Jueves, 23 de febrero de 2017

| 2007/10/27 00:00

¡Yo gano, tú ganas, todos gobernamos!

¿Cómo les fue a los partidos políticos en las elecciones del domingo?

El resultado en cifras de gobernaciones y alcaldías de capitales de departamento pone al Partido Liberal, dirigido por César Gaviria, como el campeón de la jornada, le siguen los Movimientos de ciudadanos y en tercer lugar llega el Partido Conservador, con su presidente Efraín Cepeda. Aun así, estos resultados son relativos porque muchos llegan en coalición.

Comienzan a aterrizar las regiones en las nuevas realidades políticas que dejaron las elecciones del domingo. El poder local sufrirá los ajustes necesarios para comenzar sus gobiernos a partir del primero de enero de 2008. Esto significa que se avecina una verdadera feria de acuerdos políticos de todo nivel para que los recién llegados a las administraciones aseguren su gobernabilidad.

Y es que a pesar de que las gobernaciones y las alcaldías se muestren rojas, azules, amarillas o verdes, muy pocas corresponden exclusivamente a esas tendencias políticas, debido a que son el resultado de coaliciones multipartidarias que reclamarán su parte del triunfo.

Resulta por esto muy complejo asegurar que uno u otro partido es el gran ganador de las elecciones, sobre todo cuando el consolidado de los 1.099 municipios no está completo al cierre de esta edición. Sin embargo, los resultados por gobernaciones y por alcaldías de las 32 capitales permiten hacer una aproximación numérica que arroja un interesante panorama político.

El Partido Liberal marca los números más altos. Alcanzó siete gobernaciones, y alcaldías de siete ciudades capitales. Sorpresivamente perdió San Andrés por 20 votos y hasta última hora se disputaba la Gobernación en Sucre con el partido de La U. Sigue siendo el partido con carácter más nacional de las colectividades existentes, con lo que ratifica su tradición y su antigüedad. Sin embargo, perdió terreno en comparación con el poder local que obtuvo en las elecciones de 2003, cuando ganó 13 gobernaciones. Pero pronto perdió nueve de esos gobernadores, que a mitad de mandato renunciaron al partido y se volaron a las toldas del uribismo, sumado a que la totalidad de los mandatarios regionales del Partido Liberal apoyó la campaña a la reelección del presidente Álvaro Uribe.

Por esta razón, los votos de los liberales de hoy parecen ser votos reales del trapo rojo. Es decir, los elegidos el domingo se rigen por las nuevas circunstancias de la dirección única de César Gaviria y llegan a gobernar con la vocación de poder que desde ya empiezan a mostrar los liberales para las elecciones de 2010, que se podría decir que es lo que se viene en política desde ahora y en adelante.

A pesar de esto, el Partido Liberal es uno de los perdedores en Bogotá. El apoyo a la candidatura de Enrique Peñalosa los deja en una posición distante del gobierno de la capital. Sin duda una cuenta de cobro, que al menos en el directorio distrital, empezará a pesar sobre la decisión de acompañar la alcaldía de Samuel Moreno o de irse a la oposición.

El Polo, por su parte, alcanza en el país un poco más de un millón y medio de votos. Un número significativo, pero localizado solamente en Bogotá, en donde se mantiene, y en Nariño. No alcanzó en estas elecciones a dar un paso adelante en lo nacional y, pese al esfuerzo de inscribir candidatos propios en 22 departamentos y en un número significativo de municipios, no consolida aún su estructura regional. Hecho que confirma que es un partido sobre todo de opinión, que no reacciona todavía a las dinámicas de la política local. No se le notaron en estas elecciones las dos campañas exitosas de 2006, en especial la presidencial, en la que Carlos Gaviria obtuvo 2.600.000 votos.

La sorpresa parece ser el tímido resultado de los partidos de la coalición uribista. El Partido Conservador parece retroceder en el nivel nacional, pese a que es el partido afecto a Uribe al que mejor le va con las cifras, cinco gobernaciones y cinco alcaldías de capitales. Al partido de La U no le alcanzó la fuerza que exhibió en las elecciones parlamentarias para lograr un poder local muy extendido por la geografía nacional. Perdió con Peñalosa en Bogotá y la imagen de Uribe como respaldo le alcanzó para cinco gobernaciones y tres capitales. También perdió alcaldías importantes como la de Cúcuta, y gobernaciones emblemáticas en las que había apostado por controvertidos candidatos, como en Bolívar y Atlántico.

Cambio Radical es otro perdedor de Bogotá. Con Germán Vargas Lleras a la cabeza, le fue muy bien en el Concejo de Bogotá, donde obtuvo la más alta votación a la corporación y alcanzó igual número de curules que el Polo Democrático. Pero su papel en el nivel nacional no es el más deseado. Tiene para mostrar dos gobernaciones y cuatro alcaldías de ciudades capitales, lo que no es despreciable si se tiene en cuenta que aparece como el partido más independiente de la coalición uribista y tiene una organización muy centrada en Bogotá y el centro del país.

Y se confirmó lo que se había pronosticado de los Movimientos Significativos de ciudadanos. Si se pudieran unir, como un solo fenómeno, serían la segunda fuerza local más importante del país. Sin embargo, todos responden a realidades distintas y a lugares geográficamente distantes. Aun así, se trata del mismo fenómeno: sacarles el quite a los partidos y aparecer como políticos independientes.

Alcaldías tan importantes como las de Cali, Cartagena, Valledupar y Pasto quedaron en manos de movimientos cívicos. Igualmente las gobernaciones del Valle, Cauca o Quindío. Estos triunfos, para algunos analistas, son a su vez, derrotas de la reforma política de 2003, que pretende fortalecer los partidos políticos y evitar que surjan estas miniempresas electorales que cumplen funciones específicas durante el tiempo de elecciones, pero que no permanecen en el tiempo como colectividades a las que se les pueden pedir cuentas. Los defensores de este mecanismo, a su vez, creen que se trata de hacer valer el poder ciudadano por encima de la política lejana de los tradicionales partidos.

Los pequeños partidos que repartieron avales a lo largo y ancho del país también pueden cantar victoria. En especial el Partido Verde Opción Centro, que obtuvo dos gobernaciones y una alcaldía. Y la Alianza Social Indígena, que se quedó nada menos que con la Alcaldía de Medellín y la Gobernación de Caquetá.

Aunque estas cuentas, tal y como ya se dijo, son significativas en el mapa político, la verdadera medición de triunfo serán los resultados que obtengan los partidos en las Asambleas Departamentales. Por varias razones. Por un lado, es el número de votos que obtenga directamente el partido, sin mezclas de coaliciones o acuerdos políticos. Y por otro, porque es este número de votos el que decide el porcentaje de recursos que les girará el Estado de aquí a las próximas elecciones, que serán en 2010.

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