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| 10/23/2008 12:00:00 AM

Análisis: Paro nacional y petardos en Bogotá

La coincidencia de las movilizaciones sociales y laborales con los petardos de Bogotá pueden tener menos que ver de lo que parece.

Ya se perdió la cuenta de cuántos ataques ha recibido Bogotá en lo que va corrido del año. A pesar de esto, los bogotanos tienen claro que hace mucho no vivían una situación de nerviosismo como esta, aunque la Alcaldía de Bogotá y la Policía insisten en que la seguridad de la capital del país se mantiene.

Mientras la Fundación Seguridad & Democracia concluyó en un estudio hecho en septiembre que los bogotanos confían más en la Policía, que los índices de criminalidad y violencia están descendiendo y que los bogotanos se sienten más seguros, las autoridades buscan quién dio la orden de poner explosivos de manera simultánea.

Es verdad que los petardos de hoy no han tenido gran poder destructivo, pero de todos modos causaron heridos y daños y, lo peor, aterrorizan a la personas, más cuando han sido tan seguidos. Porque esta es la tercera vez que hay atentados simultáneos en la capital: la primera vez fue pasado junio, cuando hubo cuatro explosiones en distintos puntos de Bogotá; otro después, el 24 de julio, cuando seis busetas fueron quemadas en varios puntos de la ciudad; y ahora, el de este del jueves 23 de octubre en el que explotaron siete petardos a la vez que dejaron 16 heridos.

Ya las autoridades informaron que los petardos del jueves fueron detonados a control remoto, hecho que parece apuntar hacia la guerrilla como responsable. Son varios los atentados que las Farc han realizado con este método, utilizando a sus milicias urbanas.

Fuentes de seguridad estatales tienen razones para creer que pudo ser una orden del sexto frente de las Farc, en coordinación con el Bloque Oriental de este grupo armado, que comanda ‘El Mono Jojoy’ y que le estaría apuntando a desestabilizar el orden de la capital del país, cumpliendo así una vieja amenaza que este jefe guerrillero lanzó hace varios años contra Bogotá.

Lamentablemente estos hechos violentos coinciden con el paro de funcionarios de varias entidades públicas, de corteros de caña y con la marcha de protesta de las comunidades indígenas en el sur del país. Lo más obvio sería conectar la agitación laboral y las denuncias de los líderes indígenas con las explosiones de Bogotá, como si se tratara de un solo plan desestabilizador. Sin embargo, analizada en detalle, la teoría no resulta tan lógica.

Si la guerrilla fuera tan poderosa como para orquestar movilizaciones masivas y huelgas en todo el país, y quisiera además contribuir a la desestabilización general con atentados terroristas en Bogotá, pues lo hubiera hecho de manera mucho más contundente y agresiva, y no con unos pocos y débiles petardos.

Más creíble es que la guerrilla poco tenga que ver con la movilización social de las últimas semanas, y que precisamente porque es débil, no tenga más poder que el de hacer explotar unos petardos para pescar así en río revuelto. ¿Qué más quisieran las Farc que le atribuyan el enorme poder de movilizar al país? Saben que al hacer coincidir las explosiones con el paro los hace aparecer más potentes de lo que en realidad son.

Claro está que aún es prematuro asegurar que fueron las Farc las autoras de los ataques de este jueves, y las autoridades están averiguando. No hay que olvidar que hay decenas de grupos armados ilegales hoy en el país (bandas emergentes, Eln, auodefensas gaitanistas, águilas negras, etc.) y cualquier otro hubiera podido ser.
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