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| 12/10/2008 12:00:00 AM

Los elefantes que rodean El Ubérrimo

Iván Cepeda y Jorge Rojas acaban de lanzar un libro sobre la formación paramilitar en Córdoba. Según los investigadores era imposible que Uribe no hubiera notado lo que ocurría a las puertas de la hacienda de la familia presidencial.

En el corazón de Córdoba, en el mismo sitio donde está ubicada la hacienda ‘El Ubérrimo’, propiedad de presidente Álvaro Uribe, se gestó un modelo paramilitar que después se reprodujo en el resto del país. Este es el tema del libro A las puertas de El Ubérrimo, que lanzaron este martes los investigadores Iván Cepeda, director del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado, y Jorge Rojas presidente de la Consultoría para los Derechos Humanos.

El libro, que seguramente levantará ampolla en el corazón de la Casa de Nariño, narra episodios importantes de la sociedad cordobesa y cómo el proyecto paramilitar fue aceptado entre figuras públicas de esa región. También tiene fuentes testimoniales de víctimas que sufrieron la expansión del paramilitarismo por negarse a apoyar el proyecto, que no sólo buscó ser un ejército contrainsurgente, sino llegar a las instituciones, la política y la sociedad.

A propósito Semana.com habló con los autores del libro, quienes hablaron del objetivo de su publicación y del significado de su aporte a la construcción de la verdad.
 
Semana.com: ¿cuál fue su intención con esta publicación?

Iván Cepeda:  Simplemente nos limitamos a retratar que en el centro de la realidad de Montería está El Ubérrimo, la hacienda presidencial. En la investigación se pueden identificar dos historias importantes de la vida de Córdoba: una la del paramilitarismo y la parapolítica en Córdoba, y la otra, la de la hacienda, que se ha ido convirtiendo en un centro político y social muy importante y su dueño es un protagonista en la vida del departamento.

Semana.com: ¿Por qué es tan importante el dato de la hacienda presidencial?

Jorge Rojas: La hacienda está ubicada en una zona muy importante para la producción agropecuaria del departamento de Córdoba. Quizá, dentro del valle del Sinú, es la tierra más apetecida del departamento. Acceder a esa hacienda era un gran trofeo. Hubo muchas luchas entre campesinos y terratenientes años atrás, hasta que en el año 82, por fin, la familia del Presidente tuvo la posibilidad de adquirir las primeras instancias e ir expandiendo ese dominio que está muy cerca al aeropuerto y del centro político del departamento. Si uno quisiera graficar: era una hacienda rodeada de elefantes que nadie veía.

Semana.com: ¿Cuál es la particularidad de las autodefensas de Córdoba en relación a otros grupos paramilitares?

J. R.: Hay varias vertientes del paramilitarismo, la más tradicional fue la de Puerto Boyacá y la que más se extendió como modelo fue la de Córdoba, pero esta no se ha estudiado lo suficiente. Córdoba es la cuna de un proceso que todavía está en desarrollo, desde que se fundó el primer grupo paramilitar que se llamó el Orcon (Organización Contra Revolucionaria), en los años 80, hasta la consolidación de las Autodefensas Unidas de Colombia, que fusionaron las Autodefensas Unidas de Córdoba y de Urabá.

¿Cómo se activó ese proceso?, ¿cómo lograron agrupar tanta gente?, ¿qué entronque tuvo con la institucionalidad local?, es parte de lo que más o menos contamos. Accedimos a los documentos en los que se amenazaba a la sociedad civil. Llegamos a ver, por ejemplo, un video del lanzamiento de la Unión Patriótica en donde todos los que aparecen en esa tribuna fueron muertos. Sólo una persona, un guerrillero, murió en un combate, los demás murieron en estado de indefensión y ese episodio fue parte de lo que la sociedad local aceptó como cotidiano.

Semana.com: ¿El libro cuenta cómo fue la penetración del paramilitarismo en la sociedad cordobesa?

I.C.: En la investigación también hay una crónica social. La familia Mancuso tiene una figuración social muy importante en Córdoba. El matrimonio de Mancuso es uno de los acontecimientos importantes de la vida de Montería, pero hay muchos otros eventos en los que se menciona a más de 60 políticos, ganaderos y figuras públicas, que en distintas situaciones están implicados con paramilitares. La gran mayoría son amigos personales de Uribe. Pero lo más interesante es que se tejió una mitología popular de las autodefensas. Estas fueron concebidas como un ejército de salvación, Mancuso y Castaño son considerados casi como héroes. No hay ningún tipo de timidez o rubor en decir que se es amigo, se ha apoyado y se sigue apoyando ese proyecto. Y la mayor parte de esos personajes que aparecen en el libro lo han dicho claramente y el periódico local da fe de esas relaciones.

Semana.com:  Una de las críticas que le han hecho al libro es que no hay una prueba irrefutable de los vínculos del Presidente con los paramilitares…

J.R: El libro no está concebido para confrontar con Uribe. Ahí al lado de El Ubérrimo mataron a sindicalistas y sin embargo, hasta donde se sabe, el Presidente no se pronunció. Ese silencio me llama la atención, pero el libro no está orientado a demostrar que Uribe es un paramilitar, lo que muestra el libro es la inutilidad de la violencia en el ejercicio de la política. Tanto de la guerrilla que trató resolver unos problemas que al final agravó, como de los paramilitares que trataron de acabar con la guerrilla y terminaron generando esta situación de violencia y de entronización del poder mafioso local que sigue vigente. El libro quiere llamar la atención sobre unos hechos que merecen explicación, saca a la luz unas víctimas que no existen -las del conflicto en Córdoba- y muestra cómo se perdió un liderazgo social de personas que están hoy en el exilio, desaparecidos o en el cementerio.

I.C: Yo agregaría que en una realidad tan contundente, buscar una prueba reina, a mi modo de ver es un contrasentido. Porque la prueba es la realidad misma. Tal vez el libro no traiga la gran revelación, su valor está en que ordena un rompecabezas y muestra una imagen. Me asombra que en un contexto como ese se deba buscar una prueba que la constituyen son todos los hechos.

Semana.com: ¿Cómo fue el proceso de aceptación del paramilitarismo en la sociedad cordobesa?

J.R: Hay una suerte de acostumbramiento progresivo a toda forma de violencia. Primero se vendió la idea de que se necesitaban unos héroes que enfrentaran a unos guerrilleros desalmados. Después se consideró que era normal que murieran algunos inocentes. Pero luego se aceptó que murieran sólo inocentes, niños y niñas menores de cinco años y ni siquiera se lamentó. Fue parte de una espiral de violencia que se fue entronizando en la sociedad y llegó a unos niveles de flexibilización ética y moral que resulta en toda la crisis que hoy tiene esta región. Pero la idea nuestra no es condenar a la sociedad local sino mostrar que también hubo valores, resistencia, y que hay una oportunidad de desalojar la violencia de la política, la ilegalidad y la corrupción de la administración pública.

Semana.com: ¿Qué fue lo más sorprendente de la investigación?

I.C: A mí lo que me produce mayor curiosidad es cómo una realidad de esas ha pasado inadvertida y ha sido tan poco estudiada y tan poco criticada; más cuando estamos hablando del epicentro del paramilitarismo contemporáneo. Después del escándalo de la parapolítica y de estos años de gobierno no ha habido una mayor discusión sobre lo que ocurrió allí. En Córdoba la presencia del paramilitarismo fue una omnipresencia, el modelo de Puerto Boyacá llevado a uno más sofisticado institucionalmente. Y en medio de esa situación está la presencia de la familia presidencial y su hacienda. Ese es un asunto que debería llamar la atención.

Semana.com: ¿Para qué escribir un libro más sobre paramilitarismo?

J.R: Se requiere de una profunda reflexión. No creo que un escándalo sea el objetivo de una investigación de ese tipo. Si lo que sigue es una reflexión podríamos recuperar valores éticos desde una perspectiva de derechos humanos. Si lo que sigue es un cambio y una rectificación creo que deberíamos contribuir a buscar salidas a la violencia.
Cuando me dicen “es un libro provocador”, sí, contesto, provoca, pero en función de construir, de superar una crisis. Seguramente habrá unos responsables y ahí la justicia tendrá que operar, pero más allá de esto debemos mirar qué ha pasado con la tenencia de la tierra, que ha pasado con la administración pública, entre otros temas.

Como cuando el nazismo se expandió en Europa y muchas personas terminaron aceptándolo y después se preguntaron qué pasó aquí, y todos los días lo recordaban. Hay que superar ese modelo de violencia desbordada de la des institucionalización y de la ausencia de democracia. Tenemos que hacerlo para superar este capítulo.

I.C.: Este libro se inscribe en el proceso de verdad que está avocando la sociedad colombiana. La verdad no estará completa si no se dice ésta también, que es una pieza muy importante de este rompecabezas. Que se diga la verdad, que se debatan estos hechos públicamente solo puede traer un efecto benéfico, catártico y democratizador, que es lo que queremos. El libro no propone una cruzada inquisitorial contra los personajes que se mencionan en él. Pero sí que se reconozca a las víctimas, que se le diga la verdad a la sociedad cordobesa y a Colombia también.

Semana.com: Finalmente, hay en el libro unas escenas recreadas que a leerlas pareciera que se está frente a una novela. ¿Hasta dónde es ficción y hasta dónde es verdad lo que se cuenta en el libro?

J.R: La realidad supera cualquier intento de ficción en ese relato. Lo que se recoge ahí, por ejemplo en la fiesta de matrimonio de Mancuso, son testimonios de gente que estuvo en la fiesta. Y de las personas que estaban en el aeropuerto y que conocen la finca Puerto Amor. Lo que se muestra en la crónica es que ocurrió un gran acontecimiento social de mucho impacto. Todo el mundo preguntaba quién va a ir o no a la fiesta. Lo único curioso es que el periódico local no difundió nada, se prohibieron las fotografías. Nos enteramos, al finalizar el libro que eran mil invitados pero solo fueron 200. Hubo una imagen macondiana de camiones descargando el hielo que sobró de la fiesta en el mar, pero eso no aparece registrado en el libro.

I.C.: Todos y cada uno de los hechos que están registrados tienen varias fuentes y están documentados. Se podrá decir del libro cualquier cosa pero no se puede negar la evidencia de los hechos, de la realidad que se narra. No hay un relato imaginado ni suposiciones ni intuiciones. Cada una de las palabras está soportada.




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