Esta semana Marco Palacios, rector de la Universidad Nacional, sorprendió al país al renunciar al cargo donde venía adelantando una importante transformación. Palacios, uno de los historiadores e intelectuales más respetados, decidió hablar con SEMANA.

SEMANA: ¿Es cierto que usted regresa a México porque si no se vincula lo antes posible pierde el derecho a pensionarse en ese país?

MARCO PALACIOS ROZO: ¡Ya quisiera tener derecho a una pensión allá o en Colombia! Como he pasado mi vida saltando de un lado a otro, no tengo ni el tiempo ni las condiciones para ese beneficio.

SEMANA: ¿Cuál es entonces el motivo de su renuncia?

M.P.R.: Es un asunto personal, y lo personal no se debe decir.

SEMANA: Tiene que ser prácticamente una cuestión de vida o muerte para uno dejar a la universidad en medio de un complicado proceso de transformación y con la comunidad universitaria dividida.

M.P.R.: Me parece que la pregunta es extrema: ni tiene que ser cuestión de vida o muerte ni la comunidad está dividida en un sentido radical. Sería extraño que una comunidad plural como es la universidad estuviera completamente unida alrededor de algo. Su vitalidad está en el disenso racional.

SEMANA: ¿De qué sirvieron tantos enfrentamientos para su elección y su propuesta de cambio, si al final todo queda abandonado?

M.P.R.: Queda un proyecto de largo aliento en marcha, un discurso alrededor de ese proyecto, muchas normas nuevas que lo soportan y un elaborado proceso de diálogo interno. Más que eso, queda un grupo humano, un equipo comprometido en sacarlo adelante. Fue el mismo grupo que hace más de dos años me invitó a venir de México a encabezar el proceso de cambio.

SEMANA: ¿En qué queda el 'revolcón' que usted planteó?

M.P.R.: Creo que lo más importante es que la reforma se planteó y quedó definida. Dada su amplitud se necesitarán varias rectorías para desarrollarla y los resultados se verán en el largo plazo. Lo importante es que logramos mover la universidad hacia su modernización.

SEMANA: Uno de los temas más polémicos de la reforma fue la reducción del tiempo de las carreras, ¿al fin se va a hacer o no?

M.P.R.: En este momento la discusión está dentro de las facultades de ingeniería, que son el 40 por ciento de los programas de la universidad. Creemos que en este país podemos formar un ingeniero de alto nivel en cuatro años y que esto deberá quedar en marcha a más tardar a mediados del próximo año.

SEMANA: ¿Y cuáles no se pueden reducir?

M.P.R.: En las áreas de salud. Un médico de cualquier universidad sale a diagnosticar y tratar pacientes. Es obvio que en esta carrera el componente que llaman clínica seguirá teniendo un papel fundamental, lo que implica que en cuatro años no se puede formar a un nuevo médico.

SEMANA: ¿No cree que al dejar vacía la rectoría queda la posibilidad de que su sucesor retroceda todos los cambios?

M. P. R.: Creo que en este momento hacer una contrarreforma es difícil porque no hay ambiente. En la universidad ya no se discute si debe haberla o no. El espíritu de modernizar la universidad no está en duda. Lo nuestro no es un dogma y por supuesto que el próximo rector puede tener una noción diferente de reforma, pero proseguirá en la misma dirección.

SEMANA: Usted, que después de mucho tiempo vivió dos años seguidos en Colombia, ¿como lo ve?

M.P.R.: Tengo mucha fe en los jóvenes, aunque lleguen con ciertas carencias. Los veo con un sentido de razón, de no tragar entero, de pensar; no son pasivos, así ya no tengan grandes ideologías que los impulsen. Tienen una energía y un potencial maravilloso. Al contrario, veo muy mal a la clase política; muy pugnaz, individualista, cortoplacista y de un bajo perfil de liderazgo. Eso es lamentable.

SEMANA: ¿Cuál es su opinión de la educación pública y del compromiso del gobierno Uribe con este tema?

M.P.R.: Hay un problema que no solo es de Colombia sino de América Latina. A raíz de la reducción del tamaño del Estado, la educación superior ha salido muy lesionada. Me parece que a las universidades públicas o privadas ya no pueden llegar personas de la franja más pobre de la sociedad, sino aquellas que logran pagarla. Si creemos en los principios que apoyan esta tendencia, pues cerremos las públicas y dejemos que la educación superior quede en el sector privado.

Me parece increíble que permitamos una división tan grande, más cuando sabemos que la educación superior es uno de los elementos fundamentales para la movilidad social, y que sin movilidad social no hay democracia. La sociedad y el Estado están obligados a brindarles a las personas de escasos recursos una educación de primera calidad, y aunque a muchos reformistas les suene terrible, creo que el Estado colombiano le debe al país la creación de muchas universidades públicas en los próximos años, del tamaño, calidad y complejidad de la Universidad Nacional, por lo menos si queremos tener un país democrático, competente y en convivencia.

SEMANA: El problema es que cualquier discusión queda reducida a si el Estado invierte en la guerra o en la educación.

M.P.R.: No hay que ser tan extremos, pues el Estado tiene muchos gastos que son innecesarios y que podrían utilizarse en educación media y superior.

SEMANA: ¿Qué opina de la reelección?

M.P.R.: Como ciudadano creo que al prohibir la reelección se le quita la posibilidad al pueblo de elegir a la persona que quiera, pero también hay reglas de juego que no pueden ser cambiadas en beneficio del presidente Álvaro Uribe. Si miramos la historia, la reelección fue algo que no funcionó y ahora, con unos partidos políticos débiles y con la poca cultura política, se debe cuestionar su futuro.

SEMANA: ¿Cree que el proceso de desmovilización de los paramilitares y el proyecto de justicia y paz van por buen camino?

M.P.R.: Creo que ha sido un proceso caótico, conceptualmente confuso y políticamente desordenado, más cuando está en juego la posición de Colombia en el mundo de su concepción democrática, de derechos humanos...

SEMANA: Pero por lo menos desde la violencia ha quedado claro que en estos procesos, la falta de justicia termina afectada en aras de la paz.

M.P.R.: Esos borrones y cuenta nueva, sin pedir ni reconocer responsabilidades históricas y sociales, terminan resultando muy costosos, porque en últimas no resuelven nada, y en el fondo queda un sustrato de legitimidad para nuevas acciones violentas.

SEMANA: ¿Cree que la guerrilla está siendo derrotada militarmente?

M.P.R.: Nadie piensa seriamente que militarmente se pueda doblegar a la guerrilla, pero creo que ganarle en un plano político-militar es factible. No me cabe duda de que la guerrilla tiene algunas bases sociales, pero que si los guerrilleros no despliegan una visión política y social en relación con el resto del país, a la larga se van a volver irrelevantes.

SEMANA: ¿Cree que la famosa seguridad democrática va por el camino correcto?

M.P.R.: La seguridad democrática ha sido importante, por lo menos puso sobre el tapete la relación entre seguridad y democracia, independientemente de si uno está de acuerdo con la forma como el gobierno interpreta esos conceptos.
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