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| 12/25/1995 12:00:00 AM

ZANAHORIA O GARROTE

En aras de una tranquilidad decembrina para Bogotá, Mockus espera que sus habitantes le bajen la dosis a la pólvora y al trago.

AL PRIMER NIÑO QUEMADO a en la ciudad, no más pólvora en Bogotá. En esta breve frase se resume la nueva iniciativa cívica del alcalde de la capital del país, Antanas Mockus, quien parece no estar dispuesto a dejar que los hospitales se llenen de menores lesionados en este diciembre por culpa de la irresponsabilidad de los adultos.
Esta campaña -que se suma a la de la organización del tráfico y la educación de conductores y peatones- es otro paso que da el mandatario distrital en su empeño por hacer más vivible a Bogotá, sobre todo ahora cuando se acercan las festividades de Navidad y Año Nuevo. Adicionalmente, anunció para el mismo mes un estricto control con el fin de evitar que los conductores bogotanos conduzcan en estado de embriaguez.
Aunque a primera vista, éstas parecen ser medidas en contra de la diversión de sus conciudadanos, Mockus es claro al advertir que no se trata de hacer de Bogotá una ciudad menos alegre sino más tranquila. A la luz de los altos índices de accidentalidad, es preferible una Navidad 'zanahoria', que una Navidad de luto.
Sin embargo, a pesar de las bondades de dichas propuestas, respaldadas por una buena parte de la ciudadanía, las mismas no han estado exentas de controversia, como ya es tradicional en las decisiones del ex rector de la Universidad Nacional.
Por un lado están las voces de los propietarios de los expendios de licor quienes ante la eventualidad de una ley semiseca para diciembre, no se han puesto con miramientos a la hora de descalificar la medida que, según ellos, atenta contra la libertad de empresa y el derecho al trabajo. Su disgusto ha llegado al extremo de anunciar la presentación de una tutela en contra del funcionario.
Por otra parte, la protesta de los fabricantes y vendedores de pólvora se centra en el argumento de que ellos trabajan todo el año para tener lista su mercancía en diciembre, por lo cual -si se llega a dar su prohibición- se tendrían que enfrentar a una grave crisis económica y social. Al respecto el alcalde ha insistido en repetidas ocasiones en que se trata de una campaña de prevención, antes que una de represión, ya que la mejor y única manera de evitar que la prohibición entre en vigor es mediante un manejo responsable de los materiales explosivos e inflamables durante estas festividades y, sobre todo, evitando que los menores entren en contacto con estas sustancias, ya que ha quedado dolorosamente demostrado que no hay pólvora inofensiva.
De todas maneras, a pesar del eco que en algunos medios han tenido quienes discrepan de Mockus, la sensación que se percibe en la capital del país es que -en esta oportunidad- la mayoría de los bogotanos respalda a su mandatario. Al fin y al cabo no son del todo gratas las escenas decembrinas a las que nos tienen acostumbrados los noticieros de televisión donde aparecen niños quemados o adultos accidentados por cuenta del mal uso de la pólvora y del consumo desmedido de licor.
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