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| 2/8/2010 12:00:00 AM

“La tristeza y desesperación no tienen color, nacionalidad ni religión”

Gervasio Sánchez, un periodista español que ha vivido las tragedias de Camboya, Irak, Afganistán, Argentina, Chile y Bosnia, narra sus impresiones en la exhumación de fosas de víctimas de los 'paras' en Magdalena. Se queja de la indolencia de los gobernantes.

“Vengo de la zona rural de Santa Marta, donde asistí como reportero a la inhumación de 35 cuerpos que fueron asesinados en la última década. Llevo varias semanas documentando en Colombia la desaparición forzosa y me indigna la actitud que algunos gobernantes tienen con las víctimas.
 
Me refiero en particular a la ausencia del alcalde de Santa Marta, Juan Pablo Díaz Granados, en un acontecimiento tan importante como la exhumación de los cadáveres de unas personas que fueron víctimas de la violencia. Y no sólo su ausencia, sino la falta de compromiso de la administración municipal para brindarles un acompañamiento a los familiares y una sepultura decente a las víctimas.
 
Sin hacerse presente y a pesar de que se había comprometido con donar las tumbas en un cementerio, el alcalde prefirió otras ocupaciones antes que atender a unas personas que lo único que desean es ponerle fin a tantos años de sufrimiento. Las sepulturas finalmente se consiguieron, pero luego de un penoso peregrinaje de los familiares, que cargaban los restos sin tener en dónde reposarlos. Esto no es justo con las víctimas de un conflicto que han sufrido tantos años de olvido.
 
Soy fotoperiodista. He documentado exhumaciones de fosas comunes desde hace 27 años en países como Guatemala, El Salvador, Chile, Perú, Argentina, Afganistán, Irak, Bosnia, Camboya. En Colombia encuentro algo particular: que los muertos están en fosas individuales. Hay máximo dos o tres cadáveres en cada una de ellas. La fosa con más cuerpos que ha exhumado la Fiscalía colombiana ha sido de 22 cuerpos. En Guatemala hay fosas de 200 o 300 personas, por ejemplo. Hace algunos años presencié una de 5 mil personas en Irak.
 
Por eso creo que aquí es mucho más difícil encontrar a los desaparecidos, porque están muy distribuidos y esparcidos por todo el país, además en muchos casos han sido picados en pedazos. Creo que los paramilitares eran un poco vagos a la hora de escarbar y preferían hacer las fosas más pequeñas, entonces tenían que descuartizar a los cuerpos.
 
Yo he visto ese tipo de cosas en Colombia. He visto desgraciadamente cómo aparecen los cadáveres flotando sobre el río Cauca. Desde hace muchos años veo los resultados de un conflicto, que son los desastres de la guerra, y definitivamente prefiero olvidar lo que vi porque me duele el nivel de crueldad e impunidad con las víctimas.
 

 
Estoy mu y sorprendido. De todo este episodio hay algo positivo: La Fiscalía colombiana está haciendo un trabajo decente, basada en la Ley de Justicia y Paz que se creó para prever la impunidad –porque es absolutamente inaceptable que un jefe de las AUC pueda beneficiarse por el hecho de señalar en dónde arrojan a los muertos- y se está consiguiendo algo que parecía imposible: que los paramilitares y grupos armados hablen hasta el punto de descubrir fosas por todas partes.
 
Es difícil retratar desde el obturador la incansable búsqueda de los familiares de las víctimas y el dolor de encontrar, aunque sea un puñado de huesos, que por fin puedan sepultar y llevarle unas flores de vez en cuando.
 
En el 2001 hice un reportaje sobre desaparición forzosa en Antioquia que lo publiqué en un dominical en España. Tuve amigos periodistas que me reclamaron diciéndome que en Colombia no existían las desapariciones, que esto sólo era un problema de Argentina y de Chile. La realidad está a la vista: los desaparecidos son miles y Colombia es el segundo país del mundo, después de Irak, con el mayor número.
 
Estoy haciendo un trabajo de documentación desde todos los ángulos. Documento exhumaciones, entrega de cuerpos, fotografiando los lugares donde ocurrieron los hechos. Intento captar el dolor de los familiares y los recuerdos que tienen de las víctimas: una foto, una prenda, o lo que tenían en los bolsillos después de ser exhumados.
 
Una exhumación siempre es dura y me conmueve el alma. La tristeza y desesperación no tienen color, nacionalidad ni religión. Si pones dos fotografías sobre la mesa, una de ellas de una madre que perdió a su hijo en Irak y otra que perdió a su hijo en Colombia, puedo asegurar que, a pesar de que son de culturas distintas, en sus ojos se ve la misma expresión de dolor, de tristeza y su angustia por encontrarlo.
 
En mi largo recorrido he conocido personas que tienen a toda su familia desaparecida. En Irak, por ejemplo, hay un Valle que se llama “El Valle de las Viudas”, en donde en una sola noche de 1983-durante el régimen de Sadam Hussein- se llevaron a 8 mil varones. A la fecha, sólo han encontrado 600 cuerpos.
 
La desaparición carga un inmenso dolor en la familia que sólo se alivia un poco cuando obtiene respuesta sobre lo que realmente sucedió con su ser querido y más si le puede dar sepultura a sus restos. Por eso creo que es importante documentar lo que sucede, como parte de una denuncia global.
 
Algo curioso pasará en Colombia y espero no equivocarme: una institución del Estado va a denunciar al resto de instituciones del Estado. La Fiscalía está investigando todo lo que ha pasado y cada vez tiene más información de las implicaciones de miembros del Ejército y sus relaciones con los paramilitares en este país.
 
Están investigando, por ejemplo, los llamados vulgar y vergonzosamente ‘falsos positivos’ que en realidad son crímenes de Estado, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzosas en su mayoría realizadas por el Ejército. Lógicamente, hay implicaciones políticas importantes, a muy alto nivel. ¿Hasta dónde puede llegar la responsabilidad política? No lo sé, pero estamos hablando de 2 mil denuncias de falsos positivos, la inmensa mayoría de 2002 en adelante como dicen los fiscales.
 
Me preocupa que en Colombia hay una fascinación por la violencia y también que sus jóvenes desconocen la historia de su país. También veo, con cierta tristeza, cómo la gran prensa ha desaparecido y se ha vuelto presa de la manipulación.

Por eso me indigna que los representantes no tengan piedad con las víctimas. Porque si un país como Colombia , con tanta violencia, con tantos muertos, con tanta gente arrojada a los ríos, con tantos no identificados en los cementerios, no es capaz de dar paz a las familias en el último momento de un proceso tan largo como es la búsqueda, identificación y entrega de restos, es un país que está condenado a la tristeza y al fracaso”.

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* Gervasio Sánchez, periodista español. Premio Nacional de Fotografía en su país en 2009. Su más reciente exposición,"Vidas Minadas Diez años" que se exhibe hasta el 28 de febrero en la Biblioteca Virgilio Barco, retrata víctimas civiles de minas antipersona durante los años 90.
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