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NO ES COMÚN QUE EL VOTO en blanco logre la mayoría en una elección. No obstante, el domingo de elecciones, más de millón y medio de colombianos votaron de esa manera en el tarjetón del Parlamento Andino. Esta cifra fue la más alta, seguida por la del Partido de la U que sacó 1.200.000 votos. Era la primera vez que se elegía por medio de sufragio universal a los cinco representantes de este órgano creado en 1979 por los países que hacían parte de la Comunidad Andina de Naciones (CAN): Colombia, Venezuela, Bolivia, Perú, Ecuador y Chile.
Ante los sorprendentes resultados, se alzaron voces de expertos juristas que exigieron repetir los comicios. No en vano, la reforma política de 2009 afirma que debe repetirse cualquier votación por una sola vez cuando los votos en blanco sean más que el total de los válidos. A esto hay que sumarle que, cuando gana el voto en blanco, deben presentarse candidatos nuevos y que sólo podrán volver a presentarse los partidos que pasaron el umbral. “Es claro que el voto en blanco les ganó a otras listas. Eso obliga a repetir el proceso”, dice el constitucionalista Jaime Castro.
Con esta teoría no está de acuerdo el presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE), Marco Emilio Hincapié, para quien los votos válidos para los partidos fueron mayoría. Dice además que no es claro que los votos en blanco hayan sido depositados para protestar y no por falta de conocimiento.
Pero más allá de la legitimidad de los resultados, la pregunta es qué tan importante es que Colombia siga haciendo parte de un Parlamento que no les dice nada a los ciudadanos; que es desconocido por la mayoría; que es criticado por ser un ente burocrático y poca útil y, por sobre todo, que parece no representar a nada ni a nadie.
Al fin y al cabo, desde que Venezuela abandonó la CAN en 2006, la comunidad –que teóricamente tiene su voz en el Parlamento Andino– está prácticamente muerta. Así pues, antes de esa fecha, Colombia y Venezuela eran los motores de más del 70 por ciento de su actividad comercial. Incluso expertos de Chile, país asociado a la CAN, han insistido en que para ese país sería mejor tener un TLC con Colombia que pertenecer a esta comunidad. Además otras organizaciones como Unasur, el Grupo de Río e incluso el Alba lo han reducido a su mínima expresión.
Y es que el Parlamento, compuesto por cinco representantes de cada país, se reúne ocho veces al año en Bogotá y no tiene poder de tomar decisiones vinculantes sobre los sucesos andinos.
A todo lo anterior se suman sus millonarios costos, en los cuales Colombia lleva las de perder. Los países miembros deben aportar una suma anual de 50.000 dólares, pero Colombia, por ser sede, aporta una cuota extraordinaria de 500.000 dólares y financia un centro de altos estudios andinos, que cuesta 400.000 dólares anuales. Como si lo anterior fuera poco, desde 2007 se cambió el modo de elegir el Parlamento. Anteriormente, hacían parte de ese órgano senadores de la República designados para ello por el Congreso. Ahora, los parlamentarios andinos elegidos popularmente devengarán 22 millones de pesos mensuales, con derecho a un esquema de seguridad, un equipo de colaboradores y gastos de representación. Esto implica para Colombia 1.500 millones de pesos al año que no tenía que pagar antes.
Rubén Vélez, secretario general del Parlamento, defiende su entidad. Dice que el objetivo del Parlamento Andino es parecerse cada vez más al Europeo, que tiene capacidad de colegislar y tomar decisiones regionales. Muy noble y hasta utópico propósito porque, por ahora, la región está muy lejos de ese escenario de integración a la europea.
Lo que ocurrió en las elecciones del 14 de marzo obliga a replantear la utilidad de ese costosísimo congreso para ángeles que no ha tomado ninguna decisión importante para la vida de sus países miembros, que se ha desdibujado con la creación de otros organismo regionales (Mercosur, Unasur, Alba, etcétera) y que ni siquiera ha servido para estrechar los lazos en momentos de crisis con los países vecinos. Pero, eso sí, es una vena abierta para el limitado presupuesto nacional.
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