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| 10/2/2008 12:00:00 AM

“La verdad no puede estar enjaulada en la selva”

Barney Afako es uno de los asesores de paz de Uganda, un país que como Colombia, intenta reconstruir la verdad y reparar a las víctimas en medio de un conflicto que no cesa. Semana.com habló con él sobre las lecciones aprendidas.

“La catástrofe humanitaria más descuidada del mundo”. Así definió Jan Egeland, ex secretario general adjunto de la ONU para Asuntos Humanitarios, el drama que se vive en el norte de Uganda y que se ha esparcido a otros países de la región como Sudán, República Centroafricana y República Democrática del Congo.

Por más de 20 años, esa área del continente africano ha padecido la cruenta lucha entre el gobierno de Uganda y el Ejército de Resistencia del Señor (Lord’s Resistance Army), una de las guerrillas más sanguinarias del planeta.

Enemiga declarada del presidente ugandés Yoweri Museveni, esta guerrilla, dirigida por Joseph Kony, ha focalizado sus ataques contra la población civil y ha utilizado métodos de guerra que violan todas las normas internacionales. El ERS no sólo ha desplazado a más de un millón de personas, sino que también les ha cercenado las orejas, la nariz o los labios a quienes considera sus opositores, ha violado a miles de mujeres y más de 20.000 niños, niñas y adolescentes han sido víctimas de reclutamientos.

Cuando la violencia parecía no tener límites, las partes en conflicto entendieron que sólo podrían solucionar las diferencias a través del diálogo y en agosto de 2006 firmaron un cese de hostilidades que no se ha cumplido del todo. Aún los retos para lograr la paz en esa región africana son inmensos y la continuidad del conflicto armado, mientras se negocia, ha dificultado garantizar los derechos fundamentales de las víctimas.

Una de las personas que tiene la responsabilidad de asegurar que ese proceso llegue a buen puerto es Barney Afako, experto en justicia transicional que asesora las conversaciones entre el gobierno y ERS. Semana.com habló con el aprovechando su visita al país invitado por el Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ).
 
En Colombia, Afako se reunirá con procuradores, fiscales y magistrados de la Corte Suprema de Justicia para explicarles los avances y las dificultades del proceso de paz en Uganda. El próximo viernes 3 de octubre dictará una conferencia en la Universidad Externado de Colombia.

Uganda, como Colombia, es un país que afronta de manera simultánea un conflicto armado y un proceso de paz. ¿No es difícil, si se mira el tema desde la perspectiva de las víctimas, hablar de asuntos como la verdad o la reparación mientras la violencia continúa?

Como el conflicto lleva mucho tiempo, y en buena parte ha sido de intensidad baja, ha sido posible comenzar a investigar lo que exactamente está ocurriendo. Una de las características del conflicto en Uganda es que el modus operandi del Ejército de Resistencia del Señor es bastante claro: atacar civiles en el área de donde vienen los líderes opuestos y utilizar métodos como el secuestro o el desplazamiento. La verdad, por tanto, ha salido a relucir, se ha escapado de la selva, donde no puede estar enjaulada. No es un conflicto donde hay que esperar que la violencia termine para empezar a conocer cómo funciona el ERS y qué ha hecho. Eso ha estado claro desde el principio, ellos no se esconden e incluso en algunos casos han anunciado previamente lo que van a hacer o dónde van a atacar. No hay muchos secretos.
 
Hay estudios que indican que el proceso de paz ha sido poco exitoso. ¿Comparte usted estas críticas?

Si uno juzga el éxito por lograr acuerdos de desmovilización de grupos armados, entonces no hemos sido exitosos. El ERS todavía está en Congo y todavía es responsable de crímenes. Pero, al comienzo de las conversaciones había cientos de miles de personas desplazadas y refugiadas, el ERS hacía imposible la vida y presionaba a las poblaciones. Uno de los primeros acuerdos fue el cese de hostilidades y esto llevó a que miles de personas pudieran regresar o acercarse a sus hogares. Una de las características del conflicto en el norte de Uganda es que parece haber poca venganza con las personas que han sufrido por el conflicto y han regresado.

¿Es decir que las personas que vuelven no están en riesgo de volver a desplazarse o de sufrir otra vez a causa del conflicto?

No. Eso sí ha pasado, pero es parte de la ruleta rusa del conflicto. Por eso hay que solucionarlo completamente. Claro, hay personas que han sido secuestradas tres veces, y eso es terrible. Hay que hablar con el ERS para eliminar las amenazas, de otro modo no servirán los esfuerzos que se han hecho y la confianza de las personas se verá mermada por la posibilidad de que sigan en riesgo.

¿Cómo han combatido en Uganda las causas que dieron paso al conflicto?
 
El enfoque de estas negociaciones ha sido atacar tanto las causas como las manifestaciones y además cuidar el futuro. ¿Por qué terminamos en este conflicto en el norte de Uganda? La percepción es que el ERS es un grupo paria, pero ellos son de una comunidad y el génesis de la insurgencia del ERS es una alienación política, se sintieron alienados del poder.
 
Y eso los llevó a las armas. ¿Qué resultados ha tenido el proceso de paz en temas de desmovilización, desarme y reintegración (DDR) de los combatientes?

Hay un protocolo de DDR y hay una comisión encargada de ello. El gobierno recibe individualmente a ex combatientes que dejen la insurgencia y entreguen las armas. El proceso de reintegración a largo plazo es problemático, pero hay un paquete estándar de reinserción donde les entregan unos cuantos dólares y alguna oportunidad laboral.

Pero ese paquete de reinserción es muchas veces insuficiente.

No es suficiente e incluso en este nivel es controversial, porque genera tensiones. Pero en general, el común de la gente entiende que esto es un paso necesario para que dejen la insurgencia. Cerca de 20.000 militantes se han desmovilizado en Uganda, dos tercios de ellos del ERS.

¿Cómo aseguran que estos hombres y mujeres que se reintegran tengan condiciones de vida aceptables y no terminen de nuevo en el conflicto armado?

En general, no hemos tenido ese problema a la escala que uno espera porque muchos de los insurgentes en realidad no quieren estar allá. Esto se da por razones históricas, pero también porque fueron reclutados a la fuerza o incluso algunos nacieron como parte del ejército ilegal.

El conflicto armado genera problemas sociales de gran magnitud en las familias. ¿Cómo han enfrentado esta problemática?

No hay que perder la vista de esos problemas. Esto se da especialmente para las mujeres, que regresan sin sus esposos, muchas son viudas, tienen a sus hijos en el conflicto armado. Pero a grandes rasgos parece haber un alto nivel de recuperación en las comunidades y han podido integrar de nuevo a los ex miembros del ERS. No es perfecto, pero creo que cada vez hay mayor interés por el tema de la reintegración.

¿Cúal cree que es la lección más importante para cualquier país que, como el suyo, decidió iniciar un proceso de paz y que ha tenido muchos altibajos?

En los procesos de paz se deben tomar decisiones difíciles. Pero sobre todo, las lecciones son mutuas y hay que tener un compromiso para terminar la violencia, para que no se repita y sobre todo para que se honren las experiencias de las víctimas. Es probable que no se pueda hacer todo a la vez, pero hay que tener un plan. En Uganda esto se hace lentamente, pero hay avances. Hay que ser persistentes.


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