Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2009/01/26 00:00

Alan Jara, un desafío a la neutralidad

Las Farc secuestraron al ex gobernador del Meta sacándolo a la fuerza de un vehículo de la Onu. No les importó y lo dejaron siete años en la selva.

Alan Jara, ex gobernador del Meta, secuestrado por las Farc.

Un desafío de las Farc a la comunidad internacional. Así interpretó la opinión mundial le secuestro de Alan Jara, ocurrido el 15 de julio de 2001.

Jara acababa de terminar su periodo como gobernador del Meta y trabajaba como consultor de Naciones Unidas. Ese día, se desplazaba en un vehículo de ese organismo internacional por la vía que une al municipio de Lejanías con Villavicencio, por donde regresaba una comisión después de haber asistido a la inauguración de unas obras.

Pese a que Jara viajaba en un vehículo de Naciones Unidas, integrantes del frente 26 de las Farc detuvieron el carro y obligaron al ex gobernador a bajar. Según los guerrilleros, el funcionario sería sometido a un juicio popular para rendir cuentas sobre su supuesta relación con paramilitares y la posible implicación en las muertes líderes populares en el Llano.

En su momento, algunas personas que trabajaron con Jara dijeron que el pretexto de las Farc era absurdo, porque él ha estado más cercano a las ideologías de izquierda que a las de derecha. Tanto, que incluso estudió en el Instituto de Ingeniería y Construcciones de Kiev, en Ucrania y durante su carrera política había enfocado sus acciones en el trabajo con comunidades pobres de Villavicencio.

Pocos días después de que Jara fuera tomado como rehén, se dijo que había sido más bien por haberse negado a entregarles contratos a las Farc y como un desafío a la comunidad internacional. Apenas cinco días antes de que Jara fuera privado de su libertad, ONG y organismos internacionales habían lanzado varias críticas a la guerra sucia de esa guerrilla.

El 10 de julio de 2001, la ONG Human Rights Watch le envió una carta a ‘Manuel Marulanda’ reclamándole por las constantes violaciones al Derecho Internacional Humanitario que por esos días protagonizaba la guerrilla que él lideraba. Cuando los periodistas en el Caguán le preguntaron a ‘Tirofijo’ su opinión sobre la carta de esa ONG, respondió diciendo: “¿Cuál? Si a mí no me ha llegado nada” y menos de una semana después ocurrió el plagio de Jara, con el categórico rechazo de Naciones Unidas.
En un comienzo, se pensó que las Farc recapacitarían sobre el error y lo dejarían libre. Al contrario, le pidieron explicaciones a la ONU por su relación con quien ellos consideraban como nexos con un político relacionado con paramilitares.

Desde entonces, los días de Jara han pasado en la selva y los de su esposa, Claudia Rujeles, con la incertidumbre de saber el estado de su esposo. Durante todos estos años, su familia ha tenido tristezas como la muerte de la madre de Alan, en 2002, después de ser derrotada por un cáncer. Pero también ha habido algunas alegrías, como el triunfo del hijo de Alan Felipe (el hijo de Alan Jara) en 2003, cuando fue campeón municipal de tenis de mesa en Villavicencio.

Mientras la familia Jara Rujeles extraña a Alan, durante su cautiverio él ha mantenido libre lo único que no pueden amarrarle con cadenas: el pensamiento.

Entonces se hizo maestro de idiomas allá entre la humedad de los árboles donde soporta su situación de rehén. Desde hace seis años, les enseña a sus compañeros de cautiverio inglés y ruso. A menudo, lo primero que se comenta en las clases son las noticias que han escuchado por la radio. El coronel Luis Mendieta, el mejor alumno de inglés, suele hacer los resúmenes y repetir la infortunada frase "About the humanitarian agreement there is no news" ("sobre el acuerdo humanitario no tenemos noticias").

Como no todos los alumnos llevan el mismo ritmo, Jara les hace evaluaciones periódicas para intentar nivelarlos. En 2003, cuando apenas se iniciaba la escuela, los mensajes de los familiares de algunos de quienes están privados de la libertad por las Farc llegaron en inglés. Esa fue una de las pruebas que puso el maestro, cuyos alumnos esperan que el prolongado cautiverio les deje como aprendizaje una segunda lengua.

Las clases sólo dejan de dictarse cuando hay una marcha, un traslado de campamento o cuando el ‘profe’ amanece enfermo. Y mucho deja que pensar el estado de salud de Jara. En las últimas pruebas de supervivencia, recibidas en enero de 2008 de manos de Clara Rojas y Consuelo González, Jara dice en una carta que tiene una protuberancia en el cuello que le preocupa mucho.

Ahora Jara recibirá atención médica que le alivie los males provocados por el largo cautiverio, pero seguramente más de un cautivo que siga en la selva, extrañará las lecciones del ‘profe’ Jara.

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