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| 1/7/1985 12:00:00 AM

ZAMBRA LIBERAL

Violenta reacción frente a mensaje del Presidente Betancur convirtió la Convención Liberal en un espectáculo con mucho grito y pocas tesis.

"¡No, no no, no!" gritaban los convencionistas en coro, mientras el ex ministro Alfonso Palacio Rudas intentaba en vano pasar del segundo párrafo del documento que sobre los proyectos de financiación del déficit fiscal había enviado el Presidente Belisario Betancur a la Convención Liberal. De pronto, un grupo de parlamentarios se acercó a la mesa que presidía la asamblea y uno de ellos, el representante por Cundinamarca Benjamín Ardila Duarte, arrebató el documento a Palacio Rudas, lo tomó en sus manos, alzó los brazos y procedió a romperlo y a tirar los pedazos al suelo, ante los gritos de respaldo de unos y la mirada estupefacta de otros.
Por uno de los micrófonos, el senador José Manuel Arias Carrizosa, caracterizado opositor del gobierno de Betancur, pedía un poco de calma y decía "soy consciente del rechazo al documento del Presidente, pero les ruego el favor de oírme". Prácticamente nadie le hizo caso y el incidente sólo comenzó a ser superado cuando la presidencia de la asamblea aceptó que la lectura del documetno fuera borrada del orden del día. Numerosos convencionistas se pusieron de pie para aplaudir la decisión, mientras la radio interrumpía su programación habitual para registrar lo sucedido.
Era en cierto modo la primera noticia que producía a los periodistas, después de casi cuatro horas de sesión interrumpidas por un receso después del mediodía, la Convención Liberal, cuyo objetivo era la elección de una Dirección Nacional que asumiera las funciones que había venido desempeñando la Comisión Política Central. La Dirección debía determinar las reglas del juego para la designación del candidato oficial del liberalismo a las presidenciales de 1986.
Desde las primeras horas de la mañana, el envío por parte del Presidente Betancur del mencionado documento sobre el déficit fiscal había originado toda clase de reacciones. Por primera vez en la historia, un mandatario se dirigía a los convencionistas del partido distinto al suyo. Y lo hacía en un momento en que las relaciones entre ese partido y su gobierno pasaban por un momento particularmente difícil. Para muchos, esta circunstancia convertía la actitud presidencial en inoportuna, pues podía preverse que la sensibilidad reinante entre los liberales iba a llevarlos a interpretar el documento como una presión indebida para buscar la aprobación de los proyectos fiscales. Para otros, debía entenderse el documento como una muestra más del estilo innovador de Betancur y como un intento por sacar a los liberales de la apatía que los había llevado a ausentarse sistemáticamente de las sesiones de las comisiones parlamentarias que deben discutir los proyectos.
Entre los liberales que aceptaron el documento de Betancur, algunos pensaban que no podía interpretarse como "presión indebida" a los convencionistas, pues el contenido de la carta era el mismo que el Presidente había enviado al Nuevo Liberalismo y a las directivas del Partido Conservador. Pero si bien se podía discutir la validez del envío hecho por Betancur a la Convención, lo que resultaba inaceptable era la actitud tropical con la cual un nutrido grupo de parlamentarios la había recibido. En especial se tiene en cuenta que algunos convencionistas, entre ellos el propio ex ministro Palacio Rudas, consideraban que el documento merecía un estudio serio o al menos un rechazo cordial por tratarse de uno de los temás más trascendentales que podía debatir la asamblea del liberalismo, en vez del espectáculo que hizo que muchos recordaran los incidentes violentos de uno de los partidos de fútbol de la última fecha del octogonal.
Pero los convencionistas, o al menos una mayoría entre ellos, prefirió discutir otros asuntos como si la Dirección Liberal debía estar integrada por cinco o por siete miembros. Uno de los asistentes a la Convención, impresionado por la reacción al documento de Betancur y por el hecho de que se invirtieran horas enteras en debatir las famosas "reglas del juego", comentó a SEMANA que "éste es quizás el único país del mundo donde cada cuatro años, se gastan durante meses muchas energías en establecer reglas del juego, pese a que éstas siempre se encuentran en los estatutos del partido".
Al finalizar la Convención, en la cual intervinieron además los precandidatos Virgilio Barco, Augusto Espinosa, Alvaro Uribe, Otto Morales y el quinto precandidato, Víctor Mosquera Chaux retiró su postulación, la situación del partido no parecía alentadora, pese a las inmensas posibilidades que tiene de ganar las próximas elecciones, más por inercia y por ser de alguna manera la alternativa a lo que hoy existe. Lo cierto es que, una vez más, la Convención Liberal se perdió en debates sobre mecánica política, lo cual no deja de tener muy mala presentación, en particular si se compara el evento con la Convención Conservadora de mediados de año, en la cual, mal que bien, se pretendió esbozar algunas tesis, que si bien muchos no tomaban en serio, permitían cubrir con un discreto velo las maniobras para la elección de dignatarios.
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