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| 12/4/2017 7:01:00 PM

Yopal, la parábola del voto castigo

Pese a que el triunfo de Leonardo Puentes supuso el triunfo contra la clase política que se ha repartido la capital de Casanare, el nuevo burgomaestre tiene que gobernar con el gabinete de su antencesor, Jhon Calzones. La ley de garantías impide que nombre su equipo.

La elección atípica del alcalde de Yopal, el pasado 26 de octubre,  causó revuelo en el mundo político. Ese día ganó con 16.522 votos Leonardo Puentes, el candidato apoyado por la llamada Coalición Colombia de Jorge Robledo, Claudia López  y Sergio Fajardo.  Pero lo sorprendente no es que triunfara con el apoyo de estos tres candidatos, sino que lograra ganarle a dos titanes de la maquinaria electoral yopalense.

El segundo en la contienda terminó siendo Arcenio Sandoval , con 14.315 votos y Carlos Cárdenas, con 8.533.  Por el perfil de ambos, hasta el día de la elección se especulaba que estaría el ganador.  En el caso de Sandoval, este fue apoyado por el Centro Democrático, un partido que ha consolidado su presencia en la zona oriental del país: en la segunda vuelta presidencial de 2014 Óscar Iván arrasó a Juan Manuel Santos en Casanare y en las elecciones regionales que le sucedieron fue elegido gobernador Josué Barrera, de la cuerda más cercana a Álvaro Uribe.  De hecho, días antes de la elección el expresidente estuvo haciéndole campaña en Yopal, a la cual se sumaron figuras del uribismo como Óscar Iván Zuluaga y las senadoras María del Rosario Guerra y Paloma Valencia.  A la maquinaria uribista se suma la adhesión que al final de la campaña le hicieron reconocidos políticos locales del Partido Liberal y de La U.

Por si fuera poco, la región oriental del país es una de las más propensas a la derecha. Según el Observatorio para la Democracia de la Universidad de los Andes, solo uno de cada tres llaneros cree en la democracia como régimen político y en su región es donde menos personas aceptan que en el colegio de sus hijos también estudien hijos de desmovilizados.  En el plebiscito del 2 de octubre, el No ganó en Yopal con más del 70 por ciento, superando en 20 puntos al porcentaje que esa opción tuvo a nivel nacional.  

En lo que concierne a Carlos Cárdenas, el otro derrotado, también cuenta con una trayectoria política que llevó a pensar que estaba más cerca del triunfo que Puentes. Este exsenador de La U fue uno de los alfiles más importantes en la campaña santista de 2010 pero, sobre todo, era el heredero político de John Jairo Torres (John Calzones), detenido en 2015 antes de posesionarse como alcalde de Yopal y condenado por promover urbanizaciones ilegales. En octubre pasado Torres, quien en ese momento se encontraba libre por vencimiento de términos, anunció dos cosas: su intención de construir una nueva urbanización, por un lado, y su apoyo a la campaña de Cárdenas.  En un video publicado por La W, Calzones aparece con el candidato, anunció que en noviembre ganaría la elección y aseguró que el uribismo había sido desleal con él. “El Centro Democrático no debió poner candidato (Sandoval) porque yo le apoyé a sus candidatos a la Presidencia, al doctor Zuluaga y a sus candidatos a la Gobernación”, dijo.

Puentes, en contraste, ganó con poca maquinaria. Había sido concejal y candidato a la Alcaldía de Yopal en 2015. No contó con el respaldo de muchos concejales, y buena parte de los políticos locales se habían alejado de él después de que denunciara las urbanizaciones ilegales de Torres. Sin embargo, el discurso anticorrupción que forjó después de esa denuncia, recibió un espaldarazo cuando –avalado por el Polo y la Alianza Verde—recibió el respaldo de Robledo, Claudia López y Fajardo, los tres candidatos que más se han apropiado de ese mismo discurso en la contienda presidencial. Los tres políticos estuvieron en Yopal una semana antes de las elecciones, recorriendo las calles con Puentes.  

Por su falta de estructuras políticas  y por no contar con el apoyo de sectores tradicionales, representados en la burocracia municipal muchos interpretaron el triunfo de Puentes como el resultado de un ‘voto castigo’ con el que 16.000 yopalenses expresaron su malestar frente a la falta de agua, la inseguridad, y los hechos de corrupción en la ciudad. De hecho, el sábado antes de la elección, la Procuraduría General suspendió la convocatoria pública para el mantenimiento del alumbrado de Yopal por presuntas irregularidades que rodearon ese proceso.

¿Cómo se define el ‘voto castigo’? ¿Cuándo tiene lugar ? ¿En qué se basa su teoría? En Ciencia Política, este es el tipo de voto con el cual los ciudadanos le quitan el apoyo al partido o grupo político que han respaldado con anterioridad. En las urnas, el castigo de los electores a determinado candidato puede traducirse en voto en blanco, voto por el adversario, voto por un tercer partido pero nunca, en indiferencia. En el caso colombiano, donde el término ‘política tradicional’ se ha acuñado, el ‘voto castigo’ podría entenderse como un voto contra los partidos de siempre, o las formas de hacer política basadas en los mismos recursos: los salones comunales, las lechonas, las decisiones del caudillo. Pero sobre todo, como un voto contra los que siempre han tenido el poder.

De alguna manera, al ser un voto contra lo establecido, el ‘voto castigo’ se asocia a posiciones críticas y por tanto al llamado ‘voto de opinión’. Por esa razón, el término tomó fuerza para explicar fenómenos como el triunfo de los ‘antipolíticos’ e ‘independientes’. Sobre todo en Bogotá, en donde figuras como Antanas Mockus rompieron con las formas de hacer política de siempre. Pero no necesariamente el ‘voto castigo’ se ejerce por fuera de los partidos. Algunos analistas consideran que este se dio, por ejemplo, cuando Andrés Pastrana ganó en 1998 contra Horacio Serpa por cuenta de que este llevaba encima el lastre del proceso 8.000. O cuando Álvaro Uribe llegó al poder en 2002 por fuera de los partidos tradicionales y con el apoyo de muchos que criticaron la política de paz de Andrés Pastrana. “El ‘voto castigo‘ es un fenómeno relativamente común en contextos en los que los ciudadanos usan su voto como una herramienta para pasar una cuenta de cobro a los gobernantes por gestiones gubernamentales deficientes o que generaron descontento. Esas dos elecciones son ejemplo de ello”, asegura Miguel García, director del Observatorio de la Democracia de los Andes.

Con él coincide Maria José Roldán, directora del Centro Nacional de Consultoría, para quien las elecciones de Yopal respondieron a un ‘voto castigo’ en la medida en que rompieron con las estructuras dominantes. “Después del desgobierno de este periodo, de tener a la ciudad en interinidad y de la generalizada percepción de corrupción, una propuesta liderada por personajes con poca presencia histórica en la zona, como López, Robledo y Fajardo, llegó en el momento oportuno y caló”, asegura.

El caso de Yopal podría extrapolarse a nivel nacional. 2017 será recordado por ser el año en que se destaparon los grandes escándalos de corrupción: Panama Papers, Odebrecht, Electricaribe, el cartel de los alimentos, la Triple A, el cartel de la toga, entre otros. Esa circunstancia puede dar lugar a dos reacciones. O a una mayor abstención, fundamentada en la idea de que ‘todos los políticos son corruptos’, o a un voto en contra de los partidos y los actores tradicionales de la escena política. “En el fondo la corrupción es el rompimiento de la promesa clave, la implícita de integridad que tiene todo cargo público y puede generar voto castigo”, asegura María José Roldán, directora académica del Centro Nacional de Consultoría y para quien el año entrante la ciudadanía podría decidir un cambio de rumbo.

La gran pregunta es cuál será este cambio de rumbo. Hoy uno de cada tres colombianos asegura que todos los funcionarios son corruptos. Así mismo, el 89 por ciento siente que la corrupción está empeorando. Aunque varios sectores descalificaron el triunfo de Puentes en Yopal argumentando, como lo hizo la senadora María del Rosario Guerra, que este había sido un logro de las Farc, lo que pasó en esa ciudad es una especie de lección para los políticos tradicionales. En el contexto nacional, un interrogante sobre hacia dónde se irá el ‘voto castigo’, dependerá de cuál será la propuesta política capaz de convertir el agotamiento con la corrupción en intención de voto.

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