Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2000/10/09 00:00

Yellow submarine

El sumergible en construcción cerca de Bogotá sugiere una alianza mafiosa internacional muy poderosa.

Yellow submarine

Cartagenita, a pesar de su nombre, es un diminuto municipio localizado muy cerca de Bogotá y a 17 horas por carretera de Cartagena. Allá, en medio de cultivos de flores y hortalizas, donde pocos lugareños conocen siquiera el mar, fue localizado por la Policía Antinarcóticos un moderno y sofisticado submarino en construcción. El trabajo, realizado según los indicios por expertos navales rusos con asesoría de ingenieros estadounidenses, se adelantaba en un viejo taller de ornamentación, muy distinto de los modernos astilleros en donde, cerca de la costa, se construyen normalmente los barcos.

En esta ocasión el ingenio de los narcotráficantes puso una vez más a prueba los servicios de inteligencia colombianos y extranjeros. Todavía nadie tiene una respuesta clara sobre por qué el submarino se estaba construyendo tan lejos de su medio natural. En la operación montada por la Policía no hubo detenidos, pues el que parecía ser un inocente taller en las horas de la noche era controlado mediante un sistema de circuito cerrado de televisión con cámaras a las que se les habían adaptado visores de rayos infrarrojos.

“Sin la tecnología rusa era imposible construir este submarino,” dijo a SEMANA el coronel Stalisnar A. Osipov, representante del servicio federal de seguridad de la embajada de Rusia en Colombia. El coronel Osipov, experto en contrainteligencia en temas relacionados con la armada de sus país, se desplazó hasta el municipio de Cartagenita para conocer de cerca el diseño y la construcción de ese enorme cilindro color naranja dividido en tres secciones y que, de acuerdo con las primeras investigaciones, estaba en el 80 por ciento de su fabricación.



Un año de trabajo

Osipov inspeccionó cada una de las piezas del aparato y a medida que observaba sacaba sus propias conclusiones. “La construcción de este submarino lleva no menos de un año. El tipo de láminas para el sellamiento de las secciones sólo se produce para los astilleros europeos. La construcción del cuarto de máquinas, por su dimensión, me permite deducir que esta nave hubiera podido sumergirse a buena profundidad y recorrer largos trayectos”.

En efecto, según el contrato de arrendamiento que se encontró en el propio taller de ornamentación, todo parece indicar que la fabricación del submarino había empezado en abril del año pasado. Para esa fecha un ciudadano estadounidense, quien se identificó como Steven Smith, alquiló el inmueble por un año por la suma de 700.000 pesos mensuales, según el contrato, para dedicarlo de lleno a las labores de ornamentación.

Los cuerpos de Inteligencia de la Policía Nacional adelantan una investigación para establecer la verdadera identidad de ese misterioso personaje. En esas labores participa también la agencia antinarcóticos de Estados Unidos (DEA). Por esa razón el martes en la mañana arribó a Colombia el director de inteligencia de ese organismo, Steven Casteel, quien de inmediato se trasladó al viejo taller de ornamentación. “En el tiempo que llevo en la agencia antidrogas nunca había visto un ingenio semejante de los narcotraficantes para tratar de sacar su droga a los mercados, no sólo de Estados Unidos sino de Europa”, señaló a SEMANA.

En el taller también estuvo el director de la DEA en Colombia, Leo Arreguin. Se trata de un agente lleno de experiencia que sólo atinó a decir que no daba crédito a lo que estaban viendo sus ojos. Lo único evidente que había en la tarde del miércoles pasado en el galpón de Cartagenita era la colaboración internacional: junto con el grupo de funcionarios rusos y estadounidenses, el general Luis Ernesto Gilibert, director de la Policía Nacional, y el general Ismael Trujillo, su jefe Antinarcóticos, iniciaban las investigaciones.

Por lo pronto las pesquisas pusieron en claro varias cosas: la primera, que la construcción del submarino había sido contratada por los carteles del norte del Valle del Cauca. Esta afirmación está sustentada en los documentos que fueron incautados la noche del martes pasado cuando agentes de la Policía realizaron el allanamiento al taller. En esos papeles, que hoy están en manos de la Fiscalía, aparecen los nombres de varios de los cabecillas del cartel de esa región.

Lo segundo es que el submarino iba a ser utilizado para sacar droga desde Cartagena hacia los mercados de los países de la antigua Unión Soviética. Las dimensiones del aparato en construcción les permitieron a los agentes rusos y gringos determinar que en él se podrían transportar 200 toneladas de cocaína y que el diseño le haría posible sumergirse en las aguas del Caribe en un largo trayecto que lo podría poner en las costas guatemaltecas o mexicanas. Allí se haría el transbordo de la droga a barcos de gran calado para llevarlas a su destino final.

Pero no fue el hallazgo del submarino lo que causó sorpresa sino su tamaño y tecnología, pues no es la primera vez que en Colombia se construyen este tipo de sumergibles. En 1996 la Policía Antinarcóticos descubrió en el puerto de Santa Marta un pequeño submarino construido en fibra de vidrio, que era utilizado por los narcotraficantes para llevar la droga desde la costa a barcos fondeados en alta mar. Pero en aquella ocasión la tecnología utilizada, así como la dimensión de ese submarino, daban la impresión de que se trataba más de un juguete de los carteles que de una nave que, como la de Cartagenita, podría cambiar la historia de la lucha contra el tráfico de drogas.



Conexión rusa

Así como todavía gravitan innumerables interrogantes sobre este insólito descubrimiento tan cerca de Bogotá, también los hay sobre el interés inusitado que despertó el hallazgo del aparato entre los agentes de Estados Unidos y de Rusia. Es la primera vez en Colombia, desde que se inició la lucha antinarcóticos, que funcionarios extranjeros de ese rango llegan al país para enterarse inmediatamente de los acontecimientos.

Una respuesta está en el crecimiento vertiginoso de la mafia rusa y sus conexiones con los carteles colombianos. Según las investigaciones realizadas por las autoridades rusas, desde 1997 la compra y comercialización de drogas ilegales es uno de los grandes negocios que florecieron tras la traumática implementación del capitalismo en los países que conformaban la antigua Unión Soviética. Los policías rusos, en coordinación con las agencias federales de Estados Unidos y la Policía colombiana, descubrieron que la ruta transiberiana, que conduce de la ciudad de Braskt, en pleno corazón de Siberia, al puerto de Vladivostok (al este del país), se había convertido en el principal eje de la distribución de droga. Según las autoridades, por esa ruta ingresan a las estepas rusas cerca de 150 toneladas de cocaína al año.

¿Cómo llegó Rusia a convertirse en un mercado tan apetecido por los carteles de la droga colombiana? Según el coronel Osipov, “pasamos de ser un país reprimido a un país de libertinaje. Y ese período de cambio que hoy estamos viviendo ha desorientado a una sociedad que en el pasado fue muy conservadora”.

Fue precisamente en la época de la perestroika del presidente soviético Mijail Gorbachov cuando aparecieron las primeras organizaciones criminales. Los negocios ilícitos se concentraban en el contrabando de armas, la trata de blancas y el tráfico de heroína con los países del llamado triángulo de oro asiático (Myanmar, Laos y Camboya), aprovechando la apertura de las fronteras que había hecho el gobierno del Kremlin y que hasta entonces era impensable.



El crimen organizado

Una de las bandas criminales más conocidas era la de ‘Silvester’. Después de muchos años de manejar el crimen organizado ‘Silvester’ entró en contacto con los carteles colombianos a mediados de los años 90. Con ellos empezó una larga amistad, que permitió abrir el mercado ilícito de las drogas entre este país y la ex Unión Soviética. Kaliningrado y San Petersburgo, grandes ciudades industriales, se convirtieron en su centro de operaciones hasta el punto de que hoy son manejados por las mafias de la droga. A su vez, el puerto siberiano de Vladivostok se convirtió en el centro de acopio de la droga procedente de Colombia.

La mafia rusa es considerada hoy una organización suficientemente poderosa como para desestabilizar el país. Moscú, con una población flotante de 15 millones de personas, es considerada como la capital del crimen organizado en su país. En Kaliningrado y San Petersburgo el desempleo galopante y la crisis económica obligaron a cerrar las principales fábricas. Según se dice, la mayoría de los integrantes de las mafias son antiguos agentes de la KGB, la policía secreta del régimen comunista.

Lo único que parece totalmente claro en el episodio del submarino andino es que los carteles de la droga en Colombia han encontrado un gran aliado para su negocio en Europa. El crecimiento vertiginoso de ese mercado ilícito tiene a los funcionarios antidrogas del mundo con los pelos de punta. Quizá por esa misma razón en un lugar remoto, en un viejo taller localizado en un diminuto municipio cerca de Bogotá, se dieron cita los hombres más importantes de la DEA y de la contrainteligencia rusa para tratar de armar un rompecabezas cuya complejidad revela la dimensión de los contactos mafiosos a nivel internacional.

Cuando se descifre el misterio se conocerá hasta qué punto los nuevos mercados del este de Europa, ávidos de pagar por la droga su peso en oro, son capaces de motivar a las organizaciones criminales a intentar una operación como la de esa Cartagenita tan lejana del mar.

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