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| 6/30/2012 12:00:00 AM

"Yo no soy el palo en la rueda del desarrollo"

Una mujer se ha convertido en la autoridad más temida por las más poderosas petroleras y multinacionales mineras en Colombia. A Luz Helena Sarmiento le dicen 'la Generala' y no le tembló la mano para ponerle 'tatequieto' a la contaminación del carbón en el Cesar.

Ella es la cabeza de una entidad poco conocida por los colombianos pero muy poderosa: la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla). Esta autoridad, creada por el presidente Santos, es la que da el permiso final para que dos de las locomotoras más importantes, la minero-energética y la de infraestructura, avancen. Así mismo es la encargada de garantizar el verdadero desarrollo sostenible en el país. Luz Helena asegura que ya está acostumbrada a ser siempre la mala del paseo, pues está en el justo medio entre los ambientalistas más verdes, que dicen que es muy laxa, y los industriales más pesados y poderosos, que le dicen que es demasiado fuerte. Por su oficina han pasado todas las polémicas. Desde la Ruta del Sol y el Túnel del Oriente hasta las carboneras del Cesar y la expansión de la industria petrolera. SEMANA habló con ella.

SEMANA: Usted ha estado en el centro de muchas polémicas. La semana pasada, por ejemplo, los petroleros dijeron que por las licencias ambientales tienen la producción frenada. ¿Qué tan ciertas son sus quejas?

LUZ HELENA SARMIENTO:
Me sorprendió que para ellos estamos al mismo nivel de la guerrilla. Les preguntan por qué no han llegado al millón de barriles y responden que por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales y por las Farc. Pero no reconocen que gran parte de eso se debe a que casi la mitad entrega estudios ambientales incompletos o con deficiencias. Aun así esperan que todo sea rápido. Eso es no colaborar en sus propios procesos.

SEMANA: ¿Qué significa no colaborar?

L.H.S.:
Ellos dicen "me están parando 60.000 barriles", pero no explican por qué. Si no es porque trabajamos de la mano con ellos, negaríamos casi el 70 por ciento de las solicitudes, especialmente de hidrocarburos. Lo que queremos no es frenar el desarrollo, sino impulsar un desarrollo sostenible. Incrementamos el cobro por los servicios de evaluación de licencias ambientales y la mayoría se quejó. ¿Cómo es que a una empresa con un campo petrolero que produce 50.000 barriles se le hace mucho pagar 70 millones por una evaluación ambiental? Unas incluso recusan el cobro. Por otro lado, de los 60.000 barriles que dicen que tengo frenados, más de la mitad corresponden a proyectos sobre los que nos hemos pronunciado negativamente. Uno, por ejemplo, buscaba poner unos pozos dentro de resguardos indígenas sin proponer las medidas culturales necesarias. Eso no se puede hacer a la ligera.

SEMANA: ¿Y entonces hay o no hay atrasos?

L.H.S.:
Sí hay. Pero es que cuando se creó esta autoridad, en octubre del año pasado, teníamos apenas 16 funcionarios cuando se necesitaban 150. Teníamos gente sin escritorio porque compartíamos oficinas con el Ministerio de Vivienda, que se trasladó la semana pasada. El personal y el presupuesto nos llegaron solo hace dos meses. Todo este tiempo estuvimos trabajando con lo que teníamos. Y en ese lapso pasamos de recibir 58.000 solicitudes a casi 90.000. Sin embargo, los atrasos que antes eran del 80 por ciento hoy están en el 30 por ciento.

SEMANA: Otros que no están muy contentos son los contratistas. Hablan de obras de infraestructura por más de 7,4 billones de pesos frenadas…

L.H.S.:
No hay obras de infraestructura frenadas. Lo que pasa es que este gobierno heredó muchos proyectos en los cuales las empresas, por ganar las licitaciones, establecieron en sus cronogramas que podían hacer el licenciamiento ambiental en tiempo menor al legal. Ni Flash habría logrado algo así. Entonces, para cumplir las entregas empezaron a fraccionar las obras. Por ejemplo, la Ruta del Sol II la dividieron en 24 pequeños tramos para sacar la licencia del proyecto de forma más rápida. Para agilizar, le hemos pedido al Ministerio una lista de prioridades.

SEMANA: ¿Entonces qué problema tiene la Ruta del Sol?

L.H.S.:
Ahora, ninguno. Solo que no previeron el tiempo para la licencia ambiental.

SEMANA: ¿Y el Túnel de Oriente que conecta a Medellín con el aeropuerto?

L.H.S.:
Evidenciamos que hacía falta profundidad en alguno de los estudios presentados sobre el impacto en los recursos hídricos y que había que hacer estudios adicionales. Ya le devolvimos el caso a la CAR para que continúe con la evaluación del proyecto.

SEMANA: ¿Y el Túnel de la Línea?

L.H.S.:
El túnel tuvo una infiltración mayor de la que se esperaba. Además, un tramo tiene una suspensión por un tema de contaminación.

SEMANA: ¿Y la Ruta Caribe que conecta a Cartagena con Turbaco?

L.H.S.:
Ellos sí han tenido impactos reiterados, han pasado por manglares y ecosistemas estratégicos. Vamos a sancionarlos porque no vamos a permitir el deterioro de los recursos naturales. El concesionario llegó a mi oficina y me dijo sonrientemente: "Doctora, es que yo soy reincidente en las afectaciones ambientales". Y yo le dije: "¿Usted me puede explicar ese chiste?".

SEMANA: La semana pasada el gobierno anunció que 17,5 millones de hectáreas del país se van a convertir en zona minera estratégica. ¿Eso es como tener casi medio país abierto para que muchos vayan y excaven a ver qué encuentran?

L.H.S.:
Toda exploración minera tiene impacto y lo que hay que evaluar es la magnitud del impacto. Nos toca, como Estado, acelerar el fortalecimiento de las autoridades ambientales. Esas zonas mineras estratégicas representan una medida de protección para los territorios con alta sensibilidad ambiental y social. El sistema de adjudicación va a ser mucho más estricto y ahora será el Estado quien le diga a las empresas cómo tienen que hacer las compensaciones ambientales.

SEMANA: ¿Pero Colombia sí está preparada para que la locomotora minera no acabe con el medio ambiente?

L.H.S.:
Colombia está en una etapa inicial del tema minero porque el país lo que tenía era vocación petrolera. Pero la plataforma legal en materia ambiental es bastante sólida. En otro país, por ejemplo, no es muy fácil tomar medidas tan drásticas como la que tomamos en el Cesar con las carboneras. Hay países en donde llegó primero el tema minero que el ambiental. Eso hizo que, por buscar oro, arrasaran ecosistemas muy sensibles.

SEMANA: ¿Lo que hizo en el Cesar fue que les quitó la licencia a las grandes carboneras?

L.H.S.:
No. Se pospuso su expansión. Es una decisión trascendental con todo el fundamento y rigor técnico. El Cesar es el mayor productor de carbón. Drummond, Prodeco, Vale y CNR tenían como meta aumentar su producción aproximadamente en un 50 por ciento. Esa expansión no la autorizamos.

SEMANA: ¿Y cuál era el problema?

L.H.S.:
Desde hace años tenían unos niveles de contaminación superiores a los permitidos. Por eso, el Ministerio de Ambiente declaró en 2007 a la zona minera del Cesar como área fuente de contaminación. Las empresas que operan allí habían implementado un plan que logró bajar la contaminación en un porcentaje, pero no alcanzaba con lo que se les exigía. Solo unas semanas antes del plazo que tenían para cumplir se pusieron de acuerdo para tomar medidas. Nosotros no podemos sacrificar a las comunidades de esa zona y, por tanto, hasta que no cumplan no se podrá autorizar la expansión minera. Hoy tengo que reconocer que desde que eso sucedió estas empresas han duplicado o triplicado la inversión en lo ambiental.
SEMANA: ¿Usted no se siente a veces como David contra Goliat?

L.H.S.:
No. Estamos cumpliendo con nuestra misión, que es lograr el equilibrio sostenible entre la protección del ambiente y el desarrollo del país. Así como no me siento como David contra Goliat, también puedo afirmar que no soy el palo en la rueda del desarrollo.

SEMANA: ¿Y usted cree que en esa pelea entre la industria poderosa y el ambiente tiene chance de poner sus condiciones?

L.H.S.:
Sí. Colombia es un ejemplo para la región. Acabamos de hacer un proceso con la Agencia Nacional de Hidrocarburos y les explicamos que del gran paquete de bloques que iba a ofrecer en 2012 había unos que estaban sobre ecosistemas estratégicos. La agencia decidió excluirlos.

SEMANA: ¿Es decir que la tensión entre el desarrollo y el medio ambiente la puede ganar este último?

L.H.S.:
Yo nunca he estado de acuerdo con que entre el desarrollo y lo ambiental hay conflicto sin salida. Para mí, Colombia es un cuerpo con dos piernas. Una muy fuerte hoy, que es la extractiva: nuestros recursos naturales que hoy sostienen el desarrollo. Pero el futuro del mundo está también en la biodiversidad y Colombia puede ser una potencia económica en negocios verdes. Ambas piernas se necesitan para no irse de bruces. Entonces, no es que si yo niego una licencia, ganó el medio ambiente. O si yo doy una licencia, perdió el medio ambiente. Debe haber un gana-gana. Claro que donde no se pueda, no se puede y punto.
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