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| 1/6/1986 12:00:00 AM

ZAMBRA PA'TI

Palo porque bogas y palo porque no bogas al gobierno en el agitado debate de la Cámara sobre la toma del Palacio de Justicia.

Desde tempranas horas, efectivos de las fuerzas de seguridad del Estado habían comenzado a ubicarse fuera y dentro del Congreso. Hombres provistos de walkie-talkies se colocaron estratégicamente en el lugar de las barras. Eran los preparativos de lo que se esperaba que fuera un debate de altura y que degeneró simple y llanamente en un mercado persa.
Semanas antes, con lo que se consideró una salida en falso del director alterno del liberalismo, César Gaviria Trujillo (ver SEMANA, N° 185), cualquier posibilidad de que el debate pasara a la historia había quedado descartada. En esa como en esta oportunidad, se salió el cobre del oportunismo y del electorerismo, como lo señalaron observadores políticos y algunos parlamentarios. El anunciado "juicio de responsabilidades" al gobierno por la toma del Palacio de Justicia, que el mismo gobierno había anticipado y aceptado previamente, terminó en una zambra en donde sólo faltaron los puños.
En el recinto, los conservadores estaban sentados a la izquierda y los liberales a la derecha como curiosa muestra de la confusión que se ha venido generalizando en los últimos tiempos en la política colombiana. Si bien el planteamiento de un debate a la solución eminentemente militar a la toma del Palacio de Justicia, aparte de sano, podía ser interpretado como una posición progresista y democrática del oficialismo liberal, los argumentos utilizados por algunos de quienes se fueron lanza en ristre contra el Presidente, acusándolo de fascista y hasta de genocida, resultaron, paradójicamente, más derechistas. Las intervenciones de los representantes liberales Manuel Francisco Becerra y María Izquierdo de Rodríguez, se enfilaron no propiamente al desenlace militar de la batalla del Palacio, sino a algunas de las medidas adoptadas durante el proceso de paz: la amnistía y el indulto. Como quien dice, y para resumir la posición del liberalismo oficialista: "palo porque bogas y palo porque no bogas". Malo por haber dialogado con la guerrilla en Madrid y México, y malo por no haberlo hecho a dos cuadras de la Casa de Nariño.

DE LAS REFORMAS, NI "MU"
Mientras el representante Gaviria intentaba hacerse oír por encima de los gritos y las imprecaciones de sus colegas, negándose a conceder la palabra a los conservadores, los ministros citados al debate (Gobierno, Justicia, Defensa, Comunicaciones, Educación y Minas) hablaban entre ellos, tomaban apuntes, miraban al techo y más parecían observadores desinteresados que representantes de un gobierno en el banquillo. El ministro de Minas ni siquiera se sentó con sus compañeros de gabinete y presenció desde las curules la sesión, mientras el general Vega Uribe resolvió en un momento dado abandonar el recinto, argumentando que esperaría a que su citante, el Nuevo Liberalismo, tuviera la palabra el próximo martes.
Sin embargo, la aparente falta de interés de los ministros no se debia a que quisieran eludir el debate, sino a que desde las desde las primeras de cambio, éste degeneró en una zambra donde el que más gritaba era el que se imponia. Pero en medio de los gritos, se hicieron evidentes las ya bastante custionadas motivaciones electorales del debate. Quedó claro que más que una revisión critica seria de la acción de un gobierno, lo que había por parte del oficialismo liberal era el interés de culpar directamente al Presidente conservador, haciéndose el de la vista gorda frente al innegable hecho de que los ministros liberales del gabinete y las Fuerzas Armadas también tenían velas en el entierro.
El oficialismo liberal, a excepción de algunas intervenciones marginales que se ahogaron entre los gritos generales, se dedicó a buscar la paja en el ojo del Presidente, desconociendo que tenía una viga en el propio. Al parecer en todo este debate se ha olvidado que si una parte del proceso de paz dependía de los diálogos o no diálogos del Presidente o sus representantes con la guerrilla, la otra dependía del Congreso, de mayoría liberal, a quien le competía, además de conceder amnistías e indultos, estudiar y sacar adelante reformas concretas para dar garantías a quienes habían manifestado sus intenciones de cambiar los fusiles por los votos.
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