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| 8/18/2012 12:00:00 AM

"Yo no soy el hombre de la paz"

El ministro Frank Pearl aclara que su misión en este gobierno es proteger el medio ambiente y no ser negociador con la guerrilla como se ha dicho. Habla de los puntos más críticos de su cartera.

SEMANA: Algo está pasando en su ministerio. Los ambientalistas dicen que usted no es tan 'verde' y los empresarios que por ser muy 'verde' se frenan las locomotoras. ¿Por qué cree que ninguno está contento?

FRANK PEARL:
 Eso habla bien de nuestro trabajo. Así como hemos concedido licencias ajustadas a los estándares ambientales, con la misma rigurosidad las hemos negado. Estas han sido decisiones sin precedentes. Negamos ocho solicitudes de carboneras en el Cesar, entre ellas, la expansión de Drummond. Una postura similar hemos tenido en hidrocarburos, pues excluimos unos bloques petroleros por estar en ecosistemas estratégicos. No vamos a llegar a la meta del millón de barriles a costa del medio ambiente.

SEMANA: Pero la mayoría de obras también se han frenado por temas ambientales: la Línea, el Túnel del Oriente, las autopistas de la montaña, la Ruta del Sol…

F.P.:
Los proyectos frenados tienen un riesgo: secar las reservas de agua de la región. Esos no son temas menores y sería una irresponsabilidad darles vía libre sin hacer exigencias. Reconozco que encontramos un colapso en los tiempos de entrega de las licencias porque el presupuesto no era suficiente para atender el incremento de solicitudes, que fue de más del 300 por ciento. Pero esa situación ya se superó.

SEMANA: Eso puede explicar las críticas de los empresarios, pero hay quienes creen que usted no defiende el medio ambiente a capa y espada como debería.

F.P.:
 Lo que pasa es que algunas normas son inaplicables. Le voy a poner un ejemplo: casi la mitad del país es reserva forestal declarada por la Ley 2 de 1959. Esto ha protegido algunos ecosistemas, pero en algunos casos tiene consecuencias negativas. En 15 municipios del sur de Bolívar hoy cerca de 560.000 personas no tienen acceso a salud, vivienda o educación porque en el papel viven en una 'reserva forestal'. Eso es inhumano.

SEMANA: Eso puede ser verdad, pero a los ambientalistas no les gustó que usted defendiera la declaratoria de una reserva estratégica minera en la Amazonia.

F.P.:
Sobre esa declaratoria hay una enorme confusión porque el nombre de esa reserva como 'minera' no ayuda. Antes de hacer la declaratoria estudiamos otras opciones que no fueron posibles jurídicamente. La realidad es que infortunadamente la Amazonia ya no es un territorio virgen. Hoy hay 9.000 solicitudes de títulos mineros y otros que ya han sido otorgados. En la Amazonia ya hay minería, legal e ilegal. Lo que busca la declaratoria es precisamente ponerle orden al tema, que como iba, iba muy mal.

SEMANA: ¿Y cómo se protege la Amazonia declarando la zona como minera? ¿No es eso un contrasentido?

F.P.:
En absoluto. Lo que hace la reserva es replantear la entrega de títulos mineros que era caótica en esa región. Colombia tiene una enorme responsabilidad sobre la porción que tiene de esa selva, porque de esta depende el 20 por ciento del agua del mundo y la estabilidad del clima global. La reserva no les entrega la selva a las multinacionales mineras. Eso no va a pasar. Lo que hace es parar por diez años la expedición de nuevos títulos. Esto equivale a proteger un territorio del tamaño de un país como Kuwait. Y nuestra visión es que la Amazonia sea un clúster de investigación científica en biodiversidad.

SEMANA: Pero el Ministerio de Agricultura no lo entendió así. De hecho la ha criticado mucho. 

F.P.:
Lo que pasa es que entre agricultura y ambiente hay un conflicto potencial enorme. La principal causa de deforestación es la ampliación de la frontera agrícola y ganadera. Proteger esas zonas a veces implica que tampoco se pueda cultivar allí.

SEMANA: Igual la minería sí le hace mucho daño al medio ambiente…

F.P.:
Es evidente que la minería tiene impactos. Pero hay entender que hay tres tipos de minería: la criminal, la tradicional y la minería legal a gran escala. La primera es la que hacen las bandas criminales. Hoy las Farc y las bacrim son los principales depredadores del medio ambiente. Esa minería criminal es el nuevo narcotráfico porque los ingresos que ya no da la coca, los da el oro. La otra minería es la tradicional. Esa hay que apoyarla para que se formalice, y no perseguirla. La otra es la gran minería a la que ya le exigimos estándares más altos de respeto al medio ambiente.

SEMANA: Hablando de gran minería, ¿cuál su posición sobre Cerro Matoso? Una de las críticas es que el impacto ambiental ha afectado a los pobladores. ¿Usted está de acuerdo con que se prorrogue ese contrato?

F.P.:
 La prórroga no es competencia de mi entidad. La primera licencia se otorgó en 1984, cuando las normas ambientales eran distintas, e incluso, no existía este Ministerio. Ellos cumplen con las exigencias de la licencia de 2006. Pero una compañía que genera tanta riqueza se debe comprometer más con la comunidad y debe compensar el impacto que tiene sobre el medio ambiente. Eso ya cambió, y solamente aprobaríamos la licencia con los estándares ambientales y sociales actuales.

SEMANA: ¿Cómo así eso cambió? Muchos colombianos sienten que hay empresas que se llevan los recursos naturales y no dejan nada.

F.P.:
 Si los daños a los ecosistemas no se pueden prevenir, mitigar o compensar, los proyectos no pueden hacerse y nosotros no damos la licencia. En los que se viabilizan, ya cambiamos las condiciones. Primero, porque reformamos el sistema de multas. Antes las empresas pagaban las sanciones ambientales de la caja menor. Hoy la multa puede ser hasta de 27.000 millones de pesos diarios. Segundo, reformamos el sistema de compensaciones. Superamos la fórmula de solo sembrar árboles, la recuperación de los ecosistemas frágiles es el objetivo. Hoy tenemos un fondo donde las empresas aportan el 1 por ciento del valor de la inversión para financiar proyectos priorizados por Parques Naturales.

SEMANA: Ya que habla de los parques, ¿Por qué es tan difícil que allí exista ecoturismo? Es increíble que Aviatur devuelva sitios tan atractivos como Gorgona, el Amazonas y los Nevados.

F.P.:
Es que el propósito principal de los parques es la conservación. El eje de esa política es trabajar con la comunidad para que contribuyan a su cuidado y preservación. Hoy, junto con el Ministerio de Comercio, tenemos ecoturismo en 26 parques. Y son pocos los que presentan esas situaciones. En Amazonas el río creció y se inundaron las instalaciones. En Nevados hay alerta naranja por el volcán. El caso de Gorgona es más parecido al de otros parques en donde es difícil y costoso llegar.

SEMANA:¿Qué pasó, por ejemplo, con el proyecto de la cadena Six Senses de hacer un hotel de lujo en el Tayrona?

F.P.:
Este proyecto no se ha presentado. No me puedo pronunciar porque me inhabilitaría para decidir sobre este tema en el futuro.

SEMANA: El Tayrona es un caso emblemático. Parece que nadie ha podido ir en contra de quienes se lo adueñaron.

F.P.:
 En esto también hay resultados concretos. Allí, en conjunto con el superintendente de Notariado encontramos que de sus 15.000 hectáreas, más de la mitad es de particulares porque el parque fue declarado sobre propiedad privada. Algunos de ellos hicieron ventas y usos irregulares. Ahí trasladamos a las autoridades 156 infracciones, ya hay 115 procesos sancionatorios en curso y 11 demoliciones de construcciones ilegales. Algo similar hicimos en el parque Farallones de Cali. Más del 20 por ciento de este fue vendido ilegalmente a particulares. Este trabajo no se había hecho nunca.

SEMANA: Se ha rumorado que usted está participando en negociaciones con los grupos armados, se dice hasta que ha ido a Cuba. ¿Es usted ese hombre de la paz del que tanto se habla?

F.P.:
No. No lo soy. De ese tema solo puede hablar el presidente.

SEMANA: Ministro, pero reconozca que usted tiene mucha más experiencia en temas de paz pues trabajó como alto comisionado de Paz. ¿No cree que de ahí salen esos rumores?

F.P.:
No tengo ni idea de dónde salen esos rumores ni me ocupo de eso. Estoy trabajando.
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