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| 7/18/2014 12:00:00 AM

“Santos, venga a Yopal, morimos de sed”

Angustioso llamado de los pobladores de la capital de Casanare, en donde hace tres años están sin agua.

Hay varias cosas que los pobladores de Yopal, capital de Casanare, no entienden. ¿Por qué, por ejemplo, mientras en todas las regiones petrolíferas del mundo se construyen fastuosas obras de infraestructura, sus habitantes se dan la gran vida o sirven de anfitriones para los más glamurosos eventos aquí no se ha podido suministrar uno de los servicios básicos?

En efecto, mientras desde el Casanare todos los días se habla de bloques exploratorios, nuevos hallazgos, extracción de miles de barriles de crudo diarios, nuevas y poderosas empresas que llegan allí a levantar sus sedes, no hay autoridad que haya sido capaz de solucionar el suministro de agua potable.

Por eso, este viernes su clamor se ha hecho sentir: “Santos venga a Yopal, morimos de sed”, han coreado sus pobladores en la protesta en la que participan estudiantes, amas de casa, sindicalistas, voceros gremiales y todo aquel que al levantarse abre la llave y no encuentra nada. Es una protesta inédita, el paro por el agua.

Los manifestantes se concentraron en el acceso al aeropuerto ‘El Alcaraván’ de Yopal, desde donde iniciaron una caminata hasta el centro de la ciudad, para exigir que alguien, sea quien sea, les ayude en una petición que a estas alturas del silgo XXI parece insólita: un acueducto. Por eso, sus ruegos se han hecho hasta el presidente de la República, el gobernante por el que, dicen en el pueblo, muchos votaron porque había prometido poner a funcionar unas locomotoras que llevaría al país al desarrollo. No se trata, aseguran, de obligar al presidente a que lidere una transformación económica para que Colombia sea una potencia mundial sino algo más elemental que su “gente no muera de sed”.

“Estamos reclamando desde hace tres años que el Gobierno Nacional nos diga claramente si hay o no respaldo a la solución del acueducto que requiere Yopal desde la destrucción de la planta de tratamiento en mayo de 2011”, dijo a los medios de comunicación Juan Vicente Nieves, uno de los promotores de la convocatoria al paro cívico del agua.

La crisis del acueducto se motivó por un derrumbe que desde esa fecha destruyó la planta de tratamiento de agua potable para la ciudad, cuyos 150 mil habitantes enfrentan desde entonces racionamientos y suministros parciales mediante una polémica red de pozos profundos, carro tanques y una planta modular temporal que colapsó incluso antes de su inauguración. Es decir, el colmo de la improvisación y la mala planificación.

“Todo ha sido una cadena de improvisaciones, no hay soluciones concretas y estamos cansados de denunciar la negligencia de las autoridades”, dijo Arsenio Sandoval, otro de los promotores de la protesta a la que se unieron cientos y cientos de habitantes. Algunos de ellos llevaban los recibos del cobro de servicio porque, paradójicamente, estos sí han seguido llegando cumplidamente.

La crisis ha tocado a todo el organigrama nacional y ante la ausencia de resultados queda claro su tremenda ineficacia. Así, por ejemplo, Procuraduría General de la Nación creó una mesa de seguimiento que tampoco ha ofrecido mayores resultados para lograr una solución definitiva construyendo un sistema que según los cálculos de los expertos puede costar más de 65 mil millones de pesos.

Actualmente, el Alcalde de Yopal y algunos de sus funcionarios, enfrentan varios procesos de responsabilidad disciplinaria y penal, abiertos por la Procuraduría y la Contraloría; y denuncias en la Fiscalía, por violación al derecho fundamental de la vida, en Yopal.

Hay otros absurdos. Mientras la gente no tiene un vaso de agua potable para beber, los pobladores de Yopal y de otros municipios se encuentran incomunicados por carretera con el centro del país, por la ruta del Cusiana, cerrada por los derrumbes causados por la ola invernal que azota la región.

En otras regiones petroleras del mundo hay envidiables autopistas, gigantescos hoteles con olas y piscinas artificiales e incluso ahora se alistan para ser sede de un Mundial de Fútbol: Catar 2022. Hay críticas porque los expertos consideran que allí hace mucho calor en verano -superior a los 42 grados centígrados-.

“No importa –dicen sus organizadores- los estadios se harán con aire acondicionado”. Para eso, son los petrodólares. Aquí, entre tanto, en la zona con más petróleo de Colombia no hay siquiera un acueducto desde hace tres años. Por eso, hoy se levantaron implorando una respuesta de Santos que al momento de la publicación de este artículo aún no se había manifestado.
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