Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1990/10/08 00:00

ZANAHORIA O GARROTE

Dada la situación jurídica de cada uno, parecía que el nuevo paquete de medidas le sirve más a los jefes del cartel de Cali que a los de Medellín.

ZANAHORIA O GARROTE

Una zanahoria o un garrote. Esta es la alternativa que César Gaviria ha dado a los narcotraficantes después del nuevo paquete de medidas de la semana pasada. En plata blanca, lo que el Presidente ofrece es no extradición y justicia favorable a quienes se entreguen, entreguen sus bienes y confiesen, y extradición a quienes persistan en el delito sean capturados. En otras palabras, de ahora en adelante la extradición va a ser discrecional. Y como para que esto quedara bien claro, simultaneamente con el anuncio de las medidas, el Presidente extraditó a tres y dejó en Colombia a otros tres.
Uno de los criterios aplicados en la selección es de gran importancia. Se refiere al lavado de dólares. Esto, que en Estados Unidos es un delito, en Colombia es solamente una contravención, y el gobierno considera que los cargos por lavado de dolares no pesarán en las solicitudes de extradición de ahora en adelante.
El paquete de medidas fue recibido, en general, con euforia. Lo curioso es que esta euforia obedece más a la calma chicha que está viviendo el país desde la tregua decretada por Los Extraditables, y al estado de gracia del nuevo gobierno, que a lo revolucionario de las medidas presentadas. Si estas mismas medidas se hubieran tomado al final de la administración Barco, seguramente hubieran sida objeto de una gran controversia, con el argumento de que el gobierno habia bajado la guardia y había transigido. Pero el país está en luna de miel con Gaviria y en luna de miel todo es perfecto. El Presidente lo sabe y ha capitalizado hábilmente su cuarto de hora. Pero como él mismo lo reconoce, ésto se ha podido hace porque el gobierno anterior le ganó la guerra al narcoterrorismo.
En realidad, si ha habido un revolcón, éste ha sido mas político que jurídico. Porque lo que se presenta como una innovación, la discrecionalidad de la extradición, ya existía. La prueba es que la administración Barco extraditaba o dejaba de hacerlo cuando quería. Al final del gobiemo varios extraditables quedaron en las carceles colombianas y no en las de los Estados Unidos.
En cuanto a la reducción de penas a quienes colaboren con las autoridades, tampoco es una novedad. El principio había sido incorporado en el Estatuto Antiterrorista promulgado por el gobierno anterior. Lo que es nuevo, es la reglamentación más concreta de este principio que, aunque consagrado, no desarrollaba los mecanismos para su aplicación. El decreto 2074 de la semanapasada cumple con este propósito.
Lo más significativo es, entonces, la definición política. El gobierno, sobre la base de las nuevas condiciones de orden público, ha remplazado el enfoque eminentemente militar del problema de la droga, por un enfoque jurídico. César Gaviria era identificado como el menos flexible de los candidatos a la Presidencia frente a este problema y concretamente a la extradición. La prensa internacional lo mostraba como el candidato de la no transacción. Su posicionamiento como el heredero de Luis Carlos Galán consolidaba esta imagen; Ahora, Gaviria ha enviado un mensaje concreto al mundo y los narcotraficantes. Este mensaje es más de pragmatismo y de realismo, que de fanatismo. Concretamente, quiso dejar en claro que, a partir de ahora, la lucha contra el narcotrafico va más allá de la cacería humana contra Pablo Escobar, y que se tratará el problema del narcotráfico con reglas claras siendo duro con los duros y blando con los blandos. Paradójicamente, Gaviria esta aplicando el slogan de Barco de "la mano tendida y el pulso firme", pero lo está haciendo en forma más realista y por encima de la mesa. Esto último es clave, porque Barco a veces ofrecía lo mismo que Gaviria, pero siempre en forma ambigua. "Entréguense y les irá bien" era el mensaje, pero nunca explicaba muy bien en qué consistía lo segundo.
El problema es que aunque la propuesta de Gaviria es mucho más concreta que la de Barco, deja abierto un gran numero de interrogantes. En primer lugar, ¿ quién se va a acoger ?
En Colombia hay dos tipos de narcotraficantes: media docena de capos famosos, encabezados por Pablo Escobar, y miles de mandos medios anónimos. En cuanto a estos últimos, es poco probable que se entreguen a lajusticia, por la sencilla razón de que están tranquilos en el negocio y nadie los está buscando. Como la lucha contra la droga se había centrado en la persecución de Escobar, muchos narcos pequeños y medianos continuaron en el negocio sin que de ellos se tengan expedientes, datos, acusaciones o antecedentes. Poco sentido tendria para ellos, entonces, delatarse y delatar a sus amigos a cambio de un peligro no inminente.
Con los grandes, el problema es más complejo, aunque cada caso es diferente. Pablo Escobar, por ejemplo, hasta la fecha está solamente vinculado por la justicia colombiana al asesinato de Guillermo Cano. Si se entrega a las autoridades para beneficiarse de la reducción de la pena, tendría que confesar infinidad de delitos que hasta este momento no figuran en ningún expediente. Teniendo en cuenta que las autoridades le atribuyen al jefe del Cartel de Medellín responsabilidad directa o indirecta de más de mil muertos, incluyendo los asesinatos de tres candidatos presidenciales, un ministro, un Procurador y 250 policías, además de las bombas del avión de Avianca y del DAS, la entrega de Escobar tendría sus problemas. Si no confiesa la totalidad de los delitos cometidos que, según las autoridades, son prácticamente todos los que has sucedido en los úItimos 10 años, se expondra a que, una vez detenido, lo vincularan a otros procesos no confesados que no obtendrían los beneficios del nuevo decreto. Por lo tanto, Escobar tendría que confesar hasta el último gramo de cocaina que ha exportado en la vida, lo cual no es facil, pues esta acusado de haber exportado el 80% de la cocaina consumida en los Estados Unidos en la última decada.
Y en lo que se refiere a sus propiedades, la cosa tampoco es fácil. Si es verdad, como se dice, que tiene más de tres mil millones de dólares, es seguro que no tendrá nada a nombre de él. Por eso, para muchos es iluso esperar que voluntariamente aporte la información sobre todos sus testaferros en Colombia y sobre todas sus cuentas en el exterior. Este punto no parece aplicable en la vida real, y la confiscación tendrá que limitarse a los pocos cacharros que estén a nombre propio.
Pero si Escobar decidiera entregarse y confesar todos y cada uno de los delitos de narcotráfico y terrorismo que ha cometido en su vida, no pasaría en la cárcel más de ocho años. Las penas máximas en Colombia son de 30 años y no son acumulables. El nuevo decreto reduciria la pena a 15 años. Por cada tres días de trabajo se reduciría un día la pena. Buena conducta y ánimo de rehabilitación la rebajarian en una tercera parte. Todo esto sumado dejaria la condena en ocho años. Pero segun todos los observadores, por más rebaja de penas, no hay ninguna posibilidad de que Pablo Escobar se presente ante la justicia colombiana.
Los Ochoa tienen una posición algo distinta. A diferencia de Escobar, que en Estados Unidos esta solicitado solamente por delitos de narcotrafico, dos de ellos, Jorge Luis y Fabio hijo, están vinculados en ese país al asesinato del informante de la DEA Barry Seal. El decreto expedido la semana pasada incluye delitos conexos. Por lo tanto, si confiesan también su culpabilidad en el homicidio de Seal presumiblemente podrían ser juzgados en Colombia por ese delito y obtener una rebaja de la pena. Sin embargo, es probable que los Estados Unidos no se traguen entero que un homicidio de un ciudadano norteamericano, cometido en territorio norteamericano, reciba la benevolencia que lajusticia colombiana otorgaría en este caso. Para los Estados Unidos una cosa es la exportación de cocaina y el derecho a juicio en Colombia, y otra el homicidio de sus ciudadanos cuyo castigo en ese país puede llegar hasta la cadena perpetua.
Como es seguro que habrá presión norteamericana, tendrá que haber claridad sobre ese asunto antes de que uno de esos dos Ochoa mueva un dedo.

Del Cartel de Medellín la persona que más podría beneficiarse con el decreto es Juan David Ochoa. Hasta donde se sabe, está solamente acusado de narcotráfico en Estados Unidos y de nada muy grave en Colombia. Si se entrega y confiesa podría cumplir la condena por narcotráfico en Colombia. Sorprendentemente, en Colombia las condenas por este delito son prácticamente inexistentes, pues toda la acción de las autoridades se ha centrado en el narcoterrorismo y no en el negocio de la exportación. El código contempla penas de 4 a 12 años que, con las medidas de justicias negociada, quedarían en seis y por las leyes de favorabilidad en tres o menos. Para los problemas de la familia Ochoa, dos o tres años serían una ganga.
Los que sí obtendrían mayores beneficios con la nueva legislación son los miembros del Cartel de Cali. Solicitados en extradición por delitos de narcotráfico en los Estados Unidos, no tienen procesos pendientes en Colombia. Gilberto Rodríguez tiene una boleta de captura por cuenta de una acusación de introducción de cocaina a Louisiana. En Estados Unidos, dada su fama de jefe de cartel, esto podría representar, en el ambiente de hoy, cadena perpetua. En Colombia, con todas las formulas y atenuantes del caso, acabaría en tres años o menos como en el caso de Juan David Ochoa. En situación parecida podrían encontrarse Pacho Herrera y Jose Santacruz, las otras cabezas del Cartel de Cali.
Independientemente de a quién le vaya bien o aquién le vaya mal, nadie está esperando entregas de peces gordos a corto plazo. Un indicio de esto fue la reacción del padre del clan Ochoa, Fabio Ochoa, quien después de describir las medidas como solamente un buen comienzo, paso después a calificarlas como una treta de "Suena ridículo -dijo en declaraciones a Caracol-pretender que mis hijos se entreguen y delaten a sus amigos. Además, Gaviria dijo que dizque no iba a haber extradicion y ya extraditaron a tres más." El viejo caballista, aunque no está acusado de nada ni es vocero oficial de nadie, habla mas que todo con el corazón, pero lo que dice tiene más credibilidad que los comunicados formales de Los Extraditables redactados por abogados.
Por su parte, Iván Roberto Duque, vocero de las autodefensas del Magdalena Medio, manifestó que las autodefensas tampoco le jalaban a la entrega.
Si las cabezas de los carteles no se van a entregar, entonces ¿quien ? La teoría al respecto es que hay una generación de coroneles que le tienen terror a la extradición y que con esta puerta tienen la posibilidad de salir de ese problema. Sólo este tipo de personas, con riesgo de ser extraditadas, tiene una justificación real para acogerse a la nueva legislación, pues a la justicia colombiana, hoy por hoy, no le teme nadie. Los Estados Unidos no hacen públicos los nombres de las personas extraditables y sólo dan a conocer las pruebas cuando estas han sido capturadas. Por ésto nadie sabe exactamente quién está en la mira y quién no. SEMANA se ha enterado de que la lista de extraditables asciende en la actualidad a cerca de 100 nombres. Y es a los 90 desconocidos de ésta a quienes les prodría servir presentarse ante un juez. Personajes del nivel del "Mono" Abello, Eduardo Martínez, Severo Escobar, hoy encarceles norteamericanas, serían los que llenarían este perfil. Es decir, algunos mandos medios de los carteles grandes o cabezas de los carteles pequeños como el de Pereira, Armenia, Santa Marta, etc. que, aunque poco conocidos en Colombia, estan en la lista de los 100 extraditables, razón que los obliga a estar siempre escondidos. De resto, las miles de personas que hoy trabajan en actividades de narcotrafico no tienen ningún peligro ni incentivos para entregarse.
A pesar de todas estas realidades, la nueva política de Gaviria en materia de droga es audaz e inteligente. En el fondo, representa el espiritu del controvetrido comunicado de Los Notables que nunca llegó a concretarse. La diferencia es que la iniciativa emana exclusivamente del gobierno y no es el producto de un diálogo o de una circunstancia excepcional como fue el secuestro del hijo de Germán Montoya. Porque cotrario a lo que piensan algunos sectores, no ha habido ningún diálogo. Los narcos han tratado de establecer puentes de camunicación con algunos representantes del nuevo gobierno, y Gaviria ha sido categórico en prohibir todo cantacto. Sin embargo, les ha dado más de lo que pedían en la famosa reunión de Panama en 1984 o de lo que ofrecieron en el episodio de la rendición como respuesta al comunicado de Los Notables acomienzos de este año. En Panamá, hace seis años, ofrecieron la repatriación de sus capitales y el desmonte del negocio a cambio solamente de que la extradición no fuera aplicada con retroactividad. Ni siquiera se mencionó la eliminación de la extradición en esa oportunidad. En la rendición de este año, no aspiraban a nada más que a ser juzgados en Colombia. Ahora, Gaviria está diciendo juicio en Colombia y mitad de la pena para el que se entregue , lo cual en el fondo, es más generoso que lo que se había discutido en las dos ocasiones anteriores.
Esta generosidad no ha sido re conocida por Los Extraditables, lo cual demuestra que, digan lo que digan, lo que esperan es una negociación política como la que se da con la guerrilla. Esta no se va a presentar y en esto Gaviria ha sido categórico. De esto se darán cuenta rápido y tendrán que revaluar su posición pues la fórmula presentada la semana pasada es la última palabra del gobierno antes y si no quieren zanahoria tendrán que someterse al garrote.

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